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Los motivos detrás de la renegociación

México y la Unión Europea comenzarán a revisar su tratado comercial en 2016; pese a las críticas de algunos, ambos dicen que es necesario.
La agencia señaló que las negociaciones presupuestarias del bloque han llegado a ser más disputadas.  (Foto: Getty Images)
union europea

Hasta hace un par de años, Alpasa Farms, una empresa de producción de berries de Michoacán, exportaba sus frutos exclusivamente a Estados Unidos.

Pero la posibilidad de vender a Europa sin aranceles, por el Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM), hizo voltear a Geovanni Oseguera, director general de la empresa, al viejo continente.

“Si lo sabes aprovechar (el TLCUEM) es extraordinario porque es como si lo mandaras de Michoacán a Jalisco”, dice Oseguera. “No tienes ningún obstáculo, el único obstáculo es encontrar el camioncito o el avioncito adecuado”, explica.

Para esta temporada espera exportar 300,000 de los 1.2 millones de cajas que producirá.

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Éste es sólo un ejemplo de los sectores que se han beneficiado del acuerdo, que ayudó a aumentar el intercambio comercial entre México y la Unión Europea en 247% en los últimos 15 años.

Con el fin de seguir impulsando el comercio, ambos miembros volverán a sentarse a la mesa para convertirlo en un documento de “nueva generación”.

Esto significa que, además de revisar lo acordado en el año 2000, eliminarán o agregarán nuevos elementos al acuerdo para adecuarlo a la realidad actual.

“El tratado se firmó cuando la Unión Europea tenía 15 países y otros problemas distintos a los que hoy tiene”, dice Juan Antonio Pizano, socio en comercio internacional y aduanas de la consultora kpmg. “El tratado se quedó quizá atrasado en ese sentido”.

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Hoy, luego de varias expansiones, el bloque regional europeo tiene 28 miembros, tras haber incorporado a países como Bulgaria, Croacia, Polonia, Letonia y República Checa.

Las pláticas iniciarán en enero de 2016, con miras a que  la nueva versión del tratado entre en vigor a finales de ese mismo año.

La dinámica del comercio mundial obliga a hacer cambios constantes, que en el caso del Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europa y México se centrarían en inversiones y comercio con un mayor peso en cuestiones laborales y ambientales, entre otros elementos, según analistas, expertos y diplomáticos.

“No queremos negociar o tener como resultado de este proceso de plática con México algo que esté por debajo de lo que hemos logrado en la negociación de un Tratado de Libre Comercio con Canadá, o de lo que México ha logrado con  el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP) o lo que ojalá logremos nosotros con la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP, entre la UE y Estados Unidos)”, explica Andrew Standley, embajador de la Unión Europea en México.

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Si las negociaciones se logran alinear a lo acordado recientemente en el TPP, la agenda podría tener un espectro más amplio de temas que incluirá también puntos como la propiedad intelectual, dice Pizano.

“Lo único que podemos esperar será un tratado más parecido al TPP que de lo que tenemos hoy”, explica el analista de KPMG.

Sin embargo, la revisión del tratado entre México y la Unión Europea también podría abrir las puertas a la incertidumbre, según Marta Ochman, profesora del Departamento de Derecho y Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey, campus Estado México.

“Ni la Unión Europea ni México tienen una claridad realmente en qué sentido quieren actualizar este acuerdo”, dice.

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A excepción de las inversiones, el tratado ha generado mucho menos comercio que entre México, Estados Unidos y Canadá, dice Kim Nolan, académica del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

“NAFTA es mucho más importante para México por muchas razones”, señala.

Nuevos horizontes

Pese a las críticas, Standley asegura que la modernización del tratado sí es prioritaria para los socios.

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México y la Unión Europea buscarán agregar elementos que en su momento fueron excluidos del documento, como el comercio electrónico, la propiedad intelectual y las compras públicas, por la importancia que han tomado en la última década.

Otro tema relevante serán las inversiones, según Standley, ya que en el acuerdo original se dejó abierta la puerta a que cada país decidiera dónde y cuánto invertir.

La ampliación de la cobertura agropecuaria, la eliminación de las cuotas de exportación y el transporte aéreo son otros elementos a negociar, según Frederic García, presidente del Consejo Ejecutivo de Empresas Globales.

También se necesita una modernización de las reglas de origen, que son los criterios que determinan la procedencia nacional de un producto, explica Pizano.

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“Veo una necesidad de actualizar reglas de origen para adecuarlas a la nueva realidad de las dos economías: la mexicana, que es una economía más sofisticada con una manufactura de mayor sofisticación y menos ensamblaje directo y, dos, la incorporación de nuevos socios europeos de renta media”, señala.

El principal beneficio de esta “modernización” será el aumento de inversión entre ambas partes, agrega Pizano.

“Si México aprovecha la coyuntura, se podrá convertir en una plataforma exportadora, en una bisagra entre Asia y Europa”.

Este artículo apareció en el número 1178 de la Revista Expansión, disponible desde el 6 de noviembre de 2015.

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