Publicidad
Revista Digital
Publicidad

Calor extremo y Mundial empujan a México hacia un nuevo récord de consumo eléctrico de 49,000 MW

Los picos de consumo asociados al calor y al torneo internacional evidencian la necesidad de acelerar inversiones en generación, transmisión y distribución eléctrica.
México ya consume 49,000 megawatts de luz y se acerca al límite histórico: las olas de calor y el Mundial presionan
Las altas temperaturas, derivadas de las olas de calor y cambio climático, incrementan la demanda eléctrica del país. (Foto: Isabel Mateos Hinojosa/Cuartoscuro)

El Mundial 2026 ha puesto el foco en estadios, hoteles y aeropuertos, pero existe otra infraestructura cuya relevancia suele pasar desapercibida hasta que falla: el sistema eléctrico. En un verano marcado por temperaturas extremas, una creciente electrificación de la vida cotidiana y la llegada de miles de visitantes nacionales y extranjeros, la capacidad de México para mantener encendida la red será tan importante para el éxito del torneo como la logística deportiva.

Llegar a casa y encender la luz, la televisión o el aire acondicionado parece una acción rutinaria. Detrás de ese gesto, sin embargo, opera una compleja coordinación del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), supervisada por el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace), cuya misión es garantizar que la electricidad llegue en tiempo real y sin interrupciones a millones de usuarios.

Publicidad

El desafío se vuelve mayor durante el verano. Las altas temperaturas incrementan el uso de sistemas de enfriamiento en hogares, hoteles, restaurantes, centros comerciales y espacios de entretenimiento, elevando la demanda de electricidad a niveles cercanos a los máximos históricos.

La tendencia ya se observa incluso en regiones donde el aire acondicionado no era habitual. En la Ciudad de México, por ejemplo, la instalación de estos equipos se ha vuelto cada vez más frecuente para enfrentar olas de calor que han llevado los termómetros por encima de los 30 grados centígrados.

El antecedente más visible ocurrió el 24 de mayo de 2024, cuando la capital registró una temperatura récord de 34.7 grados centígrados en el observatorio de Tacubaya, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

En otras regiones del país, particularmente en el norte, se han documentado temperaturas superiores a los 52 grados centígrados en ciudades como Mexicali y San Luis Río Colorado.

No se trata de eventos aislados. La Organización Meteorológica Mundial catalogó 2024 como el año más cálido registrado tanto en México como a nivel global, una tendencia que sigue modificando los patrones de consumo energético.

El calor acerca al sistema a niveles récord

La presión sobre la red eléctrica no depende únicamente del volumen de demanda, sino de la capacidad del sistema para responder cuando ocurre una contingencia.

“Si alguno de los centros de generación eléctrica importantes saliera y no tuviéramos el respaldo de las otras unidades para sustituirlo”, aseguró Rodrigo Aranda, ingeniero químico del Instituto Politécnico Nacional (IPN), al explicar uno de los principales riesgos para la estabilidad del sistema.

La demanda máxima histórica registrada en México ronda los 53,000 megawatts. Sin embargo, durante mayo de este año el consumo ya alcanzó niveles cercanos a los 49,000 megawatts, acercándose nuevamente a esos máximos.

Incluso, Ricardo Mota Palomino, entonces director general del Cenace, advirtió recientemente que el país enfrentará un verano “apretado”, aunque sin déficit previsto, con la posibilidad de alcanzar una demanda de hasta 54,000 megawatts.

Para el 16 de junio, las proyecciones del propio Cenace estimaban una demanda máxima diaria de 49,515 megawatts a las 18:00 horas dentro del Sistema Interconectado Nacional, que excluye a Baja California y Baja California Sur por operar de manera independiente.

Aunque México dispone de una capacidad instalada cercana a los 92,000 megawatts, especialistas y autoridades coinciden en que esa cifra puede resultar engañosa.

La razón es que no toda la capacidad instalada está disponible al mismo tiempo. Algunas centrales pueden encontrarse en mantenimiento, otras dependen de condiciones climáticas y algunas más no pueden entrar en operación de forma inmediata cuando ocurre una emergencia.

Por ello, una falla en una central relevante durante un pico de demanda podría desencadenar problemas de suministro si no existe generación eléctrica suficiente para reemplazarla de manera instantánea.

El riesgo también puede originarse en las redes de transmisión. Una interrupción en una línea crítica que transporta electricidad desde regiones con excedentes hacia zonas deficitarias puede dejar sin servicio a estados completos o amplias áreas metropolitanas.

Publicidad

El Mundial exhibe la urgencia de reforzar la infraestructura

En ese contexto, la organización del Mundial representa una prueba adicional para la infraestructura energética. Aunque el torneo no se desarrolla exclusivamente en México, la llegada de turistas implica una mayor ocupación hotelera, más actividad comercial, más consumo de aire acondicionado, más dispositivos conectados y una demanda adicional concentrada en determinadas ciudades.

Por ahora, los especialistas consideran que ese impacto sigue siendo limitado.

“Si bien sí tenemos visitantes, ha sido limitado; sabemos que el Mundial está compartido con otros dos países, y por eso no se ve un impacto suficientemente grande para que pueda presionar las demanda”, explicó Aranda.

Sin embargo, el escenario podría cambiar si la afluencia turística coincide con una nueva ola de calor intensa. En ese caso, el incremento simultáneo del consumo residencial, comercial y turístico podría empujar la demanda a nuevos máximos históricos.

Más que una amenaza inmediata para el torneo, el Mundial funciona como un recordatorio de las vulnerabilidades estructurales del sistema eléctrico mexicano. El crecimiento económico, la digitalización, la expansión de centros de datos, la electrificación del transporte y la mayor necesidad de enfriamiento seguirán aumentando el consumo durante los próximos años.

“Creemos que tenemos suficiente energía, pero no necesariamente, y también hay que fijarse si tenemos energía barata y qué va a pasar hacia adelante. ¿Tenemos la energía suficiente?, pues yo creo que no (…) si bien se están colocando muchos proyectos para crecer nuestra infraestructura eléctrica, estamos bastante atrasados”, aseguró Aranda.

La presión adicional proviene del cambio climático. Fenómenos como El Niño están alterando las condiciones meteorológicas y elevando la frecuencia de eventos extremos, desde sequías e incendios hasta lluvias intensas e inundaciones.

De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional, existe una probabilidad de 63% de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027, colocándose entre los episodios más intensos observados desde 1950.

Esto implica que las temperaturas elevadas podrían extenderse incluso fuera de las temporadas tradicionalmente más cálidas, modificando de forma permanente los patrones de consumo eléctrico.

“Ahora vemos temperaturas extremas en zonas donde no se tenían como la Ciudad de México, o mucho frío o mucho calor, entonces ponemos el ventilador y el aire acondicionado, o conectando el calefactor, y todo eso está presionando la demanda eléctrica debido al calentamiento global que afecta nuestros patrones de consumo. El reto no solo es generar más electricidad, sino garantizar electricidad confiable, disponible y competitiva en los momentos que el país más lo necesita, y este verano será una prueba de resiliencia”, concluyó Aranda.

Publicidad

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad