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Un estadounidense elige a Palestina para jugar futbol y defender su causa

Omar Jarun es un futbolista que creció en EU pero, ya que su padre es palestino, decidió unirse a la selección árabe y defender su causa
mié 06 julio 2011 09:47 AM

Con una estatura de 1. 96 metros, un mechón de cabello rubio rasurado como un Mohawk y con un acento de Georgia, Omar Jarun tiene la apariencia de haber sido parte de un equipo ganador de basquetbol colegial.

Pero el estadounidense de 26 años no juega basquetbol. O al menos no lo juega bien. “Jugué basquetbol por diversión durante una temporada”, dice a CNN. “La gente me dijo que tenía que intentarlo debido a mi altura. Pero no era bueno para jugar”.

En vez de eso, la vida tenía un camino diferente para Jarun, uno que lo llevaría lejos de su nativa Peachtree City, Georgia.

El domingo pasado alineó como defensa en la selección nacional de futbol de Palestina, cuando enfrentó a Afganistán en un juego que, a sólo un año del Mundial en Sudáfrica, representa uno de los primeros pasos hacia la clasificación para la Copa Mundial en Brasil en 2014. El juego terminó con un empate a un gol.

Pero además de haber sido el primer partido de Palestina para la Copa del Mundo en suelo palestino , el partido del domingo tuvo un significado extra para Jarun. Fue la primera vez que puso un pie en Cisjordania y gracias al juego, pudo hacer planes para visitar su ciudad ancestral de Tulkarem.

Su equipo viajó 24 horas para poder jugar su primer partido contra Afganistán. El juego se cambió de Kabul Tursunzade, un pequeño pueblo con una fundación de aluminio de en el sur de Tayikistán –a pocos kilómetros de la frontera de Afganistán y Uzbekistán– por temor a la violencia en Afganistán.

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Palestina ganó 2-0  en aquel juego, y con el empate, se ha clasificado a la segunda ronda, la cual jugará contra Tailandia.

El partido de regreso en Ramallah fue un hito: es el primer partido para la Copa del Mundo que Palestina juega en su tierra.

“Mi papá me enseñó a jugar. Siempre nos llevaba a mi hermano y a mi y jugábamos en el patio trasero”, dijo Jarun.

“En preparatoria probé con el futbol americano, y de hecho era bastante bueno. Querían que siguiera en la universidad, pero en realidad yo no quería. Quería jugar con un equipo, quería jugar futbol”.

La extraordinaria odisea de Jarun comenzó en Kuwait. Junto con su hermana, su madre estadounidense y su padre palestino, abandonó el país en 1990 cuando las fuerzas de Saddam Hussein invadieron el reino y se inició la primera Guerra del Golfo.

“Recuerdo las bombas estallando. Los misiles cayendo cerca de nuestro departamento. Recuerdo agarrar mi oso y mi hermana y yo corriendo a la habitación de mi papá y preguntando: ‘¿Qué está pasando?’”, dice.

“La mañana siguiente mi papá regresó temblando por las bombas. Ya que somos estadounidenses, mi mamá logró que toda la familia pudiera ir a Estados Unidos. Dejamos todo atrás. Mis padres no tenían nada”.

Al crecer, Jarun pronto descubrió su amor por el futbol, jugando para el AFC Lighting, el mismo equipo juvenil de donde surgieron los jugadores internacionales estadounidenses Clint Mathis y Ricardo Clark.

Su herencia árabe rara vez era problema, dice, pero notó un cambio después del 11 de septiembre. “Si me ves, me veo como un joven blanco”, se ríe. “No me identificaban inmediatamente, como sucede con mi padre, como un árabe. A él lo identifican de inmediato. Pero si me ves, no piensas que soy árabe”.

“Antes del 11 de septiembre no había problema. Siempre me identifiqué como un estadounidense del Medio Oriente. Después del 11 de septiembre, fue muy difícil. Mi papá me decía: ‘ten cuidado con lo que dices’. En el aeropuerto me revisaban dos o tres veces. Lo sabes, es por la seguridad del país, así que no tengo ninguna queja de eso”.

