La comunicación de las marcas también se ha convertido, cada vez más, en conversaciones con los clientes, ya que han adaptado sus estrategias en redes sociales a los contenidos que sus clientes querían consumir. Y eso ha repercutido en las ventas, afirmó Alvariño.
En una industria donde la experiencia de compra es fundamental, Cervantes señaló que a medida que se han reabierto los puntos de venta se ha visto a un cliente ávido de entrar a la tienda y experimentar. “Una cosa clave es la respuesta de dar más muestras, de dar la exhibición pero sin tocar, dejar espacios que parecen un poco un museo, pero que permiten ver. Y tendremos que crear cómo sentir en la parte digital”, apuntó.
Para las marcas de lujo, la venta digital es más sencilla porque tienen una promesa de calidad: el cliente compra en línea porque sabe que va a recibir lo que ve. A pesar de ello, los clientes prefieren el contacto. “La mayoría, en esta reactivación, ha preferido ir a las boutiques con cita previa y sana distancia, pero quieren salir, quieren esta cercanía física”, afirmó Santiago, quien agregó que, al igual que tras la crisis económica de 2009, se ha visto un búsqueda de productos de lujo como forma de inversión.
El e-commerce, coincidieron los participantes en el panel, ha cambiado además al consumidor de otra manera: ahora llega a las tiendas más informado y eso pone mucha presión sobre los vendedores, que deben ofrecer algo adicional para atraer a las personas a la tienda física, como la personalización.
Además, el cliente de lujo mexicano, que solía salir fuera a adquirir sus productos, ante la limitación de los viajes se ha acercado a las tiendas locales. “Después de experimentar el servicio y la experiencia aquí, creo que deja de valer la pena viajar”, opinó Artigas. “Ahí es donde entra en juego el clienteling, ahora es la responsabilidad de los equipos mantenerlos acá, se vuelve muy importante las relaciones con los clientes”, agregó Santiago.