El desafío se vuelve mayor durante el verano. Las altas temperaturas incrementan el uso de sistemas de enfriamiento en hogares, hoteles, restaurantes, centros comerciales y espacios de entretenimiento, elevando la demanda de electricidad a niveles cercanos a los máximos históricos.
La tendencia ya se observa incluso en regiones donde el aire acondicionado no era habitual. En la Ciudad de México, por ejemplo, la instalación de estos equipos se ha vuelto cada vez más frecuente para enfrentar olas de calor que han llevado los termómetros por encima de los 30 grados centígrados.
El antecedente más visible ocurrió el 24 de mayo de 2024, cuando la capital registró una temperatura récord de 34.7 grados centígrados en el observatorio de Tacubaya, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).
En otras regiones del país, particularmente en el norte, se han documentado temperaturas superiores a los 52 grados centígrados en ciudades como Mexicali y San Luis Río Colorado.
No se trata de eventos aislados. La Organización Meteorológica Mundial catalogó 2024 como el año más cálido registrado tanto en México como a nivel global, una tendencia que sigue modificando los patrones de consumo energético.
El calor acerca al sistema a niveles récord
La presión sobre la red eléctrica no depende únicamente del volumen de demanda, sino de la capacidad del sistema para responder cuando ocurre una contingencia.
“Si alguno de los centros de generación eléctrica importantes saliera y no tuviéramos el respaldo de las otras unidades para sustituirlo”, aseguró Rodrigo Aranda, ingeniero químico del Instituto Politécnico Nacional (IPN), al explicar uno de los principales riesgos para la estabilidad del sistema.
La demanda máxima histórica registrada en México ronda los 53,000 megawatts. Sin embargo, durante mayo de este año el consumo ya alcanzó niveles cercanos a los 49,000 megawatts, acercándose nuevamente a esos máximos.
Incluso, Ricardo Mota Palomino, entonces director general del Cenace, advirtió recientemente que el país enfrentará un verano “apretado”, aunque sin déficit previsto, con la posibilidad de alcanzar una demanda de hasta 54,000 megawatts.
Para el 16 de junio, las proyecciones del propio Cenace estimaban una demanda máxima diaria de 49,515 megawatts a las 18:00 horas dentro del Sistema Interconectado Nacional, que excluye a Baja California y Baja California Sur por operar de manera independiente.
Aunque México dispone de una capacidad instalada cercana a los 92,000 megawatts, especialistas y autoridades coinciden en que esa cifra puede resultar engañosa.
La razón es que no toda la capacidad instalada está disponible al mismo tiempo. Algunas centrales pueden encontrarse en mantenimiento, otras dependen de condiciones climáticas y algunas más no pueden entrar en operación de forma inmediata cuando ocurre una emergencia.
Por ello, una falla en una central relevante durante un pico de demanda podría desencadenar problemas de suministro si no existe generación eléctrica suficiente para reemplazarla de manera instantánea.
El riesgo también puede originarse en las redes de transmisión. Una interrupción en una línea crítica que transporta electricidad desde regiones con excedentes hacia zonas deficitarias puede dejar sin servicio a estados completos o amplias áreas metropolitanas.