Un británico con parálisis muere tras habérsele negado la eutanasia

Tony Nicklinson, un luchador por años a favor de la muerte asistida, murió después de siete años de vivir paralizado del cuello hacia abajo
Un luchador por la eutanasia muere en Gran Bretaña
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LONDRES (Reuters) -

Un hombre británico afectado por una parálisis corporal falleció este miércoles después de perder ante las autoridades una larga batalla por la posibilidad de la muerte asistida, informó su familia.

Tony Nicklinson, de 58 años, se había rehusado a comer desde la semana pasada, contrajo neumonía el fin de semana y “se fue abajo rápidamente”, aseguró su abogada Saimo Chahal.

“Antes de morir, nos pidió tuitear: ‘Adiós mundo, el momento ha llegado, me divertí’”, según se lee en su cuenta de Twitter.

El exjugador de rugby quedó paralizado del cuello hacia abajo en un accidente cerebrovascular ocurrido en 2005, y perdió la semana pasada una batalla en la Corte Suprema para obtener el derecho legal a poner fin a su vida cuando él lo decidiera.

La lucha pareció terminar después de la decisión de la corte, que lo dejó “con el corazón roto”, dijo Chahal después de anunciar su fallecimiento.

Su esposa, hermana e hijas estaban con él cuando murió, dijo la abogada.

“Fue valiente, determinado y luchador hasta el final”, dijo Chahal añadiendo que había sido “un absoluto privilegio” representarlo.

Su caso legal no continuará a menos que alguien “en circunstancias similares” tomen la iniciativa de reanudarlo, añadió.

La policía en el condado de Wiltshire, donde vivió, informó que un doctor había estado viendo a Nicklinson durante la semana pasada y que no investigaban la muerte.

Su condición le hacía imposible tomar su propia vida, por lo que quería el derecho legal a que un doctor lo hiciera sin temor a ser perseguido por la justicia.

“La mayor parte de mi cuerpo está paralizado, pero mi mente está como estaba antes del accidente. Todo lo que puedo mover es mi cabeza y el accidente se llevó mi poder de hablar. Ahora hablo con la gente con un tablero de deletreo o una computadora operada por mis parpadeos”, dijo a CNN en una entrevista en junio.

Aunque expresó simpatía por su situación, la Corte Suprema determinó el 16 de agosto que un cambio tan significativo a la ley —que implica un revés a la prohibición de la eutanasia voluntaria— tendría que ser decidido por los legisladores.

Los jueces también rechazaron un cambio similar a la ley propuesto por un segundo hombre afectado por una parálisis, identificado solo como Martin.

“Los casos levantan asuntos éticos, sociales y legales profundamente difíciles, pero (la corte) juzgó que cualquier cambio a la ley debe ser un asunto que el Parlamento decida”, detalló la declaración de la corte.

El mandato indignó a Nicklinson, quien lloró mientras su esposa, Jane, informaba a reporteros que la familia estaba “amargamente decepcionada” y que presentaría una apelación.

“Muy a menudo gente bien intencionada y habilitada físicamente asume que si una persona está tan severamente discapacitada que necesita asistencia para cometer suicidio, debe automáticamente ser inhábil para considerar esta opción”, dijo en junio.

“Yo digo que donde una persona tenga la habilidad mental, debe tener la opción de su propia vida o muerte. La única diferencia entre ustedes y yo es mi inhabilidad para tomar mi propia vida”.

En una declaración dictada a través de su computadora la semana pasada después del fallo, Nicklinson aseguró: “No es el resultado que esperaba pero no es enteramente inesperado. Los jueces, como políticos, son más felices cuando pueden evitar confrontar asuntos reales y su fallo no es una excepción a la regla.

“Creo que el equipo legal que actúa de mi lado está preparado para ir hasta el fondo de esto, pero desafortunadamente para mí significa aún otro periodo de incomodidad física, miseria y angustia mental mientras descubrimos quién controla mi vida, yo o el Estado”.

Sus hijas, tuiteando de su parte, urgieron a la gente a firmar una petición en su cuenta de Twitter en apoyo a su “derecho a morir con dignidad”. En horas, miles de personas habían agregado sus nombres.

Jane Nicklinson dijo que la familia no intentaría viajar a Suiza, que tiene una ley activa sobre suicidio asistido, porque era muy caro y su marido no pensaba que debiera cruzar el mar para morir.

Antes de su accidente cerebrovascular, ocurrido a sus 51 años, la pareja vivió una vida confortable en Emiratos Árabes Unidos y viajó intensivamente.

En una entrevista con CNN en junio pasado, Jane Nicklinson describió a su esposo antes del accidente como un hombre que era “la vida y el alma de la fiesta”, lo que hacía su actual existencia restringida aún más difícil de soportar.

“Él era un tipo grande, exjugador de rugby, trabajó duro pero jugó mucho”, dijo. “Estaba lleno de vida, un gran sentido del humor, amaba el sonido de su propia voz”.

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