Beth Hammack, presidenta de la Fed de Cleveland; Neel Kashkari, de Minneapolis, y Lorie Logan, de Dallas, votaron por aumentar la tasa en 25 puntos base, hasta un rango de 3.75% a 4.00%. Fue la primera ocasión desde 2016 en que tres integrantes discreparon en la misma dirección para solicitar una política monetaria más restrictiva.
La votación refleja un cambio en el balance de riesgos de la Fed. Mientras el presidente Donald Trump mantiene sus presiones para reducir las tasas y abaratar el crédito, una parte del banco central considera que la economía conserva suficiente fortaleza para soportar un nuevo ajuste.
“La actividad económica se está expandiendo a un ritmo sólido”, señaló la Fed. El organismo destacó que la inversión de capital y el crecimiento de la productividad continúan fuertes, mientras que la creación de empleos ha mantenido el ritmo de expansión de la fuerza laboral y la tasa de desempleo ha variado poco.
El problema sigue siendo la inflación, que permanece por encima del objetivo de 2% del banco central. La Fed reconoció que los choques de oferta han incrementado los precios en determinados sectores, particularmente en el energético, en un entorno de elevada incertidumbre relacionada con el conflicto en Medio Oriente.
Los funcionarios partidarios de elevar las tasas también han expresado preocupación por la fortaleza de la demanda interna. A las presiones derivadas de los aranceles y del petróleo se suma la inversión de cientos de miles de millones de dólares en centros de datos, infraestructura eléctrica y capacidad de cómputo vinculada con el auge de la inteligencia artificial.
Aunque las tasas de interés tienen poca capacidad para corregir directamente un aumento del petróleo o de los aranceles, sí pueden enfriar otros componentes de la demanda y evitar que estas presiones se propaguen de manera persistente hacia el resto de los precios.
La pausa prolonga el periodo de costos financieros elevados para empresas y hogares. La tasa de la Fed influye de manera directa en créditos de corto plazo, como tarjetas y financiamientos automotrices. En tanto, los préstamos hipotecarios y el costo de financiamiento de largo plazo dependen principalmente del comportamiento de los bonos del Tesoro, cuyos rendimientos han aumentado.
La tasa hipotecaria a 30 años llegó la semana pasada a 6.76%, su nivel más alto en casi un año, de acuerdo con la Mortgage Bankers Association. Esto implica que, aun sin un aumento inmediato de la Fed, el costo del crédito puede continuar subiendo en algunos segmentos.