OPINIÓN: Los entretelones de las relaciones entre México y Cuba

Ante el nuevo panorama entre ambos países, ¿qué se espera del encuentro que empieza este jueves entre los mandatarios?
El papa y la relación Cuba-EU
Autor: Rina Mussali | Otra fuente: 1

Nota del editor: Rina Mussali es analista, internacionalista y conductora de Vértice Internacional y de la serie 2015: Elecciones en el Mundo, en el Canal del Congreso. Síguela en su cuenta de Twitter: @RinaMussali

(CNNMéxico)— Raúl Castro realiza su primera visita de Estado a México desde que asumió la presidencia cubana en 2006 y 13 años después de la desafortunada crisis diplomática del famoso “comes y te vas”, cuyos principales protagonistas fueron Fidel Castro y Vicente Fox –y de manera indirecta el presidente de Estados Unidos, George W. Bush- tras la Conferencia Internacional sobre Financiamiento al Desarrollo celebrada en Monterrey.

Con relaciones diplomáticas ininterrumpidas entre México y Cuba durante más de 110 años, vale la pena preguntarse ¿cuál es el pulso de la relación actual bajo los determinantes históricos y los giros geopolíticos que han volcado la relación bilateral?

Las gentilezas y distinciones de la política exterior de México hacia Cuba encuentran pivote en el nacionalismo revolucionario del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el partido que supo aprovechar el triunfo de la Revolución Cubana de 1959 como un punto de inflexión en la relación bilateral, el entramado de vínculos que fue mucho más cuidado que otros debido a que un tercer actor interactuaba en las mutuas relaciones: Estados Unidos.

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De esta manera México y Cuba establecieron una relación singular que tenía como dedicatoria sacar tajada de la todavía superpotencia mundial. Mientras que México encontró en Cuba una carta útil para sortear con mayor independencia su relación con Washington, La Habana encontró en México un respaldo político para contener la presión de la Casa Blanca.

Recordemos que en plena Guerra Fría, Cuba fue expulsada de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en 1962 y México se opuso a la exclusión articulada en Punta del Este al mismo tiempo que se negó a romper relaciones diplomáticas con la isla, a diferencia de la mayoría de los países latinoamericanos.

Incluso, un nuevo ingrediente del acuerdo tácito entre México y La Habana se dejaba notar: Fidel Castro renunció a su aspiración de financiar guerrillas izquierdistas en México a diferencia de lo que acontecía en otras latitudes de Centroamérica y Latinoamérica.

En este juego de transacciones, México privilegió una política soberanista y basada en el principio de la no intervención, el escudo que le permitió al PRI esquivar los cuestionamientos en torno a la falta de libertades y valores democráticos del único régimen comunista de América Latina. 

El acomodo de las relaciones México-Cuba pronto sufrió una estela de tensiones por los sobresaltos geopolíticos que cambiaron las relaciones entre el Este y Oeste. El fin de la Guerra Fría y la caída de la exURSS desinflaron el posicionamiento estratégico de Cuba y obligaron a que México aceptara su destino manifiesto dictado por la geografía.

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Justamente tres años después de la caída de la Unión Soviética, México firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Estados Unidos y Canadá y nueve años posteriores se inauguró la alternancia en México con la llegada de Vicente Fox, el presidente que  imprimió un cambio de enfoque en la política exterior hacia Cuba privilegiando la democracia y el respeto a los derechos humanos.

De esta manera, los descalabros de la relación México-Cuba se ampliaron con los gobiernos panistas, aquellos que rompieron el acuerdo tácito del principio de la no intervención cuando sus líderes se encontraban con los disidentes cubanos. Aunque el PRI también visitó a líderes opositores durante los sexenios de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, el voto mexicano a favor de las resoluciones sobre Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra fue el otro roce que marcó el enfriamiento bilateral.

No olvidemos que en 2004, se dio el punto más bajo de las relaciones cuando hubo retiro de embajadores y se evitó la ruptura oficial.

El encarrilamiento de las relaciones bilaterales

La vuelta del PRI a los Pinos fue leída e interpretada con mucho entusiasmo por parte de La Habana después de la pérdida de confianza ocasionada por los 12 años de gobiernos panistas. La llegada de Enrique Peña Nieto prometía un nuevo impulso a la relación bilateral.

Con un escenario regional e internacional completamente distinto ¿se optaría por retornar a la vieja ecuación priista-castrista omitiendo el paquete ideológico o por el contrario se diseñaría un nuevo entendimiento transformador de la relación bilateral?

Con la actualización del modelo socialista y el entramado de reformas económicas en Cuba, el gobierno de Peña Nieto trazó los ingredientes para abrir una nueva etapa de la relación bilateral que estaría determinada por la lógica económica, comercial y de inversiones.

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La prioridad está puesta en los negocios y en la apertura de espacios a las empresas mexicanas y no en la voluntad de abrir un nuevo ciclo de diálogo que incluya los cambios políticos en la isla.

El tema espinoso de los derechos humanos no figura dentro de las nuevas coordenadas bilaterales ni los cuestionamientos antidemocráticos. No olvidemos que durante la visita de Peña Nieto a La Habana el presidente omitió reunirse con la disidencia, presos de conciencia o damas de blanco, las voces críticas que siguen luchando contra de los muros vitalicios del poder.

Como carta de transacción y gesto de buena voluntad para encarrilar las relaciones bilaterales y sacudir el hielo prevaleciente con La Habana, los hermanos Castro recibieron la condonación por parte de México del 70% de la deuda contraída con nuestro país, una respuesta que evadió el crecimiento económico conformista de México y las nuevas ataduras de la reforma fiscal.

El sello mítico de las relaciones México-Cuba ha llegado a su fin. De nueva cuenta son los sobresaltos geopolíticos los que marcan el rumbo de las relaciones bilaterales: la reconciliación histórica entre Washington y La Habana está profundamente relacionada con la crisis de Venezuela y la muerte de Hugo Chávez y la caída de los precios internacionales del petróleo, aunado a la redefinición de los bloques comerciales mundiales a través del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP), la carta estratégica para contener a China.

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Ante estos gigantescos cambios, México ofrece la diminuta respuesta del pragmatismo económico hacia Cuba.

Las opiniones expresadas en este texto pertenecen exclusivamente a Rina Mussali.

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