"La diabetes juvenil se vuelve una oportunidad para vivir bien"

Tener este padecimiento no impide tener una vida normal; el ejercicio, dieta y la aplicación de insulina son las bases para controlarla
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Autor: Lizbeth Padilla Fajardo | Otra fuente: CNNMéxico

Para Eduardo, ser diagnosticado con diabetes tipo I a los 23 años no significó una sentencia, sino una oportunidad para cambiar su vida: dejar las adicciones y preocuparse más por él. 

“La diabetes se vuelve una oportunidad para vivir bien”, dice Eduardo Rivas quien tiene ya siete años con diabetes, mismo en los que ha tenido momentos malos y buenos con la enfermedad. 

La diabetes tipo I, o llamada insulinodependiente, se desarrolla con más frecuencia en la infancia y hasta entrados los 30 años, según la Fundación Investigación en Diabetes, A. C. 

“Esta diabetes tiene que ver con un fenómeno de autoinmunidad, que el propio cuerpo no reconoce a las células beta del páncreas encargadas de producir insulina y las destruye”, dice la médica María Elena Sañudo Maury, Gerente de Grupo Médico Metabolismo de laboratorio Janssen. 

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Con la destrucción dejan de producir insulina y es el momento en que súbitamente tienen las manifestaciones de la enfermedad. Estos niños o adolescentes tienen una falta total de producción de insulina”, detalla la médico especialista en diabetes. Como el cuerpo ya no produce insulina los pacientes deben inyectársela diariamente para sobrevivir. 

Algunos genes llamados HLA son asociados con la predisposición a esta enfermedad, según la Fundación Investigación en Diabetes, A. C. (FIND). 

“Además de esos genes tiene que haber algún mecanismo por el cual se desate la autoinmunidad, pueden ser factores externos, como una infección viral”, explica Sañudo Maury. 

El 90% de los menores que desarrollan diabetes tipo I no tiene ningún familiar con el padecimiento.

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Eso ocurrió con Eduardo Rivas y su hermano. Aunque ninguno de sus padres padecía o tenía riesgo de padecer diabetes su hermano mayor fue diagnosticado a los 15 años con diabetes tipo I, entonces él tenía 13. 

“Yo veía entonces como mi hermano se podía tomar un litro de refresco de un solo trago. Cuando lo diagnosticaron fuimos a terapia familiar para ver como tiene que vivir un diabético, en ese tiempo yo estaba en la adolescencia, lo que menos me importaba era la salud, yo solo quería echar desmadre, no era un tema importante en mi vida”, dice Eduardo. 

Este tipo de diabetes no es el más común, pues solo el 5% de los pacientes diabéticos la desarrolla, señala Sañudo Maury. 

Este 14 de noviembre es el Día Mundial de la Diabetes, instituido en 2007 como respuesta al alarmante aumento de los casos en el mundo.

El 90% de los diabéticos en México, 6.8 millones, padecen el tipo II, (relacionada con el sobrepeso y la inactividad física), según la Secretaría de Salud; mientras que se estima que solo 600,000 niños y jóvenes desarrollan el tipo I, de acuerdo con estimaciones de empresas de salud. 

A los 18 años, “por curiosidad familiar”, Eduardo se revisó los niveles de glucosa, entonces tenía 180 mg/dl. Los niveles normales deben ser de 70 a 100 mg/dl antes de comer y menores de 140 mg/dl después de comer. 

Entonces le pidieron que “tuviera mucho cuidado. No le daba importancia al tema hasta que se empezaron a mantener los síntomas”, cuenta Eduardo, quien trabaja en un estudio de animación. 

“Lo primero que sientes es calambres en las madrugadas, en los pies, una sed insaciable, un litro y medio de agua te la puedes tomar de un solo trago, por ende a cada rato estas orinando, empiezas a padecer cansancio constante y muchas ganas de dormir. Fue cuando me di cuenta que era portador de la diabetes”, recuerda Eduardo. Entonces tenía 23 años. 

El periodo de gracia con la enfermedad 

Eduardo tuvo una luna de miel con la enfermedad. Aunque a estaba diagnosticado no padecía la sintomatología, pero acudió al médico y comenzó a cuidar su alimentación.

En este periodo las células beta todavía funcionan por lo que por algún tiempo es más fácil controlar los niveles de glucosa y requieres de poca insulina para alcanzar los niveles adecuados, según la FIND.

“Cuando me diagnosticaron la diabetes yo no me espante, no lo tome a mal, no me deprimí, yo lo tome como una manifestación divina (para cuidar mi salud)”.

Para controlar la diabetes tipo I se debe llevar una dieta controlada, sobre todo de los alimentos con azúcar y los carbohidratos, aplicarse insulina y hacer ejercicio, dice la médico Sañudo Maury.

Dos años y medio después del diagnóstico, una ruptura emocional con su novia y la decisión de irse a vivir solo a Puebla lo hicieron descuidar su salud y sentir el “embate emocional con uno mismo. Saberte que estas solo en ese momento”.

Ahí terminó la luna de miel.

“Por temor a la mirada de 'probrecito' no comentaba mi diabetes, (cuando vivía en Puebla) y me daba pena rechazar los alimentos que me ofrecían a donde iba, ahí empecé a desatenderme.

“Empecé a flaquear y empecé a ver como un reto la diabetes, empezó a pesarme ser diabético. Cuando te das cuenta que no es un juego, que es algo real y que eres responsable de ella llega el momento donde la padeces”, cuenta.

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Entonces llegó la obsesión por el pan de azúcar, la compulsión por los alimentos dulces y preguntas como por qué yo, por qué si me cuido no puedo reducir mis niveles de glucosa.

Eduardo pidió ayuda. Acudió a un grupo de apoyo emocional para diabéticos de la Asociación Mexicana de Diabetes.

Entonces retomó el control de la enfermedad, empezó a hacer ejercicio, una dieta balanceada y un nuevo tratamiento con insulina, la cual se aplica una por la mañana de larga duración (24 horas) y dos inyecciones más en la mañana y la tarde antes de los alimentos. 

La vida con diabetes

Eduardo dice que “olvidó” que la diabetes es crónico degenerativa. “Mi vista ya no está igual, se cansa fácilmente, los procesos de cicatrización son más lentos”.

Ahora dedica solo el tiempo necesario a su trabajo de animación de corto y largometrajes para poder hacer ejercicio. No es fiestero así que trata de no desvelarse, pues esto dispara los niveles de glucosa.

Tiene muy claro que la responsabilidad de cuidarse es solo de él, y que si no se está bien emocionalmente por ahí también puede atacarlo la enfermedad.

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Todo es medible y controlable con la diabetes. La mortalidad es muy baja, solo dos de cada 100 defunciones se deben a este padecimiendo, según datos del INEGI.

“La diabetes es muy sencilla de encauzar si tienes estos tres lineamientos: medicación, ejercicio y salud emocional. Si trabajas esos tres aspectos la diabetes no se vuelve mas que una acompañante en tu vida que te hace ser un termómetro para darte cuenta que tan sano estas viviendo tu vida”. 

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