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Restauran la finca de Ernest Hemingway en Cuba

Un grupo dirigido por la nieta del editor del famoso escritor Ernest Hemingway realiza esfuerzos por salvar la Finca Vigía
dom 13 febrero 2011 12:30 PM
HEMI
HEMINGWAY HEMI

Ernest Hemingway no ha vivido aquí desde hace más de 50 años, pero la Finca Vigía es aún su hogar.

En el jardín está su bote “El Pilar”, usado para cazar marlín y luego submarinos nazis frente a Cuba en la Segunda Guerra Mundial. Garabateados en la pared de un baño junto a una escalera se encuentran los registros diarios de lo que el escritor pesaba.

Lagartijas y sapos que capturó yacen en frascos con fomaldehído. Cabezas de antílopes y búfalo, tomadas como trofeos de sus safaris africanos, decoran las paredes. Las revistas Yellowing Time y The Field aún están en los estantes.

Ahora como museo, el visitante de la Finca Vigía puede llegare a pensar que Hemingway saldrá por la puerta en cualquier momento.

“Nuestra filosofía es recobrar el ambiente y los alrededores”, dijo Ada Rosa Alfonso Rosales, la curadora del museo. “Ésta no era sólo una casa, éste era su hogar”.

Hemingway vivió en la casa en lo alto de una colina en las afueras de La Habana de 1930 a 1960. Estos años fueron esenciales para el famoso escritor estadounidense y para su hogar adoptivo en Cuba.

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En 1953, Hemingway ganó el premio Pulitzer por su libre El viejo y el mar , acerca del duelo épico de un viejo pescador cubano contra un marlín. Seis años después, los revolucionarios dirigidos por Fidel Castro tomaron control de la isla, conduciendo a un eventual rompimiento de las relaciones con Estados Unidos.

Luchando contra la depresión, Hemingway se suicidó en Ketchum. Idaho, en 1961. Aunque la Finca Vigía recibe 40,000 visitantes al año, la casa casi cayó víctima del medio ambiente implacable.

“Este es un clima muy húmedo”, dijo Alfonso. “Estamos en la cima de una colina donde los vientos e incluso los huracanes azotan la casa”.

En 2005, el Fondo Nacional de Preservación Histórica llamó a la casa una “emergencia de preservación”, citando las fugas del techo y cimientos movedizos que ponían en peligro la casa.

Una de las personas que llegó al rescate