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La polémica por el fin de cursos exhibe cómo la rigidez laboral convirtió a escuelas en apoyo para el cuidado infantil

Especialistas en derecho laboral y talento explican cómo la falta de flexibilidad y de políticas de cuidado en México ha trasladado parte de la crianza y organización familiar a las escuelas.
mié 13 mayo 2026 12:28 PM
La polémica del calendario escolar de la SEP exhibe un problema laboral en México y que gobierno y empresas ignoran
Solo 21% de las empresas en México ha integrado esquemas de flexibilidad laboral de manera estratégica, pese al aumento de burnout y escasez de talento, según Manpower. (Foto: Moisés Pablo/Cuartoscuro)

La propuesta de adelantar el cierre del ciclo escolar al 5 de junio por el Mundial y las altas temperaturas duró apenas unos días sobre la mesa antes de que la Secretaría de Educación Pública diera marcha atrás . Pero el debate alcanzó para exhibir la manera en que el sistema laboral mexicano ha descansado durante años en la existencia de escuelas que, además de enseñar, funcionan como una red silenciosa de cuidado infantil para millones de familias.

El detonante fue inmediato. Apenas comenzó a circular la posibilidad de reducir más de un mes el calendario escolar 2025-2026, organizaciones de padres de familia, escuelas privadas, empleadores y trabajadores comenzaron a cuestionar quién cuidaría a los niños mientras los adultos seguían sujetos a jornadas laborales completas y poco flexibles.

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En medio de la polémica, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, defendió públicamente la propuesta durante la Primera Reunión Nacional Plenaria Extraordinaria. Su argumento fue que, después de mediados de junio, la actividad escolar pierde sentido académico.

“Debemos ser honestos, tras la entrega de calificaciones hay una inercia en las escuelas, en todo el ecosistema educativo. Después del 15 de junio, se cae en un periodo que en realidad se aprovecha para la descarga administrativa”, afirmó el funcionario.

Pero fue otra frase la que terminó por encender todavía más la discusión. “Se convierte la escuela en una estancia forzada”, dijo Delgado, al reconocer que buena parte de la inconformidad no tenía que ver con contenidos educativos, sino con la necesidad práctica de que alguien cuide a los hijos mientras los padres trabajan.

Escuelas convertidas en red de cuidado

El propio secretario admitió uno de los puntos más incómodos del debate. “Al cerrar la escuela, la carga del trabajo recae en las mujeres”, señaló. La afirmación puso sobre la mesa que el cuidado infantil sigue recayendo desproporcionadamente en ellas, incluso después de décadas de incorporación masiva al mercado laboral.

En México, las mujeres representan alrededor del 40% de la fuerza laboral, de acuerdo con datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Esa participación ha transformado la estructura económica de millones de hogares, donde el ingreso de una sola persona ya no alcanza para sostener los gastos familiares.

Sin embargo, la legislación laboral avanzó mucho más lento que los cambios sociales. Mientras en otros países existen esquemas extendidos de jornadas parciales, licencias parentales remuneradas o sistemas de cuidado compartido entre Estado, empresas y familias, en México todavía predomina un modelo laboral diseñado alrededor de un trabajador disponible a tiempo completo y sin responsabilidades domésticas.

Estefanía Rueda, abogada laboral del despacho Littler, sostiene que esa lógica sigue profundamente arraigada en la regulación mexicana. “La ley solo incorpora la perspectiva de género en algunos esquemas específicos como teletrabajo o plataformas digitales, pero no reconoce expresamente el reto de combinar trabajo y cuidados”, explica.

La consecuencia, dice, ha sido trasladar parte importante de las tareas de cuidado hacia las escuelas. “Tres de cada 10 mujeres trabajadoras son jefas de familia y eso deriva en que las escuelas se subroguen en labores de cuidado que históricamente recaen en las mujeres”, añade Rueda.

La reacción frente al posible cierre anticipado del ciclo escolar mostró precisamente esa dependencia estructural. La inquietud no se concentró únicamente en la pérdida de días de clase, sino en la dificultad de reorganizar horarios laborales, encontrar redes de apoyo o asumir costos adicionales de cuidado durante varias semanas.

En muchas familias, la escuela opera como el único espacio relativamente estable de supervisión infantil mientras ambos padres trabajan jornadas completas. El problema se vuelve todavía más complejo en hogares monoparentales o en aquellos donde no existen abuelos, familiares o servicios privados disponibles para ayudar.

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La legislación laboral mexicana ignora las tareas de cuidado

Detrás de esa dependencia también aparece la presión económica. El incremento en el costo de vida ha hecho que millones de hogares requieran dos ingresos permanentes para sostener gastos básicos. La incorporación femenina al empleo dejó de ser únicamente una aspiración de independencia económica y se convirtió, en muchos casos, en una necesidad financiera.

Martha Barroso, directora de People and Culture de ManpowerGroup, afirma que las empresas ya comienzan a resentir el desgaste que produce esa tensión constante entre trabajo y cuidados. “El colaborador cuidador no solo enfrenta las exigencias laborales, también carga una segunda capa de responsabilidad que difícilmente es flexible o delegable”, sostiene.

Los efectos ya se reflejan dentro de las organizaciones. De acuerdo con datos de la firma de reclutamiento, 70% de los trabajadores en México ha experimentado burnout recientemente y 51% vive niveles elevados de estrés cotidiano.

Barroso considera que el problema dejó de ser exclusivamente familiar. “Cuando el sistema no absorbe el costo del cuidado, ese costo se traslada al colaborador y eventualmente impacta también los resultados del negocio”, advierte.

Aun así, la legislación mexicana sigue tratando el cuidado como un asunto privado y no como un tema estructural vinculado con productividad, permanencia laboral y desarrollo profesional.

Rueda señala que esa falta de reconocimiento legal termina afectando especialmente a las madres trabajadoras. “Usualmente existe una mayor rotación de madres trabajadoras por la falta de empatía de los empleadores sobre el balance que deben mantener entre su jornada laboral y sus labores de cuidado”, explica.

Las consecuencias aparecen después en distintos niveles, entre ellos menor permanencia laboral, interrupciones profesionales, menor representación femenina en posiciones directivas y decisiones de carrera condicionadas por responsabilidades familiares que continúan distribuyéndose de manera desigual dentro de los hogares.

Mientras tanto, buena parte de las empresas sigue operando bajo esquemas rígidos. ManpowerGroup identifica que 67% de las organizaciones en México enfrenta escasez de talento, pero solo 21% ha integrado esquemas de flexibilidad de manera estratégica.

Aunque la SEP mantuvo el calendario sin cambios y las clases continuarán hasta el 15 de julio, el episodio dejó expuesto cómo el mercado laboral mexicano ha descansado parcialmente sobre escuelas que, además de educar, absorben una parte esencial del trabajo de cuidado que ni las empresas ni la legislación han terminado de reconocer.

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