De San Francisco a Lake Tahoe, una gran aventura por el oeste de EU

Adentrándose en las montañas, Lake Tahoe es un destino que fusiona vino, nieve y hoteles a la orilla del lago
Autor: Juan Carlos Villanueva | Otra fuente: TRAVEL+LEISURE

Después de cuatro horas de camino en la carretera, ha quedado atrás el puente Golden Gate de San Francisco que, a sus 82 años de edad, aún conserva la apariencia que remite a los excesos que conlleva el bien merecido mote de Californication, sinónimo de diversión, despilfarro e interminables noches de juerga.

En este viaje por la costa oeste de Estados Unidos, que empezó en San Francisco, con Lake Tahoe como destino, Sacramento sirvió de parada para víveres y entremés para llegar a nuestro primer destino: Truckee River Winery, una cabaña donde sirven los vinos más selectos de California, un estado reconocido por la excelencia de sus producciones vinícolas; una bocanada de aire fresco y revitalizador elíxir.

Adentro había madera, tiempo y magia; afuera, la nieve caía como notas que salen de una cajita de música que vive en los recuerdos de infancia.

Los copos de nieve y Truckee River Winery eran la señal de que estábamos cerca, a escasos 10 minutos de la montaña de Northstar, al sur de Lake Tahoe. Nuestro viaje por carretera había sido sólo el principio.

Constellation Residences, que ofrece renta de residencias/departamentos, fue nuestro hogar por un par de noches. Internado en el bosque de la montaña Northstar parece una locación de película salida de la mente de Stanley Kubrick; en la nieve, se podía ver las huellas de coyotes que merodean sigilosamente en la penumbra.

En sociedad con Ritz-Carlton, con el que tiene una alianza para compartir algunas de sus amenidades como el spa, el gimnasio y los restaurantes, Constellation se perfila como la mejor opción para hospedarse en la zona sur de Lake Tahoe, la bandera en la cima de la montaña que nos indica que ahí imperan el lujo y el placer. Todo está ahí, en simetría perfecta: renta de equipo de esquiar, alberca, spa, salón de belleza, restaurantes como Manzanita y Barbecue & Backyard y, al descender la montaña, en un viaje en góndola a la villa —como sacada de un cuento navideño— nos esperan una pista de hielo, tiendas, cafeterías y restaurantes.

La siguiente y última parada del viaje es la montaña Heavenly, a través de una carretera que rodea el lago Tahoe. En colindancia con California y Nevada —la “otra Nevada” como algunos le llaman— es un escenario exuberante en paisajes montañosos, vegetación... un entorno natural difícil de imaginar en un estado que, invariablemente, se asocia con el desierto y los casinos de Las Vegas.

Para las dos últimas noches, el hotel boutique The Landing se perfilaba como el más acogedor de nuestro viaje. Desde mi habitación, las cristalinas aguas del lago Tahoe posaban desnudas, orgullosas de sus siluetas, entregadas como fieles amantes a un paisaje que las acariciaba con cielos azules y espejos cristalinos.

La montaña Heavenly es soberbia, imponente; es un gigante que se erige a 1,993 metros por encima del nivel del mar, con 47 pistas de esquí, 30 de ellas de alta dificultad y, sobre todo, con una espectacular vista al lago Tahoe. Puedo imaginar a Francis Ford Coppola boquiabierto ante este magno escenario, de tal suerte que eligió esta montaña como una de las locaciones para El Padrino II.

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Abajo, en la villa del pueblo, hay bares y restaurantes que sacian a los comensales, mientras trovadores cantan canciones de amor y júbilo junto al calor de de una fogata; casinos como el Mont Bleu y Harrah’s nos recuerdan que estamos en el estado de Nevada.

Desde la cima de la montaña de Northstar, sobre mi tabla de snowboard, descubro el significado de asombrarse de lo extraordinario y de lo mundano, de lo épico y lo sencillo, de la naturaleza y de esas pequeñas cosas que la gente hace con naturaleza. Aquí viene la nieve otra vez, cayendo sobre mi cabeza como un recuerdo, como una nueva emoción. Me pongo las gafas, ajusto el casco y me dejo ir en el viaje de mi vida.

Este es un fragmento de un artículo publicado en la edición de febrero de 2015 de la revista Travel+Leisure, que es parte de Grupo Expansión. La firma edita en México 17 revistas y 11 sitios de internet, entre ellos CNNMéxico.

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