La guerra por la conservación de los elefantes africanos

Los guardabosques de un parque nacional en Chad se preparan y arriesgan sus vidas para proteger a las manadas de elefantes
Elefantes parque Zakouma
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Autor: Ingrid Formanek y Nick Thompson | Otra fuente: CNN

"La conservación es la guerra", dicen, y eso no queda más claro que en el Parque Nacional de Zakouma.

Todos los días, en este remoto refugio de la vida silvestre en la región de Salamat, en el sureste de Chad, los guardabosques arriesgan la vida para proteger a los elefantes que han logrado sobrevivir a las masacres de los cazadores furtivos a lo largo de la última década.

Mientras sube el calor, por la mañana, los llamados de las aves se interrumpen por los disparos que retumban en la maleza. Es un grupo de guardabosques de élite que entrena en un polígono de tiro para afinar sus habilidades de combate.

Vestidos con un uniforme de camuflaje del color de la maleza y con la cabeza envuelta en la tradicional pañoleta para protegerse del sol y la arena, unas dos docenas de guardabosques reciben adiestramiento especializado para combatir a los cazadores furtivos.

Se trata del equipo Mamba, la unidad de respuesta inmediata del parque.

Preparen, apunten, fuego

"¡En formación! ¡Preparen! ¡Fuego!", grita Patrick Duboscq, agente de policía francés retirado que adiestra a los guardabosques de Zakouma.

Un puñado de hombres se coloca pecho tierra, apunta y dispara sus pistolas Glock hacia unos blancos distantes. Saltan, corren y vuelven a disparar de pie; repiten el procedimiento con unos rifles Kalashnikov.

Duboscq es voluntario y dirige al equipo Mamba en su misión. Su pasión por los elefantes, la conservación y los parques lo trae de regreso cada año para mantener en forma a las tropas de Zakouma… y a los animales a salvo.

Duboscq guía a los hombres con un grito de guerra por Zakouma. El resto del entrenamiento es algo serio. Son capaces de enfrentar a cazadores furtivos armados, manejar rifles de francotirador y enzarzarse en un tiroteo. Están entrenados para hacer arrestos, procedimientos judiciales y presentar pruebas en el tribunal.

Un juego letal

Hay mucho que aprender, pero es necesario para combatir la grave amenaza que representan los cazadores furtivos. Las bandas delictivas organizadas, las mafias del tráfico internacional y los grupos terroristas suelen estar detrás de las misiones de caza furtiva y brindan el entrenamiento y las armas sofisticadas para llevar a cabo la masacre.

"Claro que es peligroso", dice Ahman Assilek, miembro del equipo Mamba. "Pero lo hacemos porque es nuestro patrimonio nacional… por eso estamos dispuestos a morir".

Estos hombres arriesgan mucho. En el grupo de entrenamiento de hoy hay hombres que perdieron a sus padres cuando una unidad anticaza furtiva de seis hombres sucumbió a las afueras del parque en septiembre de 2012, durante las oraciones matutinas.

Se sospecha que el ataque fue en represalia por la captura de un grupo de cazadores que había matado a seis elefantes el mes anterior al norte del parque. Según el personal del parque, en el ataque contra el campamento de cazadores encontraron teléfonos satelitales, cargadores solares, sellos de permisos e insignias del Ejército sudanés y 1,500 balas.

Los cazadores no eran oportunistas amateurs. Estaban bien equipados para masacrar a los elefantes por su marfil… y para matar a quien tratara de detenerlos.

Desde 1998 han muerto 23 guardias de Zakouma cumpliendo con su deber.

Nueva administración

El gerente del parque, Rian Labuschagne, entiende el peligro que enfrentan Zakouma y su personal. Junto con su esposa, Lorna Labuschagne, el conservacionista recibió en 2010 la misión de salvaguardar a las manadas de elefantes que quedaban; en ese entonces, African Parks, una organización sudafricana no lucrativa tomó la administración del parque luego de una década de matanzas indiscriminadas de elefantes.

Antes de que los Labuschagne y African Parks tomaran las riendas de la zona de más de 3,000 kilómetros cuadrados, el territorio había sufrido graves pérdidas.

