La búsqueda extrema de una madre por lograr tener una vida saludable

Por:
Amanda Enayati

Una madre que sobrevivió al cáncer busca cambiar los hábitos de consumo de su familia como una forma de prevenir enfermedades como la suya

¿Por qué me dio cancer?

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Sin Pie de Foto
Amanda Anayati  Sin Pie de Foto  (Foto: Cortesía Amanda Anayati)

Uno de los estragos más profundos de un reto de salud grave puede ser la necesidad de un paciente de controlar ciertos aspectos de su vida, con la esperanza de que dichos cambios afecten el desenlace de una enfermedad. Amanda Anayati, escritora, sobreviviente del cáncer y madre de dos hijos, refleja su nueva perspectiva (que algunos consideran obsesión) para lograr un estilo de vida más sano para ella y su familia.

Creo que los primeros años posteriores al diagnóstico del cáncer le pregunté a todo el que se cruzaba por mi camino, médicos, cirujanos, oncólogos, especialistas, enfermeras, camilleros y recepcionistas, y todos me respondían: "Simplemente no lo sé".

Intenté responder a la pregunta, como si la respuesta fuera a deshacer lo que ya había ocurrido, pero soy joven, no tengo antecedentes familiares, no tengo predisposición genética, ningún hábito de riesgo, nada. La enfermedad simplemente apareció un día como un huésped pesadilla, que nadie esperaba ni estaba feliz de ver.  

Entonces, ¿por qué me dio cáncer?

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cancer vida saludable
cancer vida saludable  cancer vida saludable  (Foto: Cortesía SXC)

Eventualmente, cuando todos eran muy buenos conmigo aunque estuvieran hartos de mí, la gente me saludaba con sonrisas planas y coros imaginarios de grillos en el trasfondo.

Pero esa gran pregunta sin respuesta no desaparece. Resuena incesantemente en tu cabeza, y te hace sospechar de cosas que apenas hace unos meses parecían inocentes. Te vuelve paranoico.

Comencé a investigar como si mi vida dependiera de ello, y quizás así es. Un día me encontré con una frase simple: el 40% de los cánceres se pueden prevenir con cambios simples en el estilo de vida. Fuente: la Organización Mundial de la Salud.

Descubrí que había mucho que no podía controlar en mi recuperación, pero sí podía controlar los cambios de ‘estilo de vida’.

Nada estaba a salvo de mi cólera potencial: los alimentos que consumía mi familia, los productos de belleza que usábamos, nuestros productos de limpieza, incluso las actividades que realizábamos.

Mi activismo tuvo repercusiones inesperadas en mi esposo y dos hijos: un bebé y una hija en preescolar. Se volvieron los beneficiarios (en ocasiones de mala gana) de mis nuevos modos.

Y así comenzó el viaje que comencé el día que se me diagnosticó la Gran C. Para algunos, soy una experta; para otros, una extremista arruinadora de infancias.

Lo que comemos (y lo que no)

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cancer vida saludable02  cancer vida saludable02  (Foto: Cortesía SXC)

“Conozco los panqués, los he comido, y usted, señor, no es un panqué”.

De niña leí una historieta en la que una niña va a dormir una noche y a la mañana siguiente despierta y todo en su mundo es distinto. Su familia, amigos, toda la gente en su cuidad, lucen y actúan de la misma forma, pero de cierta forma son distintos. Una parte profunda y esencial de ellos se desvaneció, y parecen ser réplicas sin alma de sí mismos.  

En cierta forma esto ocurrió con lo que comemos. No fue algo de la noche a la mañana, pero fue un pendiente cuesta abajo en la que fuimos cayendo cada vez más a medida que los ingredientes que considerábamos comida fueron eliminados uno tras otro, sólo para ser remplazados por sus aproximaciones Frankenstein. Quizás el alimento resultante lucía, olía y sabía igual, pero era una réplica sin alma.

En todos los ambientes deben fijarse límites, y en nuestra casa, las primeras líneas se fijaron contra los sospechosos comunes: azúcar excesiva, grasas malas, colorantes, conservadores y pesticidas.

La mujer que era famosa por pedir el menú de los postres antes del de la cena, que en una sentada se terminó cinco éclairs grandes, comenzó a monitorear la ingesta de azúcares refinados de su familia con el vigor de una dominatriz con un látigo.

Y no es nada fácil.

Un poco de azúcar no hace daño, ¿pero 68 kilos al año?

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cancer vida saludable03  cancer vida saludable03  (Foto: Cortesía SXC)

Enormes cantidades de azúcar con una docena de nombres distintos aparecen en todo: pan, galletas, sopa, mantequilla de maní, catsup, yogur, salsas, jugo, jamón…

Quizás piensas que un poco de azúcar no tiene nada de malo, y sí, un poco no lo tiene. Pero el estadounidense promedio consume entre 68 y 77 kilos de azúcar refinada al año, según el Departamento de Agricultura de ese país, en comparación con los 1.8 kilos que se consumían hace un siglo.

En 2010, México superó a Estados Unidos como el país con mayor sobrepeso en el mundo.

