Ex Miss Estados Unidos y su batalla contra la anorexia

Kirsten Haglund ha compartido su lucha contra los problemas alimenticios para ayudar a fomentar conciencia entre otras jóvenes
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Autor: Yasmin Khorram
(Reuters) -

Kirsten Haglund tenía 19 años en 2008 cuando se convirtió en una de las reinas de belleza más jóvenes en ganar el título Miss Estados Unidos. Utilizó esa plataforma para hablar de lo que para ella era un tema muy delicado: los trastornos alimenticios.

“Lo que está haciendo un impacto en las vidas de otras personas no es la imagen perfecta del ideal americano”, dijo. “Es una historia humana verdadera de lucha y triunfo”.

Haglund pasó su infancia soñando en convertirse en una bailarina profesional. Las presiones de tratar de vivir ese sueño la condujeron a la pesadilla de la anorexia nerviosa a los 12 años.

La anorexia nerviosa es un desorden alimenticio que hace que las personas se obsesionen con su peso y con los alimentos que consumen, de acuerdo con la Clínica Mayo. Las personas con la enfermedad tratan de mantener un peso que no es saludable para su edad y estatura.

“Yo estaba en ballet desde que tenía sólo 3 años de edad. Así que desde muy temprana edad, el ideal del tipo de cuerpo femenino era muy delgado”, dijo Haglund, ahora licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad Emory. “Esa fue la primera imagen que yo tuve en mi mente, siempre equiparé la belleza y la valía con ser delgada”.

Haglund sobresalió en sus estudios mientras practicaba ballet, tap y jazz siete días a la semana. Su hermano mayor tenía múltiples problemas de aprendizaje, así que ella sentía la presión de desempeñarse extraordinariamente bien.

A los 12 años, dejó su hogar para estudiar en la Central Pennsylvania Youth Ballet School, con la esperanza de que eso la condujera a una carrera profesional. Era la primera vez que vivía lejos de sus padres y ella entraba en la pubertad; una época de riesgo para el inicio de la anorexia, según los expertos.

La autoestima de Haglund comenzó a decaer más rápidamente. Estaba abrumada por el pánico y el temor de no alcanzar la perfección. Alguna vez orgullosa de su alto nivel de rendimiento y logros, ahora se cuestionaba cada movimiento.

“Me hice más consciente de sí misma y de repente sentí este pánico, como que tal vez no era lo suficientemente buena o que tal vez mi vida iba a derrumbarse (...) y yo no podría cumplir este sueño”, dijo.

“Me fijé en lo que ellas (sus compañeras de clases de ballet) estaban haciendo, y muchas de ellas estaban tirando a la basura sus almuerzos y no comían. Pensé: 'Si al menos pudiera estar delgada, sé que tendría éxito en el ballet'”.

“Recuerdo el primer día que decidí tirar mi almuerzo, y bebí una Coca-Cola en su lugar”, dijo. “Me sentí muy bien. Recuerdo ese día y la elección que hice. Y fue una elección hecha a partir del miedo, no de la lógica”.

Este tipo de comportamiento no es raro entre las chicas jóvenes que están lidiando con transiciones en su vida, dijo Linda Craighead, profesora de Psicología en la Universidad de Emory.

"Para ellas, no se trata tanto del aspecto, sino de tener el control sobre algo”. Estos trastornos conllevan la mayor tasa de mortalidad entre todas las enfermedades mentales.

Haglund buscó en internet trucos para evitar las situaciones sociales que implican comer y frecuentemente veía imágenes de famosas para inspirase a ser delgada.

“Vivía de café, Coca-Cola Light y chicles”, dijo. “De vez en cuando, comía verduras, frutas o una cucharada de mantequilla de maní”.

Estaba consumiendo menos de 900 calorías al día, menos de la mitad de la cantidad recomendada para la mujer promedio. Su hambre por un mayor control se transformó en matarse de hambre, aumentar su rutina de ejercicios, y cumplir un exigente horario de ballet.

“Fueron muchos días de pequeños pasos hacia algo extremo. Era una receta para el desastre y una situación realmente grave y dolorosa”.

Aunque la anorexia se produce con mayor frecuencia durante la adolescencia o en la edad adulta, también puede desarrollarse durante la infancia o más adelante en la vida, dicen los expertos.

