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Reinventarse en la era del trabajo bajo demanda

El cambiante mercado laboral nos plantea nuevos desafíos de adaptación, ¿estás listo para afrontarlos?
revolución tecnológica
Casos de éxito Trabajadores han aprendido a desarrollar sus habilidades: destrezas, experiencias, oficios, mañas y competencias que han sabido importar del futuro, a fin de multiplicar el valor que generan. (Foto: Zapp2Photo/Getty Images/iStockphoto)

En la era de la digitalización, algunas personas quedarán fuera del sistema productivo. Esta premisa se ha repetido en innumerables ocasiones, en distintos foros públicos. Pero poco se ha expuesto el otro lado de la moneda: para otras personas el panorama laboral es brillante.

¿Cómo son estas últimas? Son personas que aprovechan lo-que-saben-y-hacen en repetidas ocasiones, de modo que cada esfuerzo brinde beneficios exponenciales.

Una persona podrá multiplicar el valor que aporta siempre que haya cultivado una disciplina específica --sin importar que sea un auxiliar de albañilería o un posdoctorado en física cuántica-- que se detenga a cultivar las habilidades adecuadas (sense making, inteligencia social, pensamiento computacional…) y sepa aplicarlos con prudencia (creación de visiones, contactos enriquecedores, negociaciones para el bien común, rendición de cuentas).

Entre los ejemplos con los que podemos ilustrar estas capacidad mencionemos un alto ejecutivo de, digamos, 45 años de edad, que fue liquidado de una gran empresa. Con ese capital puede entrar en pánico e intentar que el dinero le dure el mayor tiempo posible, afectando su calidad de vida, o puede invertirlo con criterios lógicos, confiando en su experiencia y relaciones, a fin de multiplicar sus ingresos.

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Su currículum le abre puertas, su sentido de propósito le ayuda a ser selectivo en los proyectos que ejecuta, el uso de herramientas tecnológicas lo mantiene en contacto con una red mundial de especialistas, su capacidad de negociación y habilidad para solicitar rendición de cuentas, eleva su liderazgo, y no sólo él vive mejor que cuando tenía un empleo, sino que le brinda empleo a un cierto número de jóvenes a bajos costos mientras que les transmite su experiencia.

Ahora pensemos en un trabajador de confianza que es “recortado” de una empresa mediana o pequeña que pasa por un mal momento financiero. Ahora está sin ingresos fijos y puede sucumbir a la fantasía de que bastará con llenar unas cuantas solicitudes para regresar al mundo laboral o aceptar la triste realidad de que eso no va a suceder y dedicarse a algún oficio cualquiera.

Pero también puede optar por venderse como un especialista y dar consultoría a cinco empresas distintas, ganando contra resultados. Al principio se las verá negras, pero luego comenzará a ganar el doble o triple de lo que ganaba antes. Y eso será suficiente para salir de deudas e incluso ahorrar para el retiro.

¿La condición? Que aproveche contactos y aplicaciones que le permitan gestionar sus finanzas familiares con inteligencia, que abandone gastos innecesarios resultado de la presión social (empezando por la de su propia familia) e invierta su tiempo y talento en aquello que le hace sentirse útil y feliz.

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Un joven operador sindicalizado que perdió su puesto junto con una decena de compañeros y fue sustituido por un robot. Aprovecha ese tiempo libre para aprender en la red todo lo que puede sobre la maquinaria que ya manejaba, aprende a ver las oportunidades que hay para darle servicio y selecciona entre sus excompañeros a los dos mejores, a fin de enseñarles y establecer juntos un grupo de trabajo confiable.

Entonces regresa a su antigua empresa --o a su competencia-- contando con nuevas herramientas de gestión que le permiten ubicar los oferentes y los precios de las refacciones en línea, a precio competitivo.

Conclusión: el éxito depende de cada uno de nosotros

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No se trata de ejemplos inventados, sino de personas concretas con nombre y apellido, a quienes ya puedes encontrar por las calles. Uno de ellos es un zapatero que atiende una decena de locales con las capacidades de WhatsApp; otro es un “director de finanzas on-demand”, según dice su tarjeta de visita. ¿Qué dice la tuya si es que aún la tienes, en cuántos lugares logras atender a tu clientela prácticamente de modo instantáneo?

El secreto de estos y otros muchos casos de éxito es que estos trabajadores han aprendido a desarrollar sus habilidades del futuro: destrezas, experiencias, oficios, mañas y competencias que han sabido importar del futuro, a fin de multiplicar el valor que generan y capturan en un entorno cada día más complejo e hiperconectado.

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Expansión es socio de la Universidad Anáhuac en este proyecto.

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