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Nadia Comaneci, el primer diez perfecto en gimnasia olímpica

En Montreal 1976, Comaneci se convirtió en la atleta más reconocida del planeta con tan solo 14 años de edad
vie 13 abril 2012 12:38 PM
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Nadia Comaneci siempre será recordada como la primera gimnasta en alcanzar un diez perfecto en una competencia olímpica antes de ganar tres medallas de oro en los juegos de Montreal en 1976.

Comaneci, quien apenas tenía 14 años, fue a los Juegos Olímpicos y admitió tener “muy pocas esperanzas”. Sin embargo, en pocos días se convirtió en la atleta más reconocida del planeta.

Compitiendo por Rumania recibió siete dieces tanto en barras asimétricas como en viga y las demás disciplinas, obteniendo la plata por equipo y el bronce en piso.

“Es difícil creer que hace 36 años hice eso, no parece que haya pasado tanto tiempo. Recuerdo todas las rutinas, todo”, mencionó en entrevista para la serie Héroes de CNN.

Con Bela y Marta Karolyi como entrenadores, Comaneci ganó otras dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Moscú y conquistó dos medallas de oro en campeonatos mundiales, así como nueve a nivel europeo.

Se retiró de las competencias en 1981 para fungir como entrenadora, pero en 1989, poco después de la revolución donde se derrocó al presidente rumano Nicolae Ceaucescu, Comaneci huyó hacia Estados Unidos.

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En 1994 se comprometió con el gimnasta estadounidense Bart Conner, a quien había conocido en 1976. Se casaron en 1996 en Bucarest, la primera vez que regresaba Comaneci a su país natal desde la huida.

Comaneci recibió la nacionalidad estadounidense en 2001 y aún forma parte del mundo de la gimnasia mediante una academia de dirige al lado de Conner, al tiempo que es miembro honorario de federaciones tanto rumanas como internacionales.

Los primeros años

Karolyi la descubrió a los 6 años, cuando Comaneci comenzó a entrenar en su academia, en el pueblo de Onesti.

“No sabía que quería ser gimnasta, sólo entré al gimnasio”, menciona. “Me gustaba mucho el lugar porque parecía un salón de juego de alta tecnología con tapetes y muchas cosas de donde me podía colgar”.

“Pero me gusta la competencia y quizá, si no hubiera hecho gimnasia, me habría dedicado  a practicar otro deporte y, con suerte, habría sido buena en ello”.

Ese sentido competitivo le permitió figurar en la escena internacional con cuatro medallas de oro en los campeonatos europeos de Noruega, en 1975, y el año siguiente le llegó la inmortalidad olímpica.

Inspiraciones

En una edad de oro para la gimnasia femenil, en los Juegos Olímpicos de 1972 en Munich figuraron dos competidoras que tenían gran influencia sobre Comaneci, quien las observaba desde Rumania.

Admiraba a la grácil Ludmilla Tourischeva, quien había ganado la de oro en todas las disciplinas, pero había una soviética, la diminuta Olga Korbut, quien atrapó su imaginación –y la de la audiencia– al ganar tres medallas de oro.

Según Comaneci, “Olga Korbut era la gimnasta más famosa de ese tiempo, pero al verla me decía ‘ojalá un día sea como ella’”.

Cuatro años después compitieron entre sí, en Montreal. Ahí, Korbut ganó la de oro como parte del equipo ruso, lo que relegó al equipo rumano a la plata.

Perfección

Mientras Comaneci extrañaba el oro en equipo, sus presentaciones individuales en todas las disciplinas lanzaban a la adolescente a la fama.

Al competir en las barras asimétricas, Comaneci fue la primera en alcanzar la perfección con una calificación de diez, por parte de los jueces.

Pero había cierta farsa mientras esperaba la calificación. “En primera, no era un diez, era un uno punto cero cero ¡porque las computadoras no estaban listas para el diez!”, recuerda Comaneci.

“No podían poner el diez, de modo que no había suficiente espacio después del decimal para poner el 10”.

“Dijeron que era un uno punto cero cero o un cien, lo cual no significaba nada en gimnasia, o un uno es…, es una mala calificación en esta disciplina”.

Luego de superar ese error técnico, Comaneci pudo celebrar con sus compañeros pero, a diferencia de la emocional Korbut, ella no mostró demasiada emoción durante la competencia, lo que le valió varias críticas.

“Siempre he dicho que no soy de las personas que ríen todo el tiempo pero sí sonreía al final de la rutina”, afirma Comaneci.

“Creo que cuando estás en una barra de cuatro pulgadas, no te importa reír o sonreír o saludar al público porque el segundo siguiente estarás en el suelo”.

Al recordar las proezas, la equivalente a la primera milla en cuatro segundos, siempre minimiza sus logros.

“La gente me pregunta cuál es la definición de perfección pero yo digo que no la hay. Cuando tenía 14 años hice algo que la gente no esperaba”, explica.

“Es una escalera que subes a lo largo de la vida. Yo llegué primero”.

Filosofía

Comaneci está consciente de que, tal como hizo Korbut antes que ella, inspiró a una generación de gimnastas pero cree que ellas deberían poner su propia marca en sus carreras.

“Creo que no se debe repetir lo que yo hice, cada quien debe ser único y dedicarse a lo suyo. Creo que los niños deben tener sus propios modelos a seguir desde pequeños pero no creo que deban imitar a nadie”.

Comaneci pasó horas y horas entrenado a una edad temprana y ganar sus medallas de oro y dice que esa es la verdadera receta para el éxito.

“Debes tener pasión en lo que haces, trabajar duro y tener mucha motivación porque eso te llevará a lugares que jamás imaginaste”.

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