Haglund estaba compitiendo contra las bailarinas más talentosas, todas con sueños de convertirse en prima ballerina. “Eras vista como de élite si participabas en algún tipo de esos comportamientos”, dijo Haglund. “Era algo que la mayoría de las chicas hacía, y si comías como una persona normal, eras despreciada”.

Su obsesión por la delgadez empeoró durante los siguientes tres años. Para entonces, la bailarina de 1.74 metros había perdido 13.5 kilogramos de su ya pequeño cuerpo. Admite que se alegró cuando su familia y amigos notaron su cuerpo impresionantemente delgado.

“Me sentía como la cáscara de un ser humano. Eso no era la felicidad”, dijo Haglund. “Internamente, yo sabía que había algo realmente mal en mí, pero no sabía cómo parar”.

Desnutrida y extremadamente deprimida, recuerda vagamente el día en que su madre la recogió de la escuela preparatoria y la llevó a la fuerza a un médico. Haglund insistió enojada en que ella estaba sana, pero los resultados de sus pruebas contaban otra historia. Durante los siguientes dos años, estuvo bajo cuidado ambulatorio intensivo, reuniéndose rutinariamente con su equipo interdisciplinario conformado por un nutriólogo, un psicólogo y una especialista en trastornos alimenticios.

“Tuve que trabajar en la visualización de una vida lejos del ballet si quería mejorar”, dijo.

Haglund dejó la compañía de ballet y redujo sus horas de baile para enfocarse en su recuperación. Los concursos de belleza parecían una opción extraña para una anoréxica en recuperación, pero le ofrecieron a Haglund una vía para avanzar. A los 17 años, su salud estaba mejorando.

De vuelta en su casa de Farmington Hills, Michigan, entró en el concurso de Miss Condado de Oakland y, para su gran sorpresa, ganó. Sin embargo, su médico de trastornos alimenticios estaba preocupada.

“Le dije que esto podría ser un disparador para una persona que tiene un historial de trastornos alimenticios”, dijo Kathleen Mammel, directora médica del Centro Hough para Trastornos Alimenticios. “Tenía que ser muy cautelosa para asegurarse de arriesgarse tener un retroceso difícil”.

Esa no fue la manera en que Haglund lo tomó. Durante el siguiente año, en su primer año en la universidad, comenzó a hablar públicamente acerca de su lucha contra la anorexia, con la esperanza de eliminar el estigma de la enfermedad.

Luego vino el concurso de Miss Michigan. A los 18 años, Haglund era la concursante más joven; ganó la corona superando a varias veteranas de concursos de belleza. Sus nuevas responsabilidades la obligaron a salir de la universidad, y pasó seis meses viajando por el país para asistir a conferencias nacionales sobre los trastornos alimenticios.

Cuando Haglund entró al concurso de Miss Estados Unidos fue colocada en un régimen de ejercicios supervisado por su nutriólogo. Ella estaba motivada para alcanzar sus metas de manera saludable.

“Por supuesto, sentí la presión; estaba pensando: 'Dios mío, si me llaman a las 10 finalistas, voy a estar en traje de baño frente a 12 millones de personas'. Eso me daba miedo, pero yo estaba pensando en estar sana primero. Sabía que era más importante que cualquier otra cosa”.

Desestimada como una candidata débil por sus compañeras y por los jueces, Haglund sintió una mayor libertad para ser ella misma.

“De hecho, creo que eso fue más atractivo para los jueces. Varias chicas se acercaron a mí durante la semana y compartieron sus luchas anteriores contra un trastorno alimenticio. Eso abrió la puerta a muchas grandes conversaciones”.

Desde que entró al foco de atención nacional, Haglund ha continuado fomentando la conciencia como un modelo a seguir para las niñas. Ella lanzó la Fundación Kirsten Haglund, que proporciona ayuda financiera a aquellos que buscan tratamiento para trastornos alimenticios.

“Los que luchan contra el abuso de sustancias pueden renunciar a su consumo de drogas y nunca enfrentarlas de nuevo”, dijo Haglund. “Pero para alguien que supera un trastorno alimenticio, tienes que enfrentarlo todos los días, varias veces al día”.

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