OPINIÓN: ¿Vale la pena ganar una guerra cultural si hay víctimas?

El blogger Rachel Held se pregunta sobre posibles repercusiones de la ley de libertad religiosa de Indiana y recuerda el caso World Vision
Dos simpatizantes de la comunicad LGBT durante una manifestación por los derechos de los homosexuales en 2009
Dos simpatizantes de la comunicad LGBT durante una manifesta  Dos simpatizantes de la comunicad LGBT durante una manifestación por los derechos de los homosexuales en 2009
Autor: Rachel Held Evans | Otra fuente: 1

Nota del editor: Rachel Held Evans es una blogger popular y autor de bestsellers, cuyo ultimo libro, "Searching for Sunday: Loving, Leaving, and Finding the Church" (Buscando el Domingo: Amar, Dejar y Encontrar la Iglesia), sale al mercado el 14 de abril. Las opiniones expresadas en esta columna le pertenecen a Held Evans.

(CNN)- En medio de toda la discusión sobre la nueva ley de libertad religiosa de Indiana, la cual muchos temen derivará en mayor discriminación contra la comunidad LGBT, guerreros por la cultura destacaron el severo aniversario de otra "victoria" conservadora, una que dejó a más de 10,000 niños necesitados, sin su apoyo financiero prometido.

Esta semana, hace un año, me despertaba cada mañana con los ojos rojos e hinchados y una severa sensación de estar exhausta. No había dormido bien desde el 26 de marzo, un día que muchos de mis amigos y lectores marcaron como el último día en que quisieron tener algo que ver con el cristianismo organizado.

Todo comenzó cuando World Vision, una organización humanitaria que había apoyado y promocionado por mucho tiempo, anunció un cambio en sus normas de contratación, permitiendo a gente de matrimonios del mismo género, a trabajar en sus oficinas de EU.

En respuesta, evangelistas conservadores se manifestaron y dentro de 72 horas, más de 10,000 niños habían perdido el apoyo financiero de los patrocinios cancelados de World Vision.

10,000 niños

Además, financiamiento para escuelas, hospitales, proyectos de agua y cuidado médico se vieron amenazados por las iglesias que juraron negar su apoyo a una organización que contrataba gente de la comunidad LGBT.

Como recuerda uno de mis lectores, Anthony, “los líderes de nuestra iglesia prometieron retirar todo su apoyo, incluyendo más de 2 millones de dólares (30.5 millones de pesos) para construir dos hospitales en Zambia".

Para intentar frenar un poco el sangrado, me uní a otros bloggers de World Vision para alentar a mis lectores a apadrinar niños o hacer donaciones únicas a la organización. Habíamos reunido varios miles de dólares y varios patrocinios –muchos proviniendo de parejas gay y lesbianas- cuando el director de operaciones de World Vision anunció que la organización de caridad revertiría su decisión y regresaría a su política discriminatoria contra la comunidad LGBT.

Había funcionado. Usando bienes, hospitales y patrocinios de niños como moneda de cambio en la guerra cultural de hecho había funcionado.

Nunca en mi vida había estado tan enojada con mi propia tradición de fe.

Muchos evangelistas conservadores consideran la reversión de World Vision como una victoria importante en la guerra cultural. Eric Teetsel, director de Manhattan Declaration, le dijo a Christianity Today que lo consideraba “la mejor noticia del 2014” para los cristianos evangelistas. “Esto fue el cristianismo en su mejor momento”, dijo.

Pero cuando inspecciono el campo de batalla un año después, no puedo sino imaginar si acaso los guerreros culturales más estridentes considerarían que la campaña de World Vision valió la pena tomando en cuenta sus muchas víctimas.

Están, sin duda, las familias alrededor del mundo afectadas por el repentino agotamiento de los fondos destinados a apoyar sus hospitales y escuelas, sin mencionar los niños que solían recibir cartas y regalos de sus padrinos, cuyas fotos fueron casualmente arrancadas del refrigerador y tiradas a la basura, una vez que fueron determinados daño colateral de la batalla política estadounidense.

También están las personas gay, lesbianas, bisexuales y transgénero, (en especial los cristianos LGBT) para quienes la campaña representó un golpe más a su humanidad. Recuerdo un amigo gay diciéndome, entre llantos, “los cristianos ni siquiera piensan que soy digno de contestar teléfonos en la oficina de una organización humanitaria. ¿Qué les hace pensar que sería bienvenido en sus iglesias?”.

Y también están los muchos cristianos y excristianos para quienes la campaña de World Vision significó la gota que derramó el vaso en una larga desilusión de la religión organizada.

Cuando enmarqué el aniversario con un estatus de Facebook sobre el tema, me sorprendió cuántos de mis lectores marcaron el 26 de marzo como el día en que se fueron de la iglesia.

“No creo que lo pueda superar,” escribió Kelly. “Cambió mi opinión sobre el evangelismo y mi fe para siempre”.

Anthony, quien solía dar clases dominicales en su iglesia, asiste rara vez ahora.

Esta es la ironía trágica de las guerras culturales, las víctimas suelen ser las mismas personas por las que Jesús se esmeró para ayudar y servir: los pobres, los enfermos, los marginados, los rechazados, la gente que ha sido apartada y llamada "pecadora" por la élite religiosa.

Y cuando el mundo ve a los cristianos lastimando en lugar de ayudando a estas personas, en el nombre de las ganancias políticas, nuestro testimonio disminuye profundamente.

Hemos perdido el camino de Jesús cuando nos comprometemos más a nuestra preservación que al servicio, cuando estamos más ocupados haciendo la guerra que lavando pies.

Con toda probabilidad, la ley de libertad religiosa de Indiana no afectará directamente a muchas personas. Pero en las conversaciones en torno a ella, en donde la discriminación en contra de la comunidad LGBT ha sido tomada como una “creencia religiosa profundamente arraigada” tendrá efectos a largo plazo, no tan distintos de la campaña en contra de World Vision.

Así que le ruego a los guerreros de la cultura: antes de que salgan en su próxima campaña, evalúen el daño colateral potencial y pregúntense si vale la pena. Recuerden que los frutos del Espíritu no son el poder o la fuerza, las influencias o derechos. El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fe, gentileza y autocontrol y “en contra de esas cosas, no hay leyes” (Gálatas5:23).

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Y a los heridos, les ofrezco esto únicamente: No están solos. Por favor sepan que hay doctores, pastores y curas, artistas y activistas, poetas y padres y curadores y soñadores –listos para aceptarlos de regreso a la fe y a la iglesia cuando ustedes estén listos.

Podemos caminar el largo camino a la curación juntos, incluso si es cojeando.

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