OPINIÓN: Ayuda humanitaria, la mejor inversión que Estados Unidos puede hacer

Ante la propuesta de recorte de a la ayuda humanitaria en el exterior en EU, el dinero que se gasta en este rubro, al final es una inversión a largo plazo esencial para los estadounidenses.
Cuando la gente de los lugares más pobres del mundo tiene la oportunidad de mantener a su familia y de contribuir a su comunidad, es menos probable que recurra a la violencia.
Ayuda  Cuando la gente de los lugares más pobres del mundo tiene la oportunidad de mantener a su familia y de contribuir a su comunidad, es menos probable que recurra a la violencia.  (Foto: EFE)
Melinda Gates

Nota del editor: Melinda Gates es copresidenta de la Fundación Bill y Melinda Gates. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(CNN) — Una de las primeras lecciones que aprendimos cuando comenzamos con nuestra fundación nos hizo reflexionar: nuestros recursos son solo una gota en el mar comparados con las necesidades de personas de todo el mundo y es solo un pequeño porcentaje de lo que los gobiernos gastan cada año para satisfacer esas necesidades.

Es por eso que paso gran parte de mi tiempo visitando a funcionarios de todo el mundo para hablar de cómo podemos colaborar para atraer a otros donantes y para exhortar tanto a países desarrollados como en vías de desarrollo a lograr avances en contra de la pobreza, las enfermedades y la desigualdad.

También es una de las razones por las que me preocupa profundamente que la Casa Blanca haya anunciado que su propuesta de presupuesto incluye recortes a la asistencia para el exterior que amenazarían los avances mismo que muchos de nosotros nos esforzamos tanto por lograr.

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Las cifras nos indican que en una sola generación, los recursos de Estados Unidos y de otros países donadores han ayudado a combatir enfermedades infecciosas como la poliomielitis y el VIH/sida, además de fomentar una revolución en la supervivencia infantil que ha salvado a 122 millones de niños. El mundo ha reducido la pobreza extrema a la mitad y ha sentado las bases para que más personas de todo el mundo lleven vidas más largas, más sanas y de mejor calidad.

A pesar de todo, después de más de una década de dirigir nuestra fundación, estoy bien consciente de que administrar recursos finitos siempre exige tomar decisiones difíciles, así que entiendo por qué algunos estadounidenses se preguntan por qué los dólares del erario deben irse al extranjero cuando hay tantas necesidades en su país. Los hechos son los siguientes: menos del 1% del presupuesto federal estadounidense se destina a ayuda humanitaria y los dólares que se gastan en el extranjero también tienen beneficios para el país.

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Es por eso que, cuando la Casa Blanca anunció estos recortes, algunas de las protestas más fuertes no surgieron en el extranjero, sino en casa. Legisladores de ambos partidos, líderes militares estadounidenses retirados y líderes religiosos defendieron la ayuda humanitaria con el argumento de que no solo es lo correcto, sino que es vital para proteger los intereses estadounidenses. El dinero que Estados Unidos gasta en ayuda humanitaria es una inversión a largo plazo clave para los estadounidenses.

Tendré bien presentes estas cuestiones mientras represente a la fundación en unas charlas en Washington. Cuando Estados Unidos invierte en fortalecer los sistemas de salud en el extranjero, también ayuda a que sea menos probable que las epidemias letales lleguen a su territorio. Aunque la epidemia de ébola fue devastadora, la cifra de muertos habría sido mucho más catastrófica si la enfermedad no se hubiera contenido en Nigeria, punto de intersección mundial.

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Afortunadamente, esta vez los trabajadores sanitarios estaban en el terreno y se los pudo movilizar rápidamente para impedir que la enfermedad se propagara. Eran trabajadores financiados con recursos extranjeros. Al reducir esos recursos, nos arriesgamos a que cuando llegue la siguiente epidemia, no haya nadie que la contenga.

Invertir en la salud y el desarrollo mundial también sirve para que los estadounidenses estén a salvo. Cuando la gente de los lugares más pobres del mundo tiene la oportunidad de mantener a su familia y de contribuir a su comunidad, es menos probable que recurra a la violencia. Para citar tan solo un ejemplo, en los países que recibieron ayuda del Plan Presidencial de Emergencia para el Alivio del Sida, iniciativa que comenzó durante la presidencia de George W. Bush, ha habido grandes avances para reducir la inestabilidad política. La estabilidad en el extranjero incrementa la seguridad en Estados Unidos.

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Es más, al ayudar a los países a salir de la pobreza por sus propios medios, se crean mercados para los productos estadounidenses. Once de los quince principales compradores de mercancías estadounidenses recibieron ayuda de Estados Unidos, al igual que 43 de los principales 50 países consumidores de productos agrícolas estadounidenses. En vez de atrapar a los países en ciclos de dependencia, las inversiones inteligentes en ayuda humanitaria ayudan a los países a iniciar círculos virtuosos de crecimiento.

Otra de las inversiones estadounidenses que brinda enormes beneficios a la economía mundial son los anticonceptivos. Cuando las mujeres tienen acceso a las herramientas necesarias para planificar y espaciar sus embarazos, los resultados transforman a las sociedades. Tener una familia más pequeña se traduce en que las mujeres pueden trabajar mejor fuera de casa… y que las familias sean capaces de destinar más recursos a la atención médica, la nutrición y la educación de cada uno de sus hijos, con lo que mejoran las perspectivas para la mano de obra del mañana. Los anticonceptivos son sencillamente una de las mejores iniciativas contra la pobreza que se haya visto.

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Hemos visto que el progreso es posible, pero sabemos que no es inevitable. Si Estados Unidos implementa estos recortes a la ayuda humanitaria, quedará un vacío en el liderazgo moral del mundo y se reducirá el prestigio de Estados Unidos entre los países. Significará que millones de personas (y millones de niños) morirán de causas prevenibles ante nuestros ojos. Cada vez más hombres y mujeres caerán en la desesperación y en el extremismo peligroso y cada vez más personas de los países más pobres del mundo vivirán y morirán atrapados en la pobreza.

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Por todas estas razones, dedicaré esta semana a argumentar en Washington que si nos importa mantener a Estados Unidos sano, seguro y próspero, tenemos que dar prioridad a la ayuda humanitaria para el exterior. El costo de estos recortes es demasiado grande para nuestro país… y para nuestra conciencia.

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