La agroindustria azucarera atraviesa una fase delicada, pues la sobreoferta presiona los precios, reduce márgenes de ganancia y afecta a miles de productores que dependen de ese cultivo.
El arancel previo bajo trato de nación más favorecida dejó de ofrecer protección real en un escenario dominado por una caída global del precio del azúcar. Ante ese deterioro, el gobierno optó por elevar de forma drástica las tasas aplicadas a las importaciones.
El decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación sustituye cuotas específicas de entre 0.338 y 0.39586 dólares por kilogramo por tasas ad valorem de 156% y 210.44%, según la fracción arancelaria. La medida entró en vigor este 11 de noviembre para países con los que no se tiene un acuerdo comercial.
Los nuevos niveles aplican a azúcares de caña, azúcar líquida refinada, azúcar invertido, productos con alto contenido de azúcar y jarabes aromatizados o coloreados.
La actualización recibió el aval de la Comisión de Comercio Exterior y el respaldo de la Secretaría de Economía y la Secretaría de Hacienda.
El texto oficial señala que la medida cumple con los compromisos de México ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y que respeta los límites consolidados en las listas multilaterales.
También se alinea con el Plan Nacional de Desarrollo y con la visión industrial del Plan México, que plantea fortalecer sectores clave y corregir distorsiones en mercados expuestos a cambios bruscos en precios internacionales.
El gobierno confía en que el incremento arancelario permitirá estabilizar el mercado, mejorar la posición de los productores nacionales y evitar un deterioro mayor de la cadena productiva.