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Un tablero 'Monopoly' enseña la vida y la muerte dentro de un ghetto judío

El curioso juego se convirtió en el principal entretenimiento para los niños, separados de sus padres durante la Segunda Guerra Mundial
lun 08 noviembre 2010 08:21 PM

Micha y Dan Glass no son unos jugadores ordinarios de Monopoly.

En 1938, los dos hermanos jóvenes eran unos niños escolares felices, que vivían con sus padres en la ciudad checa de Brno.

Su madre era una fotógrafa, quien gustaba documentar la vida familiar en fotos y su padre, un ingeniero eléctrico que gustaba de esquiar con sus hijos.

La vida idílica de la familia Glass se desmoronó un año después, con la invasión de los nazis a Checoslovaquia.

"Antes de la guerra era una vida normal. Y luego vino la guerra y un mundo completamente distinto. No podías entenderlo. Todo cambió”, recuerda Dan.

Los padres de ambos fueron arrestados. Su padre fue enviado a un campo de trabajo forzado y su madre estuvo detenida y torturada durante seis meses.

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En 1942, los niños y su madre fueron trasladados a la ciudad de Theresienstadt, un área al noroeste de Checoslovaquia donde los nazis establecieron un gueto para los judíos de Bohemia y Moravia.

A la edad de ocho y diez años, la muerte se volvió íntimamente familiar para Micha y Dan. Arriba de 35 personas perecieron en Theresienstadt, mientras que otras 84 mil fueron enviadas a morir a los campos de concentración, más al este.

Enfermedad, hambre y condiciones infrahumanas de por medio, los prisioneros del campo hicieron todo lo que pudieron para mantener una imagen de normalidad.

Para uno de ellos, un artista llamado Oswal Poeck, eso significó diseñar y dibujar una versión improvisada del tablero de un juego popular. Una versión no oficial del Monopoly había nacido .

Hecha con cartón y pintada a mano, Ghetto Monopoly fue creado como un distractor para los miles de niños de Theresienstandt, y usado como una herramienta para enseñarle sobre la vida (y muerte) en el gueto.

Las propiedades en el juego no eran ciudades populares y lugares de interés, sino los edificios y lugares del mismo ghetto, todas con nombres de ciudades alemanas y una sombría reflexión de la realidad que enfrentan los prisioneros de un campo.

"Es muy extraño entender cómo la gente podía hacer juegos para niños en este lugar tan peculiar, en el gueto”, dijo Sima Shacher, una investigadora en Beit Theresienstadt, un centro dedicado a documentar la vida en Theresienstadt.

Una de las razones por las cuales los juegos fueron creados, señala Shacher, es porque los niños estaban separados de sus padres y los prisioneros adultos, viendo después por ellos, hicieron lo que pudieron para hacer la vida más tolerable.

Era una manera importante para ellos de mantener el sentido de humanidad y de propósito, en un ambiente infernal, aseguró Shacher.

Sus recuerdos de jugar el juego son claros, pero Micha Glass recuerda que escondió el tablero y sus piezas debajo de su cama; así no podría ser encontrado.

En 1945, las tropas soviéticas liberaron Theresienstadt y, milagrosamente, los Glass y su madre sobrevivieron. No fue hasta su liberación que se enteraron de la muerte de su padre en Auschwitz , y que la mayoría de sus familiares también habían muerto.

Eventualmente, la familia hizo camino a Israel para empezar una nueva vida, y con ellos se trajeron su Ghetto Monopoly. Con el paso de los años, los niños pudieron ocasionalmente jugar el juego y continuaron manteniéndolo en su adultez, para recordar lo que tuvieron que vivir.

Quince años atrás, los hermanos decidieron donar el juego al museo a la memoria del Holocausto Yad Vashem, donde se muestra de manera permanente. Las razones fueron simples, según Micha.

"Hay mucha, mucha gente que piensa que no hubo holocausto. Teníamos una familia muy feliz antes de la guerra y después de la guerra no había nada”, dijo.

Dan, el hermano más joven de Micha, dice que el paso del tiempo lo ha hecho reflexionar más sobre el pasado y la importancia de la memoria. El juego, dijo, es un símbolo importante.

"Es algo muy, muy único. Lo queremos mostrar al público, para mostrar que existe una cosa así, que había un Theresienstadt, había ahí niños, y hubo sobrevivientes.”

Para ambos hermanos, el juego trajo recuerdos difíciles y dolorosos, pero a través de ellos, están preparados para ver el lado positivo.

Los hermanos Glass tienen seis niños y 15 nietos. Esto, dicen, es lo que los ha hecho sobrevivir los horrores del holocausto.

“Lo que es bueno”, dijo Dan, apuntando a su hermano mayor, “es que sigo aquí con mi hermano y que tengo una grande y adorable familia. Es la cosa buena más importante, ésto es lo que tengo”.

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