La homosexualidad, a 'contracorriente' de la cultura latinoamericana
Las grandes películas tienen una virtud: logran que te identifiques con personajes que en teoría son distantes, diferentes, alejados de nuestro universo interno.
Esta empatía sobrepasa los estereotipos y se centra en una necesidad básica que es la de buscar al amor de nuestra vida, con personas del sexo opuesto o del mismo género.
Este precepto sentimental es el que explota el director peruano, Javier Fuentes-León en su ópera prima, Contracorriente, película que ya ha sido galardonada en dos de los festivales más prestigiosos del mundo como Sundance y San Sebastián.
"El guión que surgió hace varios años de un ejercicio en un taller de escritura en Los Ángeles, tenía que realizar una escena dramática en una sola locación y con tres personajes", apuntó el director.
Este triángulo amoroso que desarrolló en aquella clase creció de tal forma que primero se transformó en una obra de teatro. El film trata sobre un pequeño pueblo pesquero en Perú donde Miguel lleva un amorío secreto con Santiago, que si se hiciera público, Miguel sería el hazmerreír del puerto y destrozaría a su esposa y a su hijo recién nacido.
La primera parte de la película es conmovedora y auténtica. Logra que dejes a un lado los tabúes y te enfoques en una historia de amor prohibido.
Las actuaciones de Cristian Mercado y Manolo Cardona impactan porque ves en su mirada y en sus sonrisas un amor verdadero. Incluso hay escenas eróticas que a muchos en la sala les provocó agachar la mirada.
"El tema es complicado en nuestra sociedad, al menos ustedes en el DF tienen matrimonios gays, pero en Perú…", soltó Fuentes-León.
La segunda parte de la película —y por mucho la más interesante e intensa— inicia cuando Santiago aparece en la cocina de la casa de Miguel, quien le pide asustado que salga de su casa antes de que lo vea su mujer. Santiago responde: "Tú sí me puedes ver. Fui al mar y me arrastró la corriente".
A partir de ahí, la cinta toma un rumbo con influencia del realismo mágico: el espíritu de Santiago no puede descansar en paz si Miguel no realiza un ritual que delataría su relación frente a todo el pueblo.
"No me basé en ninguna obra, pero si hay partes que me recordaron a Juan Rulfo y Pedro Páramo", describió el director peruano.
Santiago ahora es un fantasma que se le aparece a Miguel cada vez que él lo recuerda, ya sea en una playa e incluso, cuando está seduciendo a su esposa. Este momento es cuando olvidas si son dos hombres los protagonistas de este amor, porque la historia se torna universal: la memoria y el corazón combaten ante la sociedad, y el miedo a enfrentarse a uno mismo.
Miguel no sabe qué hacer con su vida, si quedarse con su familia y vivir una mentira, o cumplir una promesa al amor de su vida, aunque eso signifique perderlo todo. Un tema universal.
Culturalmente América latina no tomará este film así; dará de qué hablar por la temática homosexual.
"En Perú ha sido una de las películas más controversiales, pero en otros países como España, ha tenido mayor aceptación", aseguró Fuentes-León quien también confesó en una entrevista exclusiva con CNNMéxico tras la exhibición de su cinta en el Festival de Cine de Morelia que el machismo y la religión van de la mano y siguen firmes en nuestra sociedad.
"Hay elementos muy católicos en la cinta: un pueblo de pescadores, un gallo, la negación de una persona amada como lo hace Pedro".
Este es el segundo año consecutivo que Perú se coloca entre la elite del cine Sudamericano y mundial. En 2009 la cinta La teta asustada, de Claudia Llosa, fue nominada a Oscar como Mejor Cinta Extranjera.
Al preguntarle a Fuentes-León cuál es la razón por la cual el cine peruano, y en general de otros países latinos ha crecido, el cineasta fue contundente: apunta al "apoyo económico gubernamental". Y agrega: "Ahora Colombia, Perú, Uruguay… ya hacen buen cine, del nivel de los tres grandes que siempre han sido México, Argentina y Brasil".
Fuentes-León asegura que si hay una buena historia, el dinero no importa, y una buena historia como Contracorriente, así como el amor sincero y sin prejuicios, puede conquistar cualquier tipo de fronteras, ya sean ideológicas o monetarias.