El último cigarro: seis exfumadores que superaron su hábito para siempre

Estas personas cuentan las dificultades que tuvieron para superar su adicción y las recompensas finales de dejar el tabaco
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smoking smoke fumar cigarro  .
(Reuters) -

Para uno de ellos, fue un susto médico. Para otro, las palabras de un amigo lo golpearon en un instante. Y para uno más, fue la pérdida de un ser querido.

Muchos exfumadores aún recuerdan su último cigarro y el momento en el que decidieron dejar el hábito de una vez por todas.

En México existen 17.3 millones de fumadores de entre 12 y 65 años de acuerdo con la última Encuesta Nacional de Adicciones elaborada en 2011. 

A continuación presentamos un breve recuento de los casos de seis exfumadores y el momento en que decidieron que había llegado hora de decirle adiós a los cigarros.

La abuela de Kara Wethington, de 66 años de edad, acababa de morir.  Fue cuando Wethington fumó un cigarro por última vez.

Era el año 2000, y decidió que ésta sería su última vez.

"Me causó impresión porque esta mujer fumaba cuatro paquetes de cigarro Pall Mall al día y trabajaba tiempo completo como enfermera", dijo la residente de Los Ángeles, Estados Unidos, quien en ese entonces tenía 23 años.

"Siempre me sentí confiada de que mi abuela podía fumar como chimenea y estar bien, incluso todo este tiempo después. Lucía de 100 años, pero se comportaba como si tuviera 60".

Sin embargo, "lo cierto es que se enfermó de neumonía y sus pulmones no resistieron más".

Mientras terminaba de fumar su último cigarro, Wethington reflexionó sobre cómo llegó hasta ese punto. "Me encantaba fumar. El aspecto social que implica, el sabor, la forma en que me hacía sentir; todo ello era algo romántico para mí".

Sin embargo, la muerte de su abuela fue "la gota que derramó el vaso" luego de que la misma Wethington fue diagnosticada con una infección severa por estreptococo. Y no ha dado marcha atrás en 13 años.

"He soñado que estoy fumando, y han sido sueños tan reales que la línea divisoria entre la realidad y la fantasía afectaba mi memoria. Sé que no fumé, pero a veces esos sueños me daban una sensación tan agradable, y otras sentía un verdadero arrepentimiento".

Fumar para ser aceptado

El último cigarro de Lisa Gonsalves es un vago recuerdo en comparación con la "tormenta perfecta de problemas de salud" que le sobrevino en 2005.

Al principio, parecía ser una gripe de invierno, pero cuando llegó el año nuevo, se vio con dificultad para respirar en cualquier posición que no fuera estando sentada.

Casi llegó a ser demasiado tarde para recibir tratamiento.

"Fui a parar al hospital durante 12 días, con dos tubos en el pecho y el potencial de que me abrieran sólo para sacar la 'porquería' de mi pecho. Me siento afortunada porque mi salud se restableció y no tuve que someterme a cirugía. Mi recuperación fue larga y tediosa".

Su esposo nunca la había visto tan enferma. "Su mirada de pánico e impotencia me convenció de que tenía que ponerle un alto".

Como muchos exfumadores, lo que hizo cambiar a la consultora en materia de salud de Los Ángeles fue llegar al último de muchos momentos decisivos; ella había empezado a fumar de adolescente, con el propósito de encajar.

El primero fue el nacimiento de su bebé; el segundo y tercer momento decisivo fue el derrame cerebral de su madre (a la edad de 50 años) y el infarto de su abuela.

"Me tomó un tiempo aceptar que era una fumadora social y por estrés", indicó.

"La presión del trabajo y frecuentar bares alimentaban mi hábito, pero fumar me hacía sentir bien aunque fuera sólo por un momento. Lo peor es que yo sabía que estaba mal. Trabajaba en el área de atención de salud y podía ver los efectos que fumar produce a largo plazo".

"No puedo decir que no me hace falta, especialmente cuando me siento estresada. Constantemente tengo que traer a la memoria el dolor que sentía y la sensación de que me ahogaba porque no podía respirar, para evitar salir corriendo a comprar otro paquete. Es un juego mental que enfrento todos los días, pero cada día que paso sin fumar me fortalezco más".

Las palabras que cambiaron su vida

Cuando Bob Miller fumó su último cigarro, supo que había llegado al final. Las palabras pronunciadas por uno de sus amigos lo golpearon como una tonelada de ladrillos".

Después de un proceso gradual en el que trató de dejar de fumar en 2006, ella le dijo, "Sabes, Bob, nunca habrá un buen día para dejar de fumar, ¿cierto?".

El instructor de asambleas de Easley, Carolina del Sur admite, "Aún hay momentos en los que pienso que me gustaría fumar, pero de ninguna manera lo haré. ...Me siento mejor y definitivamente huelo mejor".

