Los efectos de la radiación en la salud a corto y largo plazo

La alerta en Japón despertó la inquietud sobre los riesgos que puede tener la exposición a la radioactividad, ¿en qué momento es grave?
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Todos los días estamos expuestos a radiación. Pero, ¿en qué momento hay que preocuparnos?

La radiación es invisible, no tiene sabor, ni olor, ni es posible sentirla en la piel y puede originarse del sol, las estrellas y el suelo. En Estados Unidos, por ejemplo, la mitad de la exposición proviene de tratamientos médicos como los rayos-X, escaneos corporales y medicina nuclear, de acuerdo con el Consejo Nacional de Protección y Medición de Radiación de Estados Unidos.

Sin embargo, la alerta nuclear declarada tras las fallas en las plantas nucleares de Fukushima, Japón, generó dudas sobre los efectos de la radiación en la salud a corto y largo plazo.

La exposición promedio de las personas al año es de 3,000 microsieverts, lo que equivale a una exploración por tomografía, que dura unos pocos minutos. Cuanto más tiempo tarde la exposición, más rápidos e intensos serán los síntomas de la radiación.

Para entender los efectos en la salud, es necesario conocer el tipo de radiación a la que estamos expuestos. Existen cuatro principales tipos de radiación ionizante:

  • Partículas alfa: son partículas relativamente pesadas que no pueden penetrar la piel humana o la ropa; sin embargo son dañinas si entran al cuerpo de otra forma.
  • Radiación beta: puede provocar daños en la piel e internamente.
  • Radiación gamma y rayos X: son luces invisibles con elevado nivel de energía que pueden dañar tejidos y son los más peligrosos para los seres humanos.

Tras una exposición severa, en 10 minutos pueden presentarse náuseas, vómito, mareos, debilidad y presión baja. Cuando es leve, estos síntomas pueden aparecer hasta seis horas después.

Con sólo quitarse la ropa y los zapatos es posible eliminar el 90% de la contaminación externa por radiación; para la piel, basta con lavar con agua y jabón, de acuerdo con la Clínica Mayo, de Estados Unidos. Estas precauciones disminuye el riesgo de respirar o ingerir partículas radioactivas y de que entren a heridas abiertas.

Los daños a la médula ósea pueden tratarse con una proteína llamada Factor estimulador de colonias de granulocitos (GCSF), transfusión de sangre y plaquetas. Cuando hay posibilidad de daños en órganos internos existen distintos tratamientos por tipos específicos de radiación.

El yodo radioactivo, que es de los más peligrosos para los humanos, es uno de los productos de la reacción con uranio que se desarrolla en la planta de Fukushima Daiichi. Dado que la tiroides es propensa a absorber el yodo radioactivo, el gobierno japonés está distribuyendo yoduro de potasio, que protege a la glándula. También puede utilizarse el colorante azul de Prusia y el químico dietilentriamina pentaacético, los cuales ayudan a atrapar partículas dañinas.

Contrario a lo que sucedió con las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, la exposición después de un accidente nuclear es gradual, explicó John D. Boice, director científico especializado en radiación del Instituto Internacional de Epidemiología de Estados Unidos.

En el desastre industrial de Chernóbyl, Ucrania, en 1986, los efectos se vieron meses y años después. Se comprobó que las personas expuestas a la radiación desarrollaron cáncer de tiroides, estómago, pulmón, entre otras. La población consumió alimentos contaminados con elementos radiactivos.

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