¿Tu jefe te arruina el fin de semana?

Las emociones son contagiosas, y las personas en puestos de autoridad y poder pueden potenciar el efecto en quienes les rodean
Estrés
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Amanda Enayati
Autor: Amanda Enayati
(Reuters) -

Juliet se despertó sintiéndose bien la mayoría de los domingos del año pasado, pero mientras avanzaba el día, también lo hacía su ansiedad.

“Por las tardes, me sentía muy estresada y perdía la paciencia fácilmente con todos. Fue mi esposo quien se dio cuenta de que lo que pasaba era que no quería volver al trabajo el lunes por la mañana. Esa anticipación estaba arruinando mis domingos”.

Juliet amaba su trabajo hasta que la compañía para la que trabajaba fue comprada por un nuevo dueño. Durante el proceso, la cultura organizacional, originalmente creada y mantenida por un puñado de científicos idealistas, cambió de la noche a la mañana.

“Los científicos quedaron fuera y el nuevo CEO y su equipo de líderes impusieron un ambiente completamente diferente debido a su perfil y enfoque hacia el marketing. Los nuevos ejecutivos también fueron un factor importante que esparció estrés y ansiedad a través de las diferentes áreas de la organización.

“La compañía empezó a sangrar a sus mejores empleados. Mis colegas llevaban un tiempo desesperados y después se fueron en manadas. Eventualmente yo también”.

Puede ser difícil de imaginar que vivamos con niveles de estrés mayores que nuestros antepasados —algunos de los cuales tras cazar su cena, en el camino de regreso a casa, tenían que escapar de algún león o dos—, pero el estrés ha sido nombrado uno de las epidemias de salud clave del siglo 21.

Al estrés se le atribuye la causa subyacente de hasta el 70% de todas las visitas a médicos generales. ¿Existen personas que influyen de manera particular en esta epidemia? ¿Son estos personajes clave que ayudan a mantener un ambiente emocional negativo, los que contribuyen a generar una cultura de ansiedad, los que infectan nuestro bienestar colectivo?

Podrían existir algunos factores en juego.

Uno es que los humanos son propensos a transmitirse mutuamente sus sentimientos en un proceso denominado contagio emocional. Las emociones rebotan de ida y vuelta todo el tiempo como parte de la interacción con otra persona. Podemos contagiarnos de depresión, ansiedad o estrés de otra persona.

Otro factor a considerar es la interconectividad. De acuerdo con un estudio reciente, lo que alguna vez fueron seis grados de separación entre dos personas cualesquiera ahora se ha reducido a 4.74 (o tres, si se limita a un país en particular). Esta interconectividad tiene además un mayor impacto si se considera que existen una cantidad muy diversa de dispositivos multiplataforma que la mayoría de nosotros no podemos soltar.

Si se toman el contagio emocional, la interconectividad y se añaden personas en posiciones de influencia clave —jefes, políticos, medios, maestros, entre otros— que pueden causar estragos esparciendo ansiedad. Es un patrón de comportamiento particularmente nocivo en épocas duras.

“Que un grupo de personas puedan canalizar y posiblemente amplificar la ansiedad es asombroso. Las personas en el poder a menudo son modelos para la organización y son capaces de generar niveles de estrés muy altos que afectan a todos”, dijo Judith Orloff, médico psiquiatra y autora del bestseller Libertad emocional.

“Sabemos que las personas ponen más atención e importancia en lo que hacen y dicen los líderes, especialmente en el trabajo”, observa el renombrado psicólogo Daniel Goleman, autor de Liderazgo: El Poder de la Inteligencia Emocional.

“Esto significa que un líder empresarial, por ejemplo, tiene la responsabilidad emocional de orientar sus emociones más básicas en una buena dirección. Hay muchos estudios que demuestran que si un líder está de mal humor, sus seguidores pueden contagiarse y su trabajo lo resiente; si está de buen humor, este se extiende y aumenta la productividad”.

La buena noticia del contagio emocional es que funciona en dos direcciones: uno puede decidir esparcir ansiedad e insatisfacción, pero la esperanza y la felicidad son igualmente contagiosos.

Y, al menos en teoría, lo mismo aplica a los canales y la transmisión de estrés. Estas mismas personas de influencia llevan a cabo decisiones conscientes para cumplir la función de canalizadores de bienestar y unidad, en vez de propiciar el conflicto y la discordia.

Ahora, disfruta tu domingo (o lunes). Desconéctate, desapégate, pasa tiempo con tu familia. Y siéntete bien de no tener que escapar de un león antes de la cena.

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