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Alejandro González Iñárritu transforma al cine mexicano y reenfoca su arte

El director hace a un lado el vaivén entre historias que caracterizó a sus películas y decide enfocarse en un solo entramado con "Biutiful"
mar 15 junio 2010 01:01 PM
director de cine
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Alejandro González Iñárritu , nacido en la Ciudad de México en 1963, ha transformado todos los medios por los que ha pasado.

En los ochenta ayudó a cambiar la radio en México como locutor de la estación WFM 96.9. En los noventa creó la compañía Z Films y transformó la imagen del Canal 5, convirtiéndose, de paso, en uno de los directores y productores más jóvenes de Televisa.

Graduado de publicidad (ese medio que obliga a los directores a afinar el oficio de contar una historia de la manera más eficaz y rápida posible), a finales de esa década, González Iñárritu decidió probar su suerte en el cine.

¿Cómo estimar la influencia que Alejandro González Iñárritu ha tenido en el panorama del cine nacional y en nuestra proyección hacia el extranjero? Fácil: basta ver a distancia la escasez de propuestas y de nuevos talentos en la cinematografía mexicana antes de la llegada de Amores Perros.

Si bien Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón (entre otros) ya trabajaban en Hollywood, la llegada de “El Negro”, como le dicen sus amigos, puso a México en boca de todos.

De la mano del escritor Guillermo Arriaga, González Iñárritu creó un tríptico ambicioso, de dos horas y media de duración, en el que las vidas de tres muy diversos habitantes del Distrito Federal cambian a raíz de un brutal accidente automovilístico.

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Quizás la mejor película mexicana desde Los Olvidados, Amores Perros es, como dijo el New York Times en su reseña, uno de los primeros clásicos del siglo XXI: una historia brutal de odios fraternales, de padres ausentes, de sueños quebrados y, finalmente, de difusa y dolorosa redención.

En Amores Perros, González Iñárritu retrató sin piedad la realidad mexicana, obtuvo interpretaciones impecables de su numeroso elenco, y logró algo sin precedentes: una máquina de recibir galardones y un monstruo de taquilla, así como el trampolín mediante el cual entraron en escena Gael García Bernal , el compositor Gustavo Santaolalla y el fotógrafo Rodrigo Prieto, entre muchos otros.

Por primera vez en más de veinte años, un mexicano regresó al Shrine Auditorium: tras haber ganado el premio de la semana de la crítica en Cannes, Amores Perros obtuvo una postulación al Óscar como mejor película extranjera.

Hollywood y el mundo tocaron su puerta, y González Iñárritu respondió con creces. Reacio a doblar las manos frente al sistema de producción estadounidense, el realizador mexicano importó a todo su equipo de Amores Perros para su segundo largometraje: 21 Gramos, otro tríptico, igualmente descarnado, encabezado esta vez por Sean Penn, Naomi Watts y Benicio del Toro.

Los dos últimos obtuvieron una nominación al Óscar por sus respectivos papeles.

Su tercera cinta marcó el final de su fructífera colaboración con Arriaga, con una película inmensa, en todo el sentido de la palabra.

Filmada en tres continentes, Babel cuenta la historia de una pareja de estadounidenses en Marruecos, una niñera en la frontera entre Estados Unidos y México, y la más memorable de todas: una chica sordomuda en Tokio que busca, frenéticamente, algún contacto físico.

Los premios no se hicieron esperar. 2007 fue el año de los mexicanos en Hollywood, y Babel obtuvo nominaciones de la Academia en el rubro de película, dirección y guión.

Acabada su trilogía, el futuro de González Iñárritu parecía incierto. ¿Volvería a la comodidad del tríptico, del azar como fuerza motora?, ¿Regresaría a contar una historia épica, con decenas de personajes? Nada de eso.

Su nueva cinta, Biutiful , se estrenó este año en el Festival de Cannes como parte de la selección en competencia, y a juzgar por la recepción la noche del estreno, parece que la cuarta película de González Iñárritu representa un muy agradable cambio de ritmo en su filmografía.

Además, esta película tiene el valor agregado de ser fruto de la productora que pusieran en marcha en 2008 Cuarón, del Toro y el mismo Iñárritu, Cha Cha Cha Films, que busca convertirse en un fuerte apoyo al cine nacional y cuyo primer éxito fue Rudo y Cursi.

Lo que podría parecer como una estrategia segura es, en el caso de González Iñárritu, un acto de valentía: un director acostumbrado a los cortes de edición, al vaivén entre una historia y otra, que decide enfocarse en un solo entramado narrativo. Y es esta característica la que lo ha convertido en una figura tan interesante: su valor, tanto detrás de cámaras como lejos de los reflectores.

Vehemente defensor de los derechos de los migrantes en Estados Unidos , amante de los retos e indiscutible embajador del cine nacional en el extranjero, Alejandro González Iñárritu es un mexicano de talla mundial.

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