Después de jugar para los equipos Atlanta Silverbacks, Vancouver Whitecaps y en la liga polaca, Jarun regresó a Estados Unidos y se unió al F.C. Tampa Bay en la liga de segunda división de Estados Unidos. Pero para ese entonces ya se había convertido en un jugador internacional.

Un reclutador de la Federación de Futbol de Palestina lo descubrió cuando estaba de gira buscando jugadores profesionales para la diáspora Palestina que podría calificar para jugar en el equipo palestino.

“En ese entonces, cuando pensaba en la selección nacional, pensaba en que en algún momento podría jugar para el equipo de Estados Unidos, pero en realidad nunca recibí la oportunidad, así que tomé esta. Realmente no tenía ni idea que podría jugar para la selección palestina”, dice.

“Sabía que no iba a ser el mejor equipo, sabía que no iba a ser particularmente profesional. Pero podría hacer mi parte. No sabía lo que podía hacer por el pueblo palestino además de jugar futbol. Así que cuando me dijeron que podía jugar en la selección de Palestina, acepté”.

Muchos estarán sorprendidos de que Palestina incluso tenga una selección nacional. En 1998, la FIFA reconoció a Palestina, y es una de las pocas organizaciones internacionales que lo hace, junto a otros países.

Pero después del estallido de la segunda intifada en el 2000, y la imposición de restricciones para los residentes de Cisjordania por parte de los israelíes, la liga local fue cancelada y a los jugadores de la selección nacional se les prohibió viajar al extranjero para cumplir con sus encuentros.

Cuando comenzó la clasificación para la Copa del Mundo de 2006 , a muchos jugadores se les impidió salir de la franja de Gaza y Cisjordania por lo que sólo nueve jugadores pudieron empezar el partido contra Uzbekistán en Doha, Qatar.

Hoy en día el equipo eso un parchado de burocracia. Ellos viajan entre siete juegos de documentos para poder moverse a través de cada frontera, ya sea con Jordania, Israel o Tayikistán. Es una tarea difícil.

Roberto Bishara juega para el Palestino en la primera división de Chile, un equipo compuesto por inmigrantes palestinos. Otros tres son árabes israelíes quienes han jugado en la primera división mientras que los demás juegan en Jordania o para equipos de la nueva Liga Premier profesional de Cisjordania.

El director técnico, Mousa Bezaz, y su asistente, son argelinos franceses. Ocho jugadores y el entrenador de guardametas son de Gaza, que está controlado por el movimiento activista palestino Hamas y en muchos aspectos están aislados del resto del mundo.

Otros tienen una identificación del este de Jerusalén, una identificación separada, reservada para los palestinos que viven en la ciudad dividida o tienen familia allí.

Los jugadores nacidos en Gaza que ahora juegan en Cisjordania, fueron recientemente restringidos a volver a entrar a su país a través de Jordania. Al defensor Abdel Latif Bahdari, posiblemente el mejor jugador del equipo, en repetidas ocasiones se le prohibió el permiso para salir de Gaza a través de Egipto debido a la prohibición de visas para hombres entre los 18 y 40 años de edad. Para el momento en que logró salir, fue demasiado tarde para que él pudiera jugar con el equipo.

Jarun recuerda la primera reunión con sus compañeros de equipo. “Su primeras impresiones fueron: ‘¿Quién rayos es este tipo?’ ‘¿Cómo demonios este tipo es palestino?’ Pero me dieron la bienvenida como si fuera uno de sus hermanos. No fue como si fuera un extraño. Nadie juzgaba a nadie.

“Ellos se dieron cuenta que tenía buenas intenciones con el equipo. Al ser un estadounidense, puedo decirle a la gente en Estados Unidos lo que estaba pasando en su país”.

Jarun cree que lo que pase con el equipo hará mucho más que lograr que Palestina avance rumbo al Mundial 2014.

“Creo que el partido es enorme. Los deportes unen a los países y no conozco una mejor manera para que el mundo conozca de Palestina aparte de su equipo de futbol”, explicó.

“Al venir del extranjero, siento que este es un gran paso para este país. Podemos mostrar que los palestinos son gente normal”.

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