Se estima que en 2002 vivían unos 4,300 elefantes en Zakouma. Una década después, esa cifra se había desplomado en un 90% y la mayoría de los elefantes había muerto a manos de los cazadores furtivos por su marfil. Los elefantes estaban en riesgo de desaparecer.

Hoy en día, unos 450 elefantes viven en Zakouma; son alrededor de la mitad de la población de elefantes de Chad, de acuerdo con el gerente de operaciones del parque, Darren Potgieter. No es nada comparado con los 50,000 elefantes que paseaban por las sabanas y los matorrales del país hace 50 años.

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Las estadísticas de la región son igualmente preocupantes. Potgieter dice que apenas en 1970, 300,000 elefantes vagaban en una zona de poco menos de 700,000 kilómetros cuadrados que abarcaba el sur de Chad, el este de República Centroafricana, el suroeste de Sudán y el noreste de la República Democrática del Congo. Hoy, solo quedan unas cuantas poblaciones aisladas y siguen amenazadas.

Este no es uno de los lugares más prósperos del mundo: cada uno de estos países ha vivido prolongadas guerras y su población se ha empobrecido.

La caza furtiva, la reducción de los hábitats, el conflicto entre humanos y animales, la guerra y la aparentemente insaciable avidez de marfil en Asia, particularmente en China, han contribuido a la desaparición de las poblaciones de elefantes y otras especies. Zakouma no es la excepción.

Las cosas cambian

Por eso, los Labuschagne, junto con el personal de African Parks y los voluntarios, se dispusieron a revertir las desoladoras estadísticas de Zakouma que eclipsaban a las peores tendencias de desaparición de poblaciones de elefantes en gran parte del continente africano.

Durante varios años, el temor constante de que los cazaran y los mataran estresó tanto a los elefantes que no podían reproducirse. Para finales de 2011, Zakouma empezó a notar un cambio radical. Desde entonces no se han cazado elefantes en el parque ni se ha extraído marfil del parque en cinco años.

La manada ha recibido a más de 40 crías desde finales de 2013. Los nacimientos son un paso importante para cumplir la meta de aumentar el tamaño de la manada a más de mil ejemplares a lo largo de la próxima década.

Los logros de los años pasados se obtuvieron con gran esfuerzo. No solo los animales se han beneficiado, sino también la gente que vive cerca de allí.

Las comunidades cercanas a Zakouma tienen interés en ganar la batalla contra los cazadores. No solo ha representado trabajos bien remunerados como guardias, guardabosques y personal de apoyo, sino que las patrullas en la periferia del parque también representan seguridad para las aldeas aledañas y los nómadas.

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Rastreo las 24 horas

Incluso hay un número gratuito para llamar si se tienen inquietudes sobre la seguridad de los elefantes o la gente y muchos pueblos tienen radios para conectarse con el centro neurálgico del parque, una sala de operaciones estilo militar que funciona las 24 horas y cuenta con radios, computadoras y rastreo de las manadas de elefantes casi en tiempo real.

Mientras Potgieter nos da un recorrido por el centro de mando, en el radio suenan constantemente las comunicaciones de los equipos de guardias que están en el terreno. En las computadoras y los mapas se ilustra la localización de los grupos de elefantes. "Tenemos 11 collares en tantos grupos familiares como es posible", explica Potgieter mientras señala las marcas negras en un mapa en el que se ven las posiciones de los elefantes. Los collares satelitales permiten la vigilancia y la protección y siempre hay una unidad de guardias a unos cuantos kilómetros de las manadas.

A finales de febrero colocaron otros collares satelitales a cuatro elefantes más. En una de las operaciones de colocación, Potgieter sobrevoló en una avioneta Cessna para guiar al equipo de Labuschagne por kilómetros de matorral y pastizales altos hasta llegar a un bosque de acacias. Era mediodía y los elefantes estaban un poco más adormecidos por el calor abrasador. Tal vez se sienten más seguros en este bosque de árboles espinosos, aparentemente inhóspito. Pero es difícil rastrearlos en este terreno áspero.

