OPINIÓN: ¿Por qué importa Davos en la era de las redes sociales?

Para el autor, el Foro Económico Mundial de Davos ha dejado de ser un estéril encuentro entre ricos y poderosos
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Davos1  (Foto: Getty, )
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Autor: David Jones | Otra fuente: 1

Nota del Editor: David Jones es el CEO global de Havas, un grupo internacional de servicios de publicidad y comunicación, cofundador de la organización global de caridad One Young World y autor de Who Cares Wins: Why Good Business is Better Business. Es uno de los Líderes Jóvenes Globales del Foro Económico Mundial.

Davos, Suiza (CNN) — Los críticos, tradicionalmente, han tenido un día de campo arremetiendo contra Davos como un evento en el que la élite viaja en sus jets privados para zamparse champán y darse palmaditas en la espalda los unos a los otros.

Un lugar en donde nunca ocurre algo de valor (excepto para los presentes). Y hace diez, o incluso quizá cinco años atrás, estaban en lo cierto.

Pero desde entonces, las empresas y los gobiernos han tenido un masivo llamado de atención. Y Davos se está convirtiendo en un evento muy distinto.

Las redes sociales han empoderado a la gente para responsabilizar a las empresas y a los líderes y para sancionar e incluso eliminar a aquellos que se comportan de manera incorrecta.

Ahora vivimos en la "era de los daños". Cada semana vemos un nuevo ejemplo de esto, desde BP  hasta News International, desde Walmart hasta Starbucks, desde la BBC hasta Foxconn y Libor.

Como el CEO de Unilever, Paul Polman, quien eligió el Foro Económico Mundial de 2010 como lugar para lanzar su plan para duplicar los ingresos de Unilever a la par de reducir a la mitad sus emisiones de carbono, y quien dijo en una entrevista reciente: "El consumidor puede identificar a las empresas responsables y a las empresas menos responsables. La presión es mayor, pero si cumples serás más recompensado".

El nuevo precio de hacerlo bien es haciendo bien, y Polman parece tener la prueba. "Unilever tiene ahora una de las tasas de crecimiento más rápidas", dijo. "Acabamos de pasar la barrera de los 50 mil millones de euros, desde el 2011 hemos creado una Heinz o una sopa Campbell en mayores volúmenes sin afectar el resultado final".

El CEO  de Barclays, Antony Jenkins, es otro líder que comprende tanto los desafíos de operar en esta era de transparencia radical, como el poder de las redes sociales. En la cumbre de One Young World, en octubre, comentó a los delegados presentes acerca de la pantalla que tiene en su oficina, la cual despliega los tuits sobre Barclays. El día que salió a la luz el escándalo de Libor, Jenkins dijo que esta se transformó en un torrente de ira, demasiado rápido como para que pudiera seguirla.

La semana pasada, le escribió a los 140,000 empleados de Barclays, diciéndoles: "Las reglas han cambiado". Dio a conocer un nuevo enfoque para la empresa, en donde el personal será evaluado respecto a la adhesión a un conjunto de valores que definen el propósito general de Barclays en la sociedad.

Tanto Jenkins como Polman son dos grandes ejemplos de lo que llamo "capitalistas de sangre verde". Líderes que apasionadamente creen en que el poder de los negocios es una fuerza para el bien.

Ambos asistirán esta semana a Davos para impulsar sus misiones, junto con muchos otros CEO, quienes entienden que, lejos de hallarse en un lugar para esconderse, estarán bajo más escrutinio que nunca.

En un nivel simple, en el siglo pasado las organizaciones no gubernamentales y las organizaciones caritativas tenían buenas intenciones, aunque no siempre una buena ejecución. Las empresas tuvieron una gran ejecución, aunque no siempre buenas intenciones.

Este siglo tiene que ser de, y puede ser, de buenas intenciones y buena ejecución.

Las empresas pueden ser una gran fuerza, de hecho, la principal fuerza para impulsar un cambio positivo en el mundo. Y Davos, con su capacidad única para reunir a las organizaciones no gubernamentales y las empresas, puede jugar un papel importante en esta transformación.

Pero al final del día, las acciones hablan más que las palabras. Y todos los que asistimos deberíamos tener eso en mente.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a David Jones.

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