Los avances médicos permiten a personas con VIH tener una vida normal

Los modernos tratamientos antirretrovirales hacen del VIH una enfermedad crónica y no mortal, aunque persiste el mito de su letalidad
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CIUDAD DE MÉXICO (CNNMéxico) -

Juan Carlos se enteró que tenía VIH en abril del año pasado. En ese momento, recuerda, muchas cosas pasaron por su mente. No supo cómo reaccionar, y sólo guardó silencio luego de abrir el sobre con los resultados de los exámenes de sangre.

Luego comenzó a pensar en sus amigos y su familia. El miedo natural al rechazo social lo hizo presa. “Sentí que se me había acabado la vida”, relata. “Me sentía distinto, diferente, autoexcluido”.

Aunque ha pasado más de un año desde que Juan Carlos, de 23 años, fue diagnosticado con VIH, y ahora recibe tratamiento médico y asesoría, aún existe temor: acepta hablar con CNNMéxico, pero no acepta dar su nombre completo o ser fotografiado.

“Hay gente que aún no sabe y estoy pensando en cómo decirles”, afirma, aunque acepta que ya se encuentra “en paz” con él mismo después de unos primeros meses muy difíciles.

El caso de Juan Carlos, quien acudió a una cita médica a la Clínica Especializada Condesa, que maneja el programa de VIH/sida en la Ciudad de México, es similar a muchos, afirma el especialista Florentino Badial Hernández.

“Existe un temor al rechazo social”, dice Badial en entrevista con CNNMéxico, pero se está venciendo poco a poco el miedo. 

“Cada vez vienen más personas a hacerse las pruebas, de todos los que vienen el 15% resulta con VIH. El grupo que tiene el porcentaje más alto de VIH son los hombres que tienen sexo con otros hombres, alrededor del 20% de las personas con el virus”, afirma el coordinador de los programas de VIH/Sida en cárceles.

“No es el fin del mundo”

El especialista resalta la importancia de los exámenes para detectar a tiempo el VIH que, aunado al tratamiento adecuado, significaría para una persona una vida relativamente normal.

“Una persona entre los 20 y 30 años, y que se le detecta el VIH a tiempo, probablemente alcance una esperanza de vida de alrededor de 70 años”, estima el doctor Badial, quien sostiene que este es el argumento principal para decirle a las personas que resultar positivo “no es el fin del mundo”.

Inclusive, afirma el doctor, si una persona con VIH que ya ha desarrollado sida y tiene enfermedades llamadas “oportunistas” —como neumonía, tuberculosis, candidiasis, meningitis, entre otras, las cuales no aparecería si el sistema inmunológico fuera normal—, con el tratamiento “se recuperan las defensas y su esperanza de vida mejora muchísimo.  La mayor parte de las personas en etapa de sida van a recuperarse”.

El término VIH se refiere al virus de inmunodeficiencia humana mientras que sida es un síndrome que afecta a las personas con VIH, cuando el nivel de linfocitos CD4 —los cuales defienden al cuerpo de enfermedades— disminuye en la sangre a menos de 200 células por mililitro.

El VIH puede tratarse como una enfermedad crónica

Al igual que otras enfermedades como la diabetes, desde hace algunos años el VIH es tratado como una enfermedad crónica, tras la puesta en el mercado de cada vez más sofisticados medicamentos para tratar el virus.

Aunque los medicamentos para controlar el VIH pueden costar hasta decenas de miles de dólares anuales en un país desarrollado, en muchos países, incluido México, el acceso es gratuito en todo el sistema de salud.

Los medicamentos son adquiridos por instituciones como el IMSS, el ISSSTE o la Clínica Condesa por medio de un fondo de gastos catastróficos, en este último caso, del Seguro Popular.

Dicho fondo, hasta junio de 2010 había pagado en todo el país la atención de 37,024 casos de sida con un costo de 1,899 millones de pesos.

La medicina no salva a cualquiera

Aunque los tratamientos antirretrovirales son muy efectivos y una enorme mayoría de los pacientes sobrevive, esto no significa que una persona a la que se le ha detectado VIH no deba cuidarse.

Según Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/sida (Censida), una persona con un nivel indetectable de virus puede reinfectarse si se expone a otro tipo de virus del VIH, el cual muta con mucha facilidad por la “susceptibilidad”.

Además, otras enfermedades de transmisión sexual pueden dificultar el tratamiento antirretroviral, que es distinto para cada paciente.

Una vida segura en pareja

Una pareja en la cual uno de los integrantes tiene VIH puede llevar una vida normal con sólo tomar precauciones básicas, según el doctor Badial.

Si una persona recibe un tratamiento antirretroviral efectivo, se reduce en un 96% la probabilidad de transmitir el VIH a su pareja.

En caso de ocurrir un accidente, existen medidas de emergencia que debe seguir una persona sin VIH que fue expuesta al virus por su pareja, como realizarse una profilaxis postexposición al VIH, la cual consiste en tomar antirretrovirales por varias semanas.

Inclusive, hay algunos protocolos que todavía no se implementan en México que incluyen darle tratamiento a una persona sin el virus que vive con un seropositivo para evitar la transmisión, asegura el doctor Badial.

En el caso de una pareja con VIH la advertencia es por la posibilidad de reinfección, afirma el especialista. “No siempre el virus es igual, hay algunos virus resistentes al medicamento, que pueden ser de subtipos diferentes”, afirma.

Inclusive una pareja puede procrear un hijo aún si el padre tiene VIH mediante la técnica llamada “lavado de semen”, tras lo cual la futura madre puede ser inseminada artificialmente con espermatozoides con carga viral negativa.

Cada vez menos muertes

Tan solo en la Clínica Especializada Condesa, hay unos 7,000 pacientes tratándose, con un crecimiento anual del 14%, según datos de la clínica a los que tuvo acceso CNNMéxico. Esto significa que para 2018 la cantidad de pacientes atendidos podría duplicarse tan sólo en ese centro de salud.

Según Censida, las muertes asociadas al sida han disminuido significativamente en los últimos años en gran medida debido al incremento en el acceso al tratamiento antirretroviral (TARV) de calidad.

En 2011 se estimó que en el mundo murieron 1.7 millones de personas, principalmente por falta de acceso a un tratamiento efectivo, cifra que contrasta con los 2.3 millones que se estimó murieron en 2005.

En México, la detección de los nuevos casos va a la baja según el informe 2012 sobre el estado que guarda la infección en México realizado por el Censida. Mientras que en 2008 se registraron picos de más de 12,000 casos nuevos, en 2011 la cifra se redujo a poco más de 9,900. La mortalidad también se ha reducido de 4.9 fallecidos por cada 100,000 habitantes en 2008, a 4.3 en 2011.

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