Pese a ese descenso, alrededor de uno de cada 15 menores de esas edades realizó actividades económicas por debajo de la edad mínima para trabajar o en condiciones peligrosas para su salud, seguridad o desarrollo.
De los 1.8 millones de menores en ocupaciones no permitidas, alrededor de 800,000 tenían menos de 15 años y un millón eran adolescentes de 15 a 17 años que desempeñaban trabajos peligrosos.
Trabajar sin recibir ingresos
El 36.2% de quienes realizaban ocupaciones no permitidas no recibió ingresos, mientras que 52.9% percibió hasta un salario mínimo. Solo 8.1% obtuvo ingresos superiores a un salario mínimo; el resto no especificó cuánto recibió. La falta de ingresos fue más frecuente entre las niñas: 41.6% no recibió remuneración, frente a 34% de los niños.
El trabajo también estuvo estrechamente relacionado con el entorno familiar. El 58% trabajaba o ayudaba a un familiar y 73.6% se desempeñaba en unidades económicas de dos a cinco personas.
Entre los motivos reportados para trabajar, 30.6% señaló hacerlo por gusto o solo por ayudar; 22.4%, para pagar la escuela o cubrir sus propios gastos, y 14.9%, para aprender un oficio. Otro 9.8% indicó que el hogar necesitaba de su trabajo y 6.6% que requería su aportación económica.
Del campo a la construcción y las ventas
Las actividades de apoyo en agricultura, ganadería, labores forestales, caza y pesca concentraron 27.9% de los menores en ocupaciones no permitidas. Les siguieron las labores de apoyo en minería, construcción e industria, con 25.2%.
En conjunto, estos dos grupos reunieron a más de la mitad de la población infantil en esta situación. Las ocupaciones de comerciantes, empleados y agentes de ventas representaron otro 16.4%, y la venta ambulante, 6.6%.
La clasificación de ocupación no permitida considera tanto la edad como las tareas y las condiciones en que se realizan. Entre los riesgos que identifica el reporte se encuentran trabajar en alturas, cargar objetos pesados, cumplir jornadas nocturnas o laborar en lugares como bares, cantinas y basureros.