Colombia: los nudos de la paz

El acuerdo de paz entre las FARC y el Estado colombiano se demorará, dice Rina Mussali; el desafío ha sido alcanzar un acuerdo sobre la reparación de víctimas y el proceso de justicia.
El presidente de Colombia Juan Manuel Santos (izquierda), el mandatario cubano Raúl Castro y el jefe de las Farc Timoleón Jiménez. /
El presidente de Colombia Juan Manuel Santos (izquierda), el  El presidente de Colombia Juan Manuel Santos (izquierda), el mandatario cubano Raúl Castro y el jefe de las Farc Timoleón Jiménez. /  (Foto: Reuters)
CIUDAD DE MÉXICO -

Fue el 23 de septiembre de 2015 cuando Juan Manuel Santos, presidente de Colombia y Rodrigo Londoño Timoshenko, líder de las FARC, fijaron seis meses como fecha límite para firmar un acuerdo de paz, el compromiso sellado con un apretón de manos en presencia del mediador y anfitrión cubano, Raúl Castro.

A partir de ese momento, los ojos del mundo monitoreaban el cronómetro que corría con rapidez hacia el 23 de marzo de 2016, no así compaginados los progresos de paz que se acompañaban de frenos e impedimentos. La paz llegará, pero no en el plazo acordado.

Los intentos de paz entre la guerrilla de las FARC y el Estado colombiano ha tenido múltiples arquitectos: expresidentes como Julio César Turbay, Belisario Betancur, Virgilio Barco, César Gaviria, Ernesto Samper y Andrés Pastrana le apostaron a una paz que nunca se firmó, pero vale la pena preguntarse en esta ocasión ¿cómo está el cóctel de ingredientes internos y externos que permitirán la firma de los acuerdos de paz en el 2016?

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Las coordenadas regionales y los cambios en la geopolítica global han sido factores determinantes en este juego de venias y concesiones: la muerte de Hugo Chávez, el derrumbe de una Venezuela próspera junto con el debilitamiento de los países del ALBA y su diplomacia petrolera ejercieron una presión definitiva para encorvar a la guerrilla.

Incluso, la reconciliación histórica entre Washington y La Habana los obligó a cambiar de estrategia y comportamiento.

Después de medio siglo de conflicto armado y de haber invertido en una política de contrainsurgencia sin claros ganadores, el gobierno de Juan Manuel Santos decidió iniciar negociaciones con la guerrilla en 2012 y saldar cuentas para un conflicto que arrojó 263,000 muertos, 45,000 desaparecidos, 39,000 secuestrados y 6.6 millones de desplazados, -Colombia el segundo país con mayor número de desplazados después de Afganistán-, según cifras de Amnistía Internacional.

Fue en los primeros años de negociaciones que se llegaron a acuerdos sobre la política de tierras y desarrollo agrario, la eventual participación de las FARC en política, su reintegración a la vida civil y el cese del narcotráfico como principal actividad de financiamiento.

Sin embargo, el mayor desafío ha sido alcanzar un acuerdo sobre la reparación de víctimas y el proceso de justicia transicional, así como la ratificación y verificación del acuerdo, otro punto que ha generado visiones discrepantes. Mientras que el gobierno de Juan Manuel Santos busca impulsar un plebiscito, las FARC pretenden refrendar los acuerdos a través de una Asamblea Nacional Constituyente.

Los toques ácidos de la paz

Colombia ha vivido polarizada por la guerra, pero hoy la división se genera por una paz que no deja contentos a todos. Hay que reconocer las responsabilidades de toda una gama de actores como el Estado, ejército, policía, paramilitares, empresarios, guerrilleros y los grupos de sombra que se beneficiaron de la violencia y negocio de la guerra civil.

Como punto neurálgico se encuentran los temas alrededor de la justicia que no han generado consenso entre los colombianos. ¿Una paz con impunidad y sin justicia penal es mejor que la ausencia de un acuerdo de paz?

Para las organizaciones defensoras de los derechos humanos, los secuestrados y víctimas de la guerrilla este punto es inadmisible, pues los asesinatos, secuestros, homicidios, desapariciones forzadas, reclutamientos de menores de edad y violaciones a mujeres por parte de la guerrilla son delitos que deben ser castigados bajo estándares internacionales, difíciles de compensar con trabajo comunitario, tal y como lo propone el gobierno de Juan Manuel Santos.

De igual manera, el camino de la paz sigue haciendo estragos porque muchos colombianos difieren de las formas y se muestran en contra de que los guerrilleros puedan acceder a la política.

Aunque se deben guardar las proporciones para cada caso, recordemos que Dilma Rousseff, Pepe Mujica y Daniel Ortega pasaron de guerrilleros a presidentes en Brasil, Uruguay y Nicaragua. Precisamente, América Latina ha sido ejemplo de cómo los exguerrilleros han accedido al poder a través de la competencia en el poder.

En la recta final de la reconciliación han surgido otros asuntos que han levantado temores y suspicacias. El tema decisivo del desarme o lo que se ha llamado la “dejación de armas” que se sigue discutiendo en La Habana y que obtendrá el apoyo de Washington a través del Plan Colombia para la Paz.

El proceso de desarme es clave porque permitirá que el Estado asuma el control del territorio que antes estaban en manos de la guerrilla, uno de los vectores que guiaron la visita de Juan Manuel Santos a Washington en febrero del 2016, a propósito de la conmemoración de los 15 años del Plan Colombia.

Asimismo, con EU se discuten otro puntos sensibles como la salida de las FARC de la lista de organizaciones terroristas y el pedido de liberación de Simón Trinidad, un guerrillero de las FARC que se encuentra encarcelado en Colorado.

Seguramente el 2016, será el año de la paz en Colombia, pero el proceso quedaría incompleto si los diálogos exploratorios con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) no tomaran mayor revuelo. Hasta ahora los hechos muestran un atascamiento en las negociaciones y el recrudecimiento de la violencia.

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Los avances con el ELN, deberán recibir toda la presión y apoyo de la comunidad internacional en aras de negociar con la otra guerrilla, considerada la hermana menor de las FARC.

*Rina Mussali es internacionalista y conductora de Vértice Internacional, Elecciones en el mundo del Canal del Congreso.

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