Depresión: nadie se salva

Por: Roberto Marmolejo

La ansiedad y otras enfermedades emocionales tienen una base emocional y otra biológica; con tratamientos adecuados puede superarse.

Mal de muchos...

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Pocos se salvan de la depresión.

“Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada 20 personas sufre depresión al menos una vez en su vida”, dice el doctor Carlos Caballero Álvarez, psiquiatra adscrito e investigador adjunto del Instituto de Neurociencias y Desarrollo Emocional.

En un estudio de 2005, el Instituto Nacional de Salud Pública reportó que 2 millones y medio de mujeres mayores de 18 años presentaron un evento depresivo en México, sólo un 27.2% había sido alguna vez diagnosticada como depresiva por un médico, y sólo un 7.9% había tomado medicamentos antidepresivos.

La ansiedad, por su parte, era en 2002 el padecimiento psiquiátrico que más sufren los mexicanos, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica.

Se calcula que unos 15 millones de personas en México han padecido alguna de las formas en que se presenta la ansiedad.

“Los dos más comunes: el trastorno de pánico y el trastorno de ansiedad generalizada”, puntualiza Caballero.

Reacciones naturales

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La tristeza, el miedo, el desánimo, la inquietud o el duelo son emociones humanas, sanas y normales como reacción ante situaciones adversas.

Lo que no es sano ni normal es la depresión o la ansiedad. Ambas son enfermedades con mecanismos cerebrales y síntomas específicos que ocasionan mucho sufrimiento en los pacientes y en su entorno.

Ambas tienen tratamientos farmacológicos efectivos, aunque primero hay que entender que no se trata de una “debilidad de carácter”, ni de un asunto de “echarle ganas”. Son verdaderas enfermedades.

¿Estoy en depresión?

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El Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos toma en cuenta las siguientes reacciones como síntomas de depresión:

• Estado de ánimo de tristeza persistente, ansiedad o “vacío”.

Pérdida de interés o placer en actividades que antes disfrutaba, incluso las relaciones sexuales.

• Inquietud, irritabilidad o llanto excesivo o repentino.

• Sentimientos de culpa, de no valer nada, de impotencia, desesperanza y pesimismo.

Dormir demasiado o muy poco, levantarse muy temprano en la mañana sin objetivo.

Pérdida de apetito o peso, o ingesta excesiva de comidas y aumento de peso.

• Disminución de energía, fatiga crónica, sensación de estar “en cámara lenta”.

• Pensamientos o intentos de muerte o suicidio.

• Dificultad para concentrarse, recordar o tomar decisiones.

• Síntomas físicos persistentes que no responden al tratamiento, como dolores de cabeza, trastornos digestivos (estreñimiento o diarrea, por ejemplo) y dolor crónico.

El organismo estadounidense aclara que si tres o más de los síntomas persisten por más de 2 semanas ininterrumpidas, o interfieren con el trabajo o la vida familiar, el paciente debe obtener una evaluación diagnóstica exhaustiva.

Ésta debe incluir un examen físico completo y una historia clínica familiar para descartar o confirmar el diagnóstico, porque puede confundirse  con otros padecimientos como la fibromialgia, que coincide con algunos de los síntomas.

Ansiedad, hasta cierto punto

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A diferencia de la ansiedad relativamente leve y transitoria causada por un evento estresante, como hablar en público o una primera cita amorosa, los trastornos de ansiedad duran por lo menos seis meses y pueden empeorar si no se tratan, advierte el Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos.

El organismo indica que los trastornos de ansiedad ocurren comúnmente junto con otras enfermedades mentales o físicas, incluyendo abuso del consumo de alcohol o sustancias, lo cual puede enmascarar los síntomas o empeorarlos. En algunos casos, las adicciones necesitan ser tratadas antes de que una persona pueda responder a un tratamiento para el trastorno de ansiedad.

“La ansiedad es un conjunto de manifestaciones psiquiátricas etiquetadas así, pero que incluyen el trastorno de pánico, el obsesivo compulsivo y de estrés postraumático; la fobia social y las fobias específicas y el trastorno de ansiedad generalizada”, explica el doctor Marco Antonio López Butrón, ex presidente de la Asociación Psiquiátrica Mexicana y del Consejo Mexicano de Psiquiatría.