Este nivel de consumo de azúcar afecta nuestro cuerpo deprimiendo nuestro sistema inmunológico y alimentando la inflamación y el crecimiento del cáncer. Recuerda que las grasas trans son contribuyentes principales de enfermedades y obesidad.

¿Hace cuánto que no lees una etiqueta de un dulce? Muchos de sus ingredientes incluyen el nefasto contenido de jarabe de maíz alto en fructosa (ah, no, se supone que se llama azúcar de maíz, pero incluso con su lindo nombre los estudios muestran que promueve la obesidad, incluyendo aumentos significativos de grasa abdominal y triglicéridos circulantes) a tasas mucho mayores que el azúcar de mesa.

Los dulces están llenos de aceites hidrogenados y colorantes cancerígenos.

Los productos tratan de desviar tu atención de sus ingredientes

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cancer vida saludable 05  cancer vida saludable 05  (Foto: Cortesía SXC)

¿Sientes algún dilema moral cuando estás parado en medio del pasillo de dulces del supermercado antes de que lleguen los monstruitos a tocar a tu puerta en Halloween?

En ocasiones, hay que tomar una decisión entre comprar cosas costosas con ingredientes reconocibles, u optar por los experimentos químicos de precio razonable y nombres familiares.

Resulta que enseñar a los hijos sobre alimentos sanos es bastante complicado.

Lección 1: señuelos. Hermosas imágenes de personajes de caricatura en cajas de alimentos altamente procesados con ingredientes degenerados con nombres científicos.

“¡Pero, mami!”, dice indignada mi hija de cinco años mientras leemos los ingredientes de una caja de dulces en el supermercado. “La gente que los hace debe saber que los niños van a querer comérselos. ¿Por qué pondrían cosas que saben que nos pueden enfermar”.

Leccion 2: cuentas raras. Usar tres tipos distintos de azúcares como ingredientes para que el fabricante no tenga que enlistar ninguno de ellos primero.

Lección 3: tácticas evasivas. Colocar un ingrediente que suene saludable en la parte superior de la lista para desviar la atención de un ingrediente sospechosos que aparezca después. O llenar la caja de eslóganes de salud. O poner frutas reales en las imágenes y sustituirlas en los ingredientes por masa con fructosa.

Las apariencias son engañosas... y la comida no es la excepción

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Para el gran cumpleaños de mi esposo el año pasado, mis hijos y yo consultamos las posibilidades y decidimos comprar un pastel de helado de una tienda reconocida que hace sus productos de helado fresco diariamente. Ordenamos el pastel una semana antes del día especial.

Mientras esperábamos a que uno de los empleados trajera el pastel, vi un letrero en la caja registradora que decía: “Información nutricional disponible a petición”. Pedí a la cajera que me mostrara la información nutricional.

“¿Quiere saber cuántas calorías tiene?”, me preguntó. “No; quiero saber qué contiene”.

La cajera sacó un gran fólder lleno de hojas y me mostró 13 renglones con 50 ingredientes, incluyendo delicias como soya hidrogenada y aceites de semilla de algodón, glicol de propileno, aceite de maíz alto en fructosa y polisorbato 80.

¿Qué hice?: Cuando llegó el empleado con mi pequeña cajita con un pastel de helado de 30 dólares, pagué por el postre y lo llevé a casa. Canté y festejé a mi esposo junto con mis hijos mientras él apagaba sus velitas y sonreí mientras cortaba rebanadas de esa monstruosidad. No sólo no volví a ir a la tienda, sino que le conté a todos mis amigos sobre el intento de hacer que pareciera un local de helado fresco.

Y eso me lleva a la lección más importante de todas: sólo puedes hacer lo mejor que puedas.

Convierte a tus hijos en consumidores inteligentes

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cancer vida saludable 07  cancer vida saludable 07

Puedes enseñar, informar y esperar que tus hijos se vuelvan consumidores hábiles que coman de forma conciente y sana. Puedes hacerlo, y te garantizo que habrá muchos días de indulgencias químicas y llenas de azúcar.

Cuando eso ocurra, debes seguir adelante, porque a final de cuentas no hay tal cosa como la perfección, a menos que seas Oprah y tu nutriólogo, jardinero y chef trabajen en conjunto durante tu limpieza anual de 21 días.

Un paso a la vez, y la mayoría serán pasos de bebé, comenzando con llenar tu plato con más verduras frescas, granos y otras legumbres, granos enteros germinados como panes Ezekiel y tortillas, pastas integrales, frutas orgánicas y vegetales cuando sea posible, aceites saludables como oliva y linaza (pero nunca calientes la linaza), muchas especias como cúrcuma y pimienta negra, polvo de ajo y hierbas mediterráneas, y el azúcar debe estar incluido, casi exclusivamente, en frutas y verduras.

Si compras alimentos empacados, lee las etiquetas con fiereza

Quizás si dejamos de aceptar alimentos zombies como si fueran reales, las compañías de comida harán lo correcto y dejarán de intentar vendernos esa basura.

Obviamente no tengo forma de saber si mi dieta previa al cáncer causó mi enfermedad o contribuyó de cierta forma, pero estoy dispuesta a cambiar mis hábitos alimenticios, vivir una vida más sabia y hacerme mejor persona.