La moral humana estudiada a través de las funciones cerebrales

El lóbulo frontal del cerebro y sus funciones nos pueden revelar cómo es que construimos los valores morales
neuronas cerebro lobulo frontal
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Autor: Carlos Chimal | Otra fuente: QUO

La imposibilidad de dominar nuestras emociones para actuar en sociedad es uno de los aspectos cruciales de la civilización que son estudiados por jóvenes científicos, como la doctora Alicia Vélez, de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Cuando comencé mi formación universitaria, sólo sabía que deseaba estudiar la conducta humana. No tenía idea de la variedad de enfoques; entre ellos, el hecho de que es posible investigar los procesos conductuales y su relación con las funciones del cerebro y, en general, del sistema nervioso”, compartió Vélez.

Ella ha concentrado sus estudios en la psiconeurología de los conflictos morales, un trabajo a través del cual quiere saber, analizando el lóbulo frontal, cómo nos comportamos en sociedad.

Su profesor, el doctor David Velázquez, la inició en el conocimiento de las bases biológicas de la conciencia; en particular, de las decisiones que tienen que ver con nuestros valores morales, lo cual se produce, sobre todo, en el lóbulo frontal de nuestro cerebro.

Alicia Vélez se ha interesado en comprender la manera en que surgen los valores morales en nuestro cerebro, discriminándolos de otros juicios que implican un valor subjetivo, pero que no es estrictamente moral, como ver algo que nos repugna o, incluso, algo que nos deja incólumes.

Las funciones mentales están asociadas a ensambles de neuronas que cooperan para llevar a cabo una tarea, desde subir una escalera hasta resolver una ecuación; desde recordar una afrenta hasta resolverla de manera trágica; del egoísmo y la destrucción social, hasta el altruismo y la cooperación constructiva.

Su estudio no es posible si se invade un cerebro humano, pues en ese momento se acaba el experimento.

De hecho, llevar a cabo dicha actividad es considerado una monstruosidad. Por lo mismo, neurocientífificos y psiconeurólogos han ideado relatos copartícipes del evento a estudiar y, por analogía, deducen lo que sucede dentro de la cabeza de cualquier persona, en particular de aquellos que padecen de comportamientos inusuales y hostiles en sociedad.

Haber llegado hasta ese punto, acotó Alicia Vélez, se debe a que conoció a la doctora Feggy Ostrosky y su trabajo pionero en este campo. “Ella me aceptó en su laboratorio como estudiante desde el sexto semestre de la licenciatura, así que tuve la oportunidad de trabajar a su lado y aprender a medir la conducta y a registrar procesos cerebrales.

¿Cómo lo hacen?

“El estudio experimental de la emoción requiere estímulos que evoquen, de forma confiable, reacciones psicológicas y fisiológicas”, cuya variación sea mínima en un rango de emociones que van de lo agradable a lo desagradable, de lo que altera o calma a una persona y si esa emoción la sobrepasa o puede dominarla.

“Identificamos los estímulos de carácter universal ante los que un grupo de personas respondía solo en términos emocionales (de disgusto frente a un insecto, por ejemplo), en función de sus valores morales (conmiseración al ver una foto de un niño de la calle), o bien ante los que permanecía indolente y aquellos que le producían tranquilidad. Luego les colocamos electrodos y medimos su actividad cerebral al mirar una batería de estímulos dirigidos a sus diversos órganos sensoriales”, explicó Vélez.

Las conclusiones ayudan a entender cómo algunas zonas de la corteza temporal y, en especial, del lóbulo frontal están involucradas en el procesamiento de emociones que tienen que ver con nuestros valores morales.

Es casi un hecho que las reflexiones a partir de la investigación de Alicia Vélez enriquecerán las estrategias para enfrentar los desafíos sociales que nos esperan.

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