Frente al desastre, el orden y la dignidad de los japoneses es ejemplar

La educación de los japoneses, basada en el orden, la dignidad y solidaridad, ha prevalecido luego de un terremoto, tsunami y alerta nuclear
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Kyung Lah
Autor: Kyung Lah
TOKIO (Reuters) -

Me han preguntado acerca de este tema varias veces, desde amigos y familiares en Estados Unidos hasta colegas que trabajan alrededor del mundo: Cómo, frente al peor desastre natural en 100 años, los japoneses pueden verse tan tranquilos.

Tanto la comida como el agua escasean. La electricidad en la zona del tsunami prácticamente no existe. Los sobrevivientes no tienen información acerca de sus seres amados.

Pero a diferencia de otros desastres en los que el mundo ha observado actos de rapiña, motines y despliegues de tristeza e ira, se ha visto un país que está en un luto callado, su gente de pie, pacientemente durante horas, haciendo fila para recibir alguna de las pocas botellas de agua disponibles.

Eso puede ser sorprendente si nunca has vivido o experimentado cómo opera la sociedad japonesa. Como residente en Japón desde hace tres años, estaría sorprendido si la gente se hubiera comportado de otra manera.

A lo largo de la zona del tsunami, en Sendai, tanto en las áreas devastadas como en las regiones vecinas, uno puede ver que las costumbres de la sociedad japonesa no se han quebrantado, incluso después de que el tsunami destruyó la estructura urbana de esta comunidad costera.

En las tiendas, largas y ordenadas filas de víctimas han estado esperando por comida proveniente de la ciudad. Nadie está dirigiendo estas filas, fueron organizadas por los mismos ciudadanos.

Al frente, a dónde puede llevar varias horas llegar, los compradores están limitados a llevarse 10 productos de comida o bebida. No hay quejas y nadie hace trampa.

“Nadie debería quejarse”, dice Mitsugu Miyagi, parado con su niño de 6 años y su esposa Maki.

Al preguntarle qué pasaría si se terminara el abastecimiento de agua embotellada, Maki simplemente comenta: “¿Qué podemos hacer?”.

Los esfuerzos militares y de emergencia se han centrado en las regiones devastadas por el tsunami o en la planta nuclear de Fukushima.

Cuando se trata de alivio, agencias voluntarias y grupos improvisados por la comunidad han organizado refugios y centros de distribución de comida.

En el hotel Monterey en Sendai, dos chefs vestidos con sus sombreros característicos sirven platos de sopa caliente para el desayuno. Cualquiera que pasa es invitado a comer. Para muchos, fue su primer sopa caliente desde el tsunami.

Lo más notable es que la gente sólo toma un vaso. No se vuelven a formar por un segundo, sería injusto.

Incluso entre los nuevos desalojados hay un gran sentido de civilidad y comunidad que anonada a los observadores internacionales.

La escuela primaria Shichigo en Sendai, es ahora hogar para cientos de víctimas. En el tercer piso, las familias se han organizado sobre cartón y cobijas.

Ninguna familia tiene un espacio mayor a otra. Los zapatos están prohibidos sobre las cobijas, para mantener condiciones sanitarias. La comida se comparte de la forma más equitativa, aun si una persona debe comer o beber un poco menos para que todos tengan un sustento.

Las voces, además de la risa y llanto de los niños, se mantienen serenas y calmadas.

El emperador japonés Akihito, en un mensaje sin precedentes a sus ciudadanos, señaló que la comunidad internacional estaba “impresionada” con las víctimas japonesas.

“Los líderes mundiales también dijeron que sus ciudadanos están impresionados con lo calmados que se han mantenido, cómo se ayudan el uno al otro y lo organizados que están. Creo que es importante que compartamos los días difíciles que vienen y triunfemos sobre este desastre”, dijo el emperador.

Volviendo a la pregunta “¿cómo lo hacen?” , la respuesta es que se reduce al carácter nacional, de acuerdo Jeffrey Kingston de la Universidad de Temple, un un estudioso de Japón que ha vivido en el país desde 1987.

Kingston califica este comportamiento como “notable, pero no sorprendente”.

Los japoneses, desde una edad joven, son enseñados a poner el interés del grupo frente al individual. Muchos los critican por su respeto a la autoridad, las reglas abundantes y la conformidad, pero ésta es la tela de cohesión social que mantiene a Japón unido”.

Kingston aclara que Japón ha sido herido por desastres desde su creación, y que está acostumbrado a lidiar con ello. La estrategia de supervivencia ha sido apoyarse en el grupo.

Sé de lo que habla Kingston. La uniformidad social y su obsesión con las reglas me han llevado a mí, el occidental, al punto de la frustración.

Se me dificulta entender cómo le enseñan esto a niños japoneses en la escuela: “El clavo que sale de la tabla debe ser martillado”. Interpretación: No quieres sobresalir, ni como un fracaso ni como un éxito desmedido, ni despliegas tus emociones de una forma sin dignidad. Simplemente quieres ser como todos los demás.

En ocasiones, para los extranjeros, las reglas sociales de Japón parecen ordenadas y conformistas hasta el error. Pero nadie puede discutir que en este desastre han sido tremendamente benéficas. La sociedad japonesa tiene características que simplemente no existen en otro país grande.

Sería un error, sin embargo, decir que el control de los japoneses significa que son estoicos frente a este desastre.

Mari Sato hace duelo, pero como una japonesa, está haciendo su mejor esfuerzo para ser reservada y digna, características premiadas por una sociedad que las considera admirables.

Sato vivía a dos millas de la costa de Sendai, en una casa que los vecinos reconocían por su techo rosa. Tres días después del tsunami, el periódico publicó las imágenes satelitales del antes y después de su vecindario. En las fotos del después, ella dice que sólo hay escombros color café.

“El techo rosa”, dice Sato y empieza a llorar en silencio. Sato agacha su cabeza y apunta a una sección de la foto. “Nunca imaginé que un tsunami pudiera hacer esto”.

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Las lágrimas de Sato caen en el periódico que revela la devastación de su hogar. Enseguida se disculpa por su despliegue emocional.

Las víctimas japonesas está heridas como cualquier víctima de un desastre, pero según la manera en que han sido criados, prefieren estar de luto tan callados y de manera tan privada como sea posible.

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