En medio de la polémica, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, defendió públicamente la propuesta durante la Primera Reunión Nacional Plenaria Extraordinaria. Su argumento fue que, después de mediados de junio, la actividad escolar pierde sentido académico.
“Debemos ser honestos, tras la entrega de calificaciones hay una inercia en las escuelas, en todo el ecosistema educativo. Después del 15 de junio, se cae en un periodo que en realidad se aprovecha para la descarga administrativa”, afirmó el funcionario.
Pero fue otra frase la que terminó por encender todavía más la discusión. “Se convierte la escuela en una estancia forzada”, dijo Delgado, al reconocer que buena parte de la inconformidad no tenía que ver con contenidos educativos, sino con la necesidad práctica de que alguien cuide a los hijos mientras los padres trabajan.
Escuelas convertidas en red de cuidado
El propio secretario admitió uno de los puntos más incómodos del debate. “Al cerrar la escuela, la carga del trabajo recae en las mujeres”, señaló. La afirmación puso sobre la mesa que el cuidado infantil sigue recayendo desproporcionadamente en ellas, incluso después de décadas de incorporación masiva al mercado laboral.
En México, las mujeres representan alrededor del 40% de la fuerza laboral, de acuerdo con datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Esa participación ha transformado la estructura económica de millones de hogares, donde el ingreso de una sola persona ya no alcanza para sostener los gastos familiares.
Sin embargo, la legislación laboral avanzó mucho más lento que los cambios sociales. Mientras en otros países existen esquemas extendidos de jornadas parciales, licencias parentales remuneradas o sistemas de cuidado compartido entre Estado, empresas y familias, en México todavía predomina un modelo laboral diseñado alrededor de un trabajador disponible a tiempo completo y sin responsabilidades domésticas.
Estefanía Rueda, abogada laboral del despacho Littler, sostiene que esa lógica sigue profundamente arraigada en la regulación mexicana. “La ley solo incorpora la perspectiva de género en algunos esquemas específicos como teletrabajo o plataformas digitales, pero no reconoce expresamente el reto de combinar trabajo y cuidados”, explica.
La consecuencia, dice, ha sido trasladar parte importante de las tareas de cuidado hacia las escuelas. “Tres de cada 10 mujeres trabajadoras son jefas de familia y eso deriva en que las escuelas se subroguen en labores de cuidado que históricamente recaen en las mujeres”, añade Rueda.
La reacción frente al posible cierre anticipado del ciclo escolar mostró precisamente esa dependencia estructural. La inquietud no se concentró únicamente en la pérdida de días de clase, sino en la dificultad de reorganizar horarios laborales, encontrar redes de apoyo o asumir costos adicionales de cuidado durante varias semanas.
En muchas familias, la escuela opera como el único espacio relativamente estable de supervisión infantil mientras ambos padres trabajan jornadas completas. El problema se vuelve todavía más complejo en hogares monoparentales o en aquellos donde no existen abuelos, familiares o servicios privados disponibles para ayudar.