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'Magnánimo' Pacquiao es invencible, molió en el ring a Margarito

El mexicano equivocó la estrategia para enfrentar al mejor boxeador del mundo y terminó con la cara desfigurada
dom 14 noviembre 2010 01:15 AM
Pacquiao
Pacquiao Pacquiao

El filipino Manny Pacquiao suma el nombre de otro mexicano a la lista de víctimas de sus puños. Le perdonó la vida a Antonio Margarito y lo dejó terminar 12 rounds pero con la cara molida.

El que ahora podría adherir a su apodo de Pacman  el de magnánimo, dio una demostración de poderío invencible que lo consolida como el mejor boxeador del mundo del momento.

Pacquiao agigantó su leyenda sobre los cuadriláteros despedazando a Antonio Margarito y con eso se quedó con la corona del Consejo Mundial de Boxeo en la división súperwelter, el décimo título que gana en su octavo peso diferente, algo que sólo él ha logrado en la historia.

El filipino se supo vencedor desde antes de que los jueces lo anunciaran. Durante los rounds finales volteaba a la esquina de su rival buscando que fueran los cercanos a Margarito los que pidieran parar la pelea. Pero la claudicación no llegó aunque algunos del público y los comentaristas de televisión clamaban por ella.

Manny supo que para ser un gran vencedor debía proteger la vida y el honor de su contrincante y bajó la intensidad de su boxeo. Decidió no hacer más daño a su oponente, al que a lo largo de 10 episodios le había desfigurado el rostro y dado el mayor castigo que jamás hubiera recibido en su vida.

El boxeador mexicano, Antonio Margarito, desperdició su oportunidad. Su estrategia, hoy sabemos equivocada, consistió en aguantarle el paso y resistir casi sin hacer daño durante los primeros tres rounds. Los golpes de Manny fueron tales que Margarito no pudo regresar, aunque por momentos lo intentaba.

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Para el round 10, cuando los puños y las piernas del mexicano se veían realmente débiles, la pelea ya era un trámite.

Para el último episodio, parecía que Pacman había dado tregua a Antonio y le regalaba la oportunidad de finalizar la batalla de pie como un guerrero. Margarito lo había sido. No se venció y en momentos puso en apuros e incluso hizo sangrar al mejor libra por libra del mundo.

El indulto de Pacquiao a su contrincante no ponía en riesgo su triunfo. A lo largo de la contienda había dejado muy claro que el mejor boxeador había sido él y que ese cetro súperwelter luciría esplendido en sus manos, a pesar de que luchó por ese cinturón pesando 10 libras menos de lo que estipula la categoría de 154 libras (69.5 kilos).

La creencia boxística de que un buen peleador de menor peso nunca puede ganarle a un buen boxeador de mayor peso fue contradicha en esta, la pelea del año.

Pacquiao dejó claro que al menos en su caso, ese adagio de que no hay un enemigo pequeño ajusta a la perfección. Subió al ring con 144 libras -seis menos que Margarito y 10 menos que lo que estipula la categoría- y midiendo 11 centímetros menos que su oponente, pero a pesar de la aparente desventaja en peso y talla, hizo cimbrar al mexicano como quien golpea con un mazo a un árbol durante toda la noche.

Desde el cuarto asalto el tijuanense ya iba en ruta directa del dolor cuando el filipino le cerró el ojo con una combinación de golpes que entró directo al rostro. Por cada golpe que el tijuanense tiraba, recibía tres o más a cambio del boxeador que ya tiene más que seguro su espacio entre las leyendas.

La velocidad de Pacman fue la clave y hasta se dio el placer de mofarse. Por momentos pareció que era en respuesta a esa burla que le hizo Margarito al entrenador de Manny que padece Parkinson, y de la que no aceptó disculpas. Pacquiao hizo una bicicleta y otros movimientos con los que se caracterizó el inmortal Muhammad Ali cuando las cosas estaban perdidas para sus rivales.

Pacman había prometido una gran función y cumplió. Llevó por esa penitencia del castigo constante a Margarito hasta que se apiado de él y cada vez que algunas combinaciones del mexicano intentaron hacerle daño, cerraba la guardia o salía por un lado para esquivar los golpes.

Margarito mostró su valor y que es un fajador, que prefiere dejar su sangre en el cuadrilátero antes de abandonar, y tuvo su recompensa cuando en el sexto y séptimo round logró algunos de sus mejores impactos y llevar a las cuerdas al filipino que fue mucha pieza para absorber lo mejor que pudo dar el Tornado de Tijuana.

Antonio Margarito fue la novena víctima mexicana de los puños de Pacman que ya tiene pocos rivales en frente que le reten. El grandioso paso de Pacman desde aquel primer título en peso mosca (108 libras/ 48.9 kilos) en 1998 hasta este último en superwelter (154 libras/69.8 kilos), es tan sorprendente como el incuantificable legado que está dejando en el boxeo.

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