Hay otro factor que vuelve distinto este escenario: el planeta ya aumentó 1.46°C respecto a los niveles preindustriales. Más que una cifra abstracta, ese calentamiento es el entorno climático en el que llegará El Niño.
Estrada Porrúa explicó que existe una alta probabilidad de que 2027 se convierta en el año más caliente jamás registrado. Además, El Niño podría añadir hasta 0.3°C extra a una temperatura global que ya se encuentra en máximos históricos.
“Estamos por vivir temperaturas que estén muy cercanas al nivel global de 1.8 grados por encima de su valor preindustrial”, señaló el investigador de la UNAM.
El Acuerdo de París fijó como meta evitar que el calentamiento global superara 1.5°C durante este siglo. Hoy ese límite prácticamente ya está encima.
El error que México no puede darse el lujo de repetir
Durante años, los meteorólogos utilizaron un patrón relativamente estable para anticipar los efectos de El Niño en México: el norte enfrentaba sequías y otras regiones presentaban variaciones menos severas. Hoy ese modelo dejó de ser completamente confiable.
Una investigación publicada en 2025 por Estrada Porrúa y especialistas del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas de Morelia concluyó que el cambio climático modificó las “teleconexiones” del fenómeno, es decir, las rutas mediante las que este fenómeno transmite sus efectos climáticos alrededor del planeta.
En otras palabras: cambiaron los patrones, cambiaron las probabilidades y en algunos casos también cambió la intensidad de los impactos.
“Pensábamos, por ejemplo, que en el norte del país habría sequía, pero existe evidencia de que estos patrones están cambiando”, explicó el investigador. Algo similar ocurre con las lluvias extremas, que ahora podrían aparecer en regiones distintas a las previstas históricamente.