El Sistema de Alerta Sísmica busca salvar vidas con ampliación de su red

Con la instalación de 64 estaciones, y planes para instalar una docena más, el sistema cubre gran parte de las regiones sismicas del país
Un sismo de 5.3 grados en la Ciudad de México
| Otra fuente: CNNMéxico
(CNNMéxico) -

Con el fin de prevenir a la Ciudad de México sobre los efectos de un sismo de gran magnitud, el sistema de alerta sísmica amplió la red de sensores a los estados de Michoacán, Jalisco, Colima, y Puebla entre 2010 y 2012, que se unieron a los instalados en Guerrero y Oaxaca, por lo que ahora cubre la mayor parte del país susceptible a temblores.

Los planes de ampliar este red de sensores se aceleraron tras el terremoto de magnitud 9.1 ocurrido en Japón, y ahora la alerta sísmica es recibida no sólo en la Ciudad de México y Oaxaca, sino también en Acapulco, Chilpancingo, Toluca, Puebla, Morelia, Manzanillo y Guadalajara.

La alerta es desarrollada y mantenida por el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES), –asociación civil creada en 1986 que depende de la Dirección de Obras del Gobierno del DF- el cual surgió tras el terremoto de 8.1 grados de 1985 que trajo consigo un enorme desastre en la capital, y que obligó a replantear la cultura de la protección civil.

Los científicos detectaron desde entonces un gran riesgo en una zona de Guerrero, entre Acapulco y los límites con Michoacán, que no se ha movido en años, y donde se espera que ocurra un evento sísmico de gran magnitud.

"Hay mucho esfuerzo de diferentes científicos y autoridades para tener ciertos preparativos que mitiguen un efecto severo de algún terremoto de esa región", afirma Juan Manuel Espinosa, director del CIRES, en entrevista con CNNMéxico.

Con el apoyo del gobierno de la Ciudad de México, el CIRES primero instaló 12 sensores, desde Zihuatanejo a Punta Maldonado, Guerrero, lo que permitió que en 1991 comenzara a funcionar el Sistema de Alerta Sísmica (SAS).

El sistema, pionero en su tipo, tuvo que forjar su reputación en base a ensayo y error, según Espinosa. Aunque en 1991 comenzó a operar, no fue hasta 1995 que el sistema "pasó la prueba".

El 14 de septiembre de ese año, el SAS anticipó por 72 segundos la llegada de los efectos de un sismo de magnitud 7.3 con epicentro en Copala, Guerrero, a solo cinco días de que se cumplieran 10 años del trágico terremoto de 1985.

Tras el éxito en Guerrero, en 1999 el gobierno de Oaxaca firmó un convenio con el CIRES para instalar en el estado una red de alerta sísmica, pero ambas redes operaron por separado hasta el 11 de abril de 2012, cuando fueron integradas.

En 2010, el terremoto de magnitud 9.1 que causó un devastador tsunami en Japón, aceleró  los planes del gobierno de la capital del país para ampliar el sistema de alertamiento.

"Japón enseñó muchas cosas que no se pensaba que podría ocurrir: el hecho de que una brecha falle y arrastre a otras, y genere un sismo compuesto", sostiene Espinosa.

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Por ello, se instalaron las 64 estaciones sísmicas en Jalisco, Colima, Michoacán, y Puebla, así como varias más en Guerrero, y está en planes incluir estaciones Chiapas y en Veracruz.

Cuando un sismo de magnitud importante es detectado por varias estaciones, las alertas se disparan en no más de tres segundos.

Si el sismo en desarrollo es estimado con una magnitud de entre 5 y 6, se envía una alerta preventiva, que es recibida por usuarios como el Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México, pero cuando es mayor a 6, se envía una alerta pública, que es transmitida por radio y televisión.

La cantidad de segundos para prepararse para el sismo depende del lugar donde este ocurra, pero van desde 20 hasta 78 segundos.

El 20 de marzo de 2012, el sistema anticipó con 78 segundos la llegada de los efectos fuertes de un sismo de magnitud 7.3 con epicentro en los límites de Oaxaca y Guerrero, mientras que el pasado 16 de junio, un sismo de magnitud 5.8 ocurrido en el norte de Guerrero disparó las alertas, pero por su cercanía solo ofreció a la Ciudad de México 24 segundos para prepararse.

Para Espinosa, "la eficacia del sistema no se mide por el hecho de que suene la alerta, sino que se medirá por las vidas que se logren salvar".

"Tenemos que dejar claro que no estamos deseando que haya un terremoto, un fenómeno que ocurre sorpresivamente, pero el éxito de salvar la vida, que es lo que persigue un sistema de alerta, depende de saber qué hacer", sostiene el investigador.

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