Dejarlo a cualquier edad

Ash Li (quien escribió en iReport y no quiso que su nombre fuera revelado) de Springfield, Tennessee, fumó su último cigarro en cuanto supo que las aerolíneas lo estaban prohibiendo. Debido a que era una viajera frecuente, no podía soportar la idea de seguir con su adicción mientras volaba y sabía que no había nada que pudiera hacer al respecto.

Así que, el 9 de julio de 1992, después de siete años de fumar dos paquetes diarios, lo dejó de una vez por todas. "No he fumado un sólo cigarro desde ese día, pero cuando alguien fuma cerca de mí, tengo que respirar profundo", dijo.

"Esa primera inhalación de un cigarro todavía me afecta, pero todo lo que viene después me desagrada. Soy la peor exfumadora que hay; no soporto estar cerca de alguien que fuma o ha fumado; tampoco puedo estar en un espacio cerrado con un fumador".

Se sintió muy preocupada cuando su hija empezó a fumar; ya que temió que ella fuera a caer en los mismos hábitos.

Sin embargo, mientras realizábamos este artículo, nos compartió buenas noticias.

"Me emociona mucho contarles que mi hija ha dejado de fumar utilizando los nuevos cigarros electrónicos que ahora están disponibles. Ya no tose tanto como antes, ni está tan ronca. Realmente espero que estos cigarros electrónicos no traigan consigo riesgos a la salud que aún no han sido descubiertos. Mientras tanto, la animo a seguir con ellos y a mantenerse alejada de los que producen cáncer".

Un regalo de San Valentín

Paul Tamasi, el dueño de una pizzería, hace pizzas temáticas para mostrar su opinión sobre un tema en particular. Recientemente, hizo una con un símbolo de "no fumar", como recordatorio de lo ocurrido el 14 de febrero de 1985.

Ese año, en el Día de San Valentín, Tamasi arrojó su último cigarros a la basura. Con esto, estaba dejando el hábito de fumar dos paquetes diarios por 20 años, lo cual inició cuando tenía 13 años.

"Estaba seguro y decidido de que se trataba de mi último cigarro", indicó.

"Compraba dos paquetes al día y a veces se me acababan. Entonces, le pedía cigarro a mi compañera de trabajo. Un día, le pedí un cigarro y me dijo, '¿Por qué no vas a comprar más?' Ahí fue cuando me di cuenta de que tenía un serio problema. Me dije a mi mismo que era suficiente, y que tenía que hacer algo al respecto".

Entonces, ¿por qué el Día de San Valentín?

"Elegí este día porque sabía que si daba resultado, siempre podría recordar el día en que dejé de fumar", explicó el residente de Belvidere, Vermont.

Sintió como si le quitaban un peso de encima, y se siente de la misma forma 28 años después.

"Cuando fumaba y hacía deportes, sentía que el pecho se me hundía y me costaba respirar. Ahora no experimento esa sensación tan desagradable porque ya no fumo. No hace falta decir que tengo mucho más dinero en mi billetera de lo que tendría si tuviera que pagar el alto precio de los cigarro".

Cigarros y canela

Para Linda Parker, su último cigarro fue algo que ya veía venir y estaba lista para dar los pasos necesarios.

Luego de participar en un curso de tres semanas, patrocinado por la Asociación Estadounidense del Pulmón, tuvo que renunciar a sus cigarro y a su encendedor.

Fumó su último cigarro, y luego pasó a los dulces de canela, quiebramuelas y otros similares para suplir la necesidad de la sensación de calor del cigarro.

Se decidió a hacerlo luego de que a su madre le colocaran su sexto marcapasos y luego de que su padre fuera diagnosticado con cáncer de próstata. Su hijo había sido diagnosticado con la enfermedad de Legg-Calvé-Perthes, la cual afecta las caderas. Los doctores le dijeron que la enfermedad podría haber sido causada por su adicción al cigarro.

"Las primeras dos semanas que pasé sin fumar fueron sencillas, pero luego, en la tercera semana, sentí que iba a morir. No había dormido mucho, no soñaba, estaba bastante irritable y comía exageradamente".

Eso fue hace 20 años. Aún así, siguió luchando durante gran parte de ese tiempo. "Me tomó años dejar de soñar con que tenía un cigarro en la mano, y a veces me despertaba y no estaba segura de si había fumado o no", expresó.

"Por suerte, nunca he fumado un cigarro más, ni siquiera un jalón".

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La residente jubilada de Flossmoor, Illinois, Estados Unidos, se dijo a sí misma que podría volver a fumar cuando cumpliera 65 años. Pero Parker acaba de cumplirlos este mes.

"Fue demasiado difícil dejarlo, y el placer que brinda,  es mucho menor al daño que ocasiona".

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