El legendario veterinario y consultor del parque, Pete Morkel, viajó a Chad desde el sur de África en su misión anual para ayudar con la colocación de los collares. Luego de preparar los fármacos necesarios y la pistola de tranquilizantes, Morkel y Rian Labuschagne partieron a pie para acercarse a la manada de 90 ejemplares. Ambos trabajaron en silencio, comunicándose con gestos que bastaban para un dúo que había hecho esto antes.

Se podía ver a unas cuantas hembras grandes a través de una brecha entre las densas acacias mientras sacudían sus orejas para refrescarse. Morkel observó y esperó a que llegara un ejemplar adecuado para sedarlo y quiso evitar que fuera una madre con su cría. Unos minutos después, apuntó y disparó un dardo hacia uno de los elefantes.

Un elefante barritó la alarma y la manada se dispersó rápidamente en el laberinto de espinas.

Morkel y Labuschagne se acercaron a la hembra joven que ahora yacía sobre un costado. Los hombres, seguidos por el resto del equipo, se dispusieron a trabajar deprisa y colocaron el collar mientras vertían agua sobre la elefanta sedada para mantenerla fresca. Lorna Labuschagne sostuvo el extremo de su trompa para permitir que la elefanta respirara sin problemas.

Mientras el equipo ajustaba el collar, Morkel trató una vieja herida supurante en la pata delantera derecha de la elefanta. Supuso que la había sufrido durante una balacera en los días en los que la caza furtiva en el parque estaba fuera de control. Tal vez la elefanta tuvo suerte de que la sedaran ese día.

Rian Labuschagne dice que la colocación de collares no solo es necesaria para rastrear y proteger a los elefantes, sino que es el objetivo principal de la operación.

¿El éxito de Zakouma será contagioso?

El éxito en Zakouma y sus alrededores no ha pasado desapercibido para el presidente de Chad y defensor de la conservación, Idriss Deby, quien pidió a African Parks que creara un programa de protección de elefantes para todo el país.

De conformidad con su Plan Nacional para la Protección de los Elefantes, Chad quemó sus reservas de marfil en 2014. Varios países africanos han hecho lo mismo con el fin de detener la caza y el tráfico ilegal de la lucrativa mercancía. Kenia incendió una pira de 15 toneladas de colmillos a principios de marzo de 2015 y Etiopía hizo lo propio dos semanas después.

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Sin embargo, revivir a la población de elefantes no es el único objetivo de Zakouma y African Parks.

Su administración de la zona silvestre se deja ver en la riqueza del ecosistema del lugar. Las manadas de búfalos se han recuperado, la población de elefantes va en aumento y casi la mitad de las jirafas de Kordofan del continente viven aquí, sin mencionar la gran variedad de especies de antílopes y aves.

Destaca por su ausencia en esta lista el rinoceronte negro, que se vio en Zakouma por última vez en 1972, según el Centro de Recursos sobre Rinocerontes. African Parks espera que en abril se reintroduzca la especie al parque. Cuando se le preguntó si esto llamaría la atención de los cazadores furtivos (los cuernos de rinoceronte se venden aún más caros que los colmillos de elefantes en el mercado negro), Potgieter respondió: "alguien tiene que dar el paso audaz y reintroducir al rinoceronte. La administración de parques conlleva muchas responsabilidades y muchos riesgos".

'Estos animales son nuestro legado'

No hay duda de que se necesitarán patrullas adicionales para satisfacer las nuevas demandas de protección.

Hasta ahora, African Parks y Zakouma han satisfecho esas demandas de seguridad y han enfrentado los desafíos, pero la batalla para proteger a algunas de las especies más icónicas del mundo aún no ha terminado.

Los guardias armados a caballo son un constante recordatorio de la batalla por proteger el parque. Los guardias se reforzaron con equipo nuevo, que incluye rifles de francotirador. Sin embargo, el factor económico que está en juego en esta lucha es considerable y las bandas de cazadores bien armados están subiendo las apuestas.

La presión sobre los animales no cederá y esta guerra continuará. Los guardias de Zakouma lo saben y están listos para pelear, aunque ello signifique la muerte.

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La razón es sencilla, dice Ahmat Assilek, miembro del equipo Mamba: "Los animales que ves son el legado para las generaciones futuras".

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