La exigencia será visible en los estadios sede. Solo el Estadio Banorte —que durante la justa deportiva operará bajo el nombre de Estadio Ciudad de México— tendrá capacidad para recibir a 87,500 asistentes durante la inauguración y el partido inaugural. Miles de dispositivos conectados al mismo tiempo pondrán presión sobre las redes móviles y fijas.
Pero los estadios serán apenas una parte del desafío. Zonas turísticas y comerciales como el Centro Histórico, Polanco, Paseo de la Reforma y las áreas destinadas para Fan Fest concentrarán también fuertes picos de demanda.
“La redes de las empresas han demostrado que son capaces de soportar grandes tráficos, pero las personas que llegarán para el Mundial tienen hábitos de mayor consumo de datos”, dijo Adolfo Cuevas, expresidente comisionado del extinto Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT).
La carrera contrarreloj para reforzar las redes
Durante los encuentros, millones de aficionados consumirán video en alta definición, realizarán transmisiones en vivo, compartirán contenido en redes sociales y utilizarán aplicaciones de movilidad, hospedaje y pagos digitales, elevando el tráfico de datos a niveles inusuales.
Ante este escenario, la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) autorizó el uso temporal de bandas espectrales adicionales para Telcel, AT&T y Altán Redes con el objetivo de desfogar el tráfico móvil esperado en las tres sedes mexicanas del torneo.
Las frecuencias liberadas corresponden a las bandas de 600 MHz, 1.9 GHz, 2.5 GHz y 3.3 a 3.6 GHz, además de otorgarse con un descuento de 100%. Sin embargo, la medida llegó apenas un mes antes de la inauguración.
Para Cuevas, aunque la decisión es correcta, ocurrió demasiado tarde.
“Todos sabíamos del Mundial desde hace varios años y tanto el IFT en su momento también tuvo su responsabilidad y debió anticiparse, porque no solo es que se entregue espectro para que prendan un switch, sino de diseñar una arquitectura de redes”, comentó.
El especialista explicó que las empresas tuvieron apenas unas semanas para integrar nuevas bandas, realizar pruebas técnicas y ajustar su infraestructura, cuando este tipo de despliegues normalmente requieren varios meses de preparación.
A la presión mundialista se suma el desafío del registro telefónico, cuyo plazo vence el próximo 30 de junio.
Para Cuevas, ambos procesos podrían coincidir en un momento delicado para el sector, particularmente si el registro deriva en una reducción importante de líneas activas.
“Es posible que el mercado móvil pierda hasta dos terceras partes de la base de usuarios y eso las podría poner en una situación débil en términos de expectativa de viabilidad”, afirmó.