Aunque cada trastorno de ansiedad tiene diferentes síntomas, todos se agrupan alrededor de un temor o pavor irracional y excesivo que rebasa al paciente.

El papel de las hormonas

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En el caso de las mujeres, además hay predisposición a la depresión por las distintas variaciones hormonales propias de su biología.

El Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos considera las siguientes etapas como periodos de mayor propensión a la depresión:

Menstruación: Los científicos investigan cómo el ciclo de altas y bajas en la concentración del estrógeno y otras hormonas puede afectar los procesos químicos del cerebro relacionados con trastornos depresivos.

Embarazo: Si es deseado, raramente propicia este trastorno y el aborto no parece precipitar su aparición. Con todo, la etapa de ser madre puede ser de alto riesgo para la depresión por el estrés y las exigencias que conlleva.

Puerperio: Conocida como “depresión posparto”. Estudios sugieren que las mujeres que la experimentan después del parto a menudo han tenido episodios previos de depresión.

Menopausia: Es un mito que el cese de los ciclos hormonales femeninos son causa de depresión. Según el Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos, las mujeres más propensas a sufrir de depresión en esta etapa son aquellas con un historial de episodios depresivos previos.

Tratamientos para la felicidad

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Algunos factores que afectan la condición de los pacientes deprimidos incluyen la falta de cuidado médico correcto.

“El promedio de tiempo para que una persona se atienda por depresión en México es de 14 años”, calcula Marco Antonio López Butrón.

La buena noticia es que existen medicamentos que alivian los síntomas de la depresión y la ansiedad de manera efectiva y segura.

Anteriormente, los antidepresivos eran peligrosos de usar y con muchos efectos secundarios. Ahora hay varios que además de efectivos, no causan otros malestares ni adicción.

Para tratar la ansiedad, los medicamentos más utilizados son las benzodiacepinas. Además, recientemente se presentó un estudio en el que se demostró que la pregabalina (una sustancia utilizada para el dolor neuropático y la fibromialgia) también funcionaba en pacientes con trastorno de ansiedad.

“La terapia para ambos padecimientos debe ser integral. Afortunadamente tenemos moléculas que ayudan a desaparecer los síntomas de la depresión y la ansiedad”, comenta López Butrón.

Más allá de las medicinas

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Además de medicamentos, López Butrón recomienda un tratamiento integral que puede incluir actividades que han demostrado su acción benéfica sobre los pacientes.

El ejercicio, el yoga y la meditación son tres de ellas.

Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos mencionan que el ejercicio regular, además de ayudar a controlar el peso, prevenir la diabetes o la hipertensión reduce las sensaciones depresivas y ansiosas.

El yoga y la meditación, al estimular la introspección y la tranquilidad mental, bajan la ansiedad, regulan la secreción de las hormonas del estrés y estimulan la secreción de endorfinas, las sustancias cerebrales del placer.

Para pedir orientación y ayuda profesional los pacientes pueden recurrir a la organización civil Voz Pro Salud Mental.

Enfermedades mentales en México

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En México, las enfermedades mentales afectan a una de cada cuatro familias y, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, al menos dos de cada 10 adolescentes tienen alguna alteración de este tipo.

El Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente considera el siguiente porcentaje de mexicanos afectados por enfermedades de tipo mental.

• 7% Depresión

• 7% Trastorno de pánico

• 1.6%  Trastorno bipolar

• 1% Esquizofrenia

• 1% Trastorno obsesivo compulsivo

Este panorama se agrava si se piensa que solamente hay 2,400 psiquiatras en el país, es decir, 2.7 especialistas por cada 100 mil habitantes, según datos del laboratorio Eli Lilly, que introdujo a México el medicamento Prozac hace ya 20 años.

¿Y los que no se deprimen? ¿Cómo hacen para lograrlo? El doctor López Butrón menciona dos claves:

• Han estructurado de tal manera su personalidad que resisten mejor las adversidades de la vida.

• No presentan la predisposición genética a la depresión y la ansiedad que pone en situación de mayor vulnerabilidad a las personas que sí sufren estos dos padecimientos psiquiátricos.