El 'misoteísmo', un testamento "retorcido" del poder de la fe en Dios

Los 'misoteístas' manifiestan indignación moral hacia el "creador" y utilizan la literatura para desahogar la ira en su contra
Odio a Dios
Odio a Dios  Odio a Dios  (Foto: )
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Autor: Bernard Schweizer | Otra fuente: 1

Nota del editor: Bernard Schweizer es profesor adjunto de Inglés en la Universidad Long Island en Brooklyn. Se especializó en el estudio de iconoclastas y rebeldes, incluyendo a la controversial escritora e intelectual pública Rebecca West. Su tercer libro se llama Hating God (Odiando a Dios). Las opiniones expresadas en esta nota son sólo las de Bernard Schweizer.

(CNN)—Hay una tribu perdida de creyentes religiosos que han soportado una duradera crisis de identidad. Me refiero a la especie de retadores de creyentes que acepta la existencia del creador Dios y aún así se niega a adorarlo. De hecho, llegan al punto de decir que odian a Dios.

Y no me refiero a los ateos. Los no creyentes también dicen cosas despectivas sobre Dios, pero cuando lo hacen, simplemente están dando la desaprobación de un personaje ficticio. También expresan desdén hacia el tortuoso personaje de Shakespeare, Iago; al intrigante Uriah Heep, de Dickens, o al Grinch que robó la navidad según Dr. Seuss.

Para los ateos, Dios entra en la misma categoría de estos villanos de ficción, excepto que como Dios es el villano de ficción más popular de todos, los Nuevos Ateos, los evangelizadores como Christopher Hitchens y Richard Dawkins, invierten una enorme cantidad de tiempo enumerando sus defectos.

Pero alguien que cree en verdad en la existencia de Dios y aún así lo odia, se encuentra en un estado de rebelión religiosa, tan perpleja como para llevar nuestro entendimiento común de la fe a un punto de ruptura.

Aunque estos disidentes radicales podrían robarle el protagonismo a los Nuevos Ateos, hasta ahora se habían mantenido casi en el anonimato.

Cuando del odio a Dios se trata, la ceguera colectiva parece llegar a nosotros. Primero, no contamos con un nombre reconocido para referirnos a esta rebelión religiosa, y cualquier cosa que no tenga un significante asociado no existe, ¿o no?

Mi término es el misoteísmo, una palabra compuesta de la raíz griega misos (odio) y teo (deidad).

¿Por qué me importan tanto? Me parecen personas valientes, visionarias e inteligentes que rechazan a Dios desde un punto de vista de indignación moral y desesperación debido a la cantidad de injusticias y sufrimiento que ven en este mundo.

Al mismo tiempo están ejerciendo una censura personal porque se atreven a no darle voz a su opinión. Después de todo, insultar públicamente a Dios puede tener consecuencias que van desde la exclusión hasta el encarcelamiento, multas o incluso la muerte, dependiendo del lugar en el que publiquen su blasfemia (por ejemplo, en Irlanda, se aplicaría una multa de hasta 25,000 euros por blasfemar) y de que Dios sea el objeto de sus ataques (bajo la ley sharia, ser enemigo de Dios, o mohareb, es un delito capital).

Pero también me importan estos rebeldes porque eligen a la literatura como su principal medio para lidiar con el odio contra Dios. Soy profesor de literatura, y la opción literaria de los misoteístas como su primera línea de defensa y medio preferencial me hace quererlos.

La literatura les ofrece su única salida para desahogar su ira contra Dios. Era un refugio seguro para hacerlo. De hecho, casi nadie se daba cuenta de cuando se expresaba el desdén contra Dios en la literatura.

Estos escritores guardaban astutamente sus pensamientos blasfemos en obras literarias sin que parecieran ofender a nadie de manifiesto. Al mismo tiempo, estos escritores cuentan con la cooperación de los lectores para mantener a salvo su “secreto”. Es como un pacto entre escritor y lector.

Zora Neale Hurston podría escribir que “todos los dioses que reciben homenaje son crueles” sin que nadie objete que “todos los dioses” deben incluir necesariamente a las personas de la Trinidad Cristiana.

O Rebecca West, quien podría escribir que “ocurrió algo que sólo puede explicarse suponiendo que Dios te odia con una ira impía, y nadie lo admitirá”, narrando el hecho de que como nadie lo va a admitir, nadie la atacará por blasfemia.

O el peruano César Vallejo: "Yo nací un día que Dios estuvo enfermo, grave".

En cierto sentido yace el impresionante y subversivo poder de la escritura literaria, algo que le preocupó a Platón hace 2,400 años, cuando pidió que todos los poetas fueran eliminados de su “República” ideal.

Es interesante que mientras que los guardianes de la propiedad colocaron a Huckleberry Finn en la lista de textos proscritos debido a su uso liberal de la palabra nigger, pocas personas han dicho que la obra de Hurston, Sus ojos miraban a Dios, o la de Shelley,  Prometeo liberado, o la de West, The Return of the Soldier, sean textos prohibidos debido al misoteísmo subyacente dentro de sus obras.

E incluso donde el misoteísmo se expresa directamente, como el The Trial of God, de Elie Wiesel, o en la obra de James Morrow, Godhead Trilogy, la literatura ofrece un enclave de libertad religiosa que es vital para el espíritu humano y para su impulso por liberarse de las ataduras, incluso de las órdenes de Dios.

Me refiero a la historia del misoteísmo como “no dicha”, en parte porque el misoteísmo tiende a no ser notado cuando se oculta a simple vista. Otra razón por la que la historia del misoteísmo no ha sido dicha es porque nadie se ha tomado la molestia en fijar las grandes líneas del desarrollo con el tiempo, empezando con el Libro de Job y terminando con el utilitarismo, el anarquismo filosófico y el feminismo. La historia, por sí misma, es amplia, pero una vez más, no es una historia que se haya presentado formalmente. 

Lo que estoy haciendo es unir los puntos, desenterrando conexiones que nos pasaron desapercibidas y haciendo las distinciones como la proposición de un sistema de tres tipos distintos de misoteísmo: agnóstico (conflictuado), absoluto y político.

El misoteísmo, en sus varias manifestaciones, es un desacuerdo oscuro, inquietante y desconcertante con la religión. Pero al mismo tiempo, es una actitud hacia la divinidad que muestra lo persuasiva que puede ser la creencia.

Si la gente sigue creyendo en un Dios, lo hallarán contemplativo, y entonces la creencia es una fuerza tan poderosa que no puede apagarse sencillamente bajo una base de información empírica. En su última consecuencia, el estudio del misoteísmo es un testamento del poder de la fe, si bien es cierto que de una forma retorcida y poco convencional.

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