El ventilador VSZ-20-2 cuenta con un sistema a base de pistón que no requiere de tomas murales de aire para su funcionamiento y es capaz de operar con toma de oxígeno a presión regulada. Además, tiene un sistema de fuente de poder ininterrumpida que le otorga una autonomía de al menos 30 minutos carga completa, es compatible con cualquier circuito de ventilación estándar de dos vías y no es necesaria la esterilización interna del sistema.
De acuerdo con el directivo de Femsa Torrey, el uso del pistón permitirá que se pueda controlar el volumen de los pedidos para su manufactura, la cual se realiza en una planta de la empresa Metalsa, que tuvo que adecuar una línea de producción para alienarse con las normas establecidas por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris).
Además, la programación fue desarrollada por ingenieros mexicanos, mientras que las pantallas son las que las empresas participantes del proyecto emplean para otros productos. Este ventilador tiene un costo aproximado de 10,000 dólares, cifra que representa una quinta parte del costo de otros respiradores de alta gama, cuyo precio ronda los 50,000 dólares, de acuerdo con el directivo.
“En el proceso de planeación se analizaron las capacidades y habilidades de cada una de las empresas. La que tenía más experiencia en ensamble era Metalsa. Escogimos un lugar en su planta (en Apodaca) y se hicieron adecuaciones necesarias y se colocó una línea de ensamble con una capacidad para producir 500 ventiladores por semana”, puntualiza. La empresa será la responsable de la administración del proceso de solicitud de ventiladores y recibirá las necesidades de clínicas y hospitales tanto públicos como privados.
Las empresas y las instituciones también elaboraron manuales de capacitación para el uso del ventilador, que ya ha despertado el interés de fundaciones, entre ellas la Fundación Carlos Slim, del empresario dueño de América Móvil. Esta organización será quien adquiera los primeros 20 ventiladores, que donará a cuatro hospitales públicos en San Luis Potosí, Yucatán, Coahuila y Guerrero.
“Como comunidad era hacer algo sin fines lucrativos, el objetivo es salvar vidas. Fueron muchas apariciones de estudiantes, muchas horas de trabajo de ingenieros. El objetivo es salvar vidas y no lucrar con esto”, apunta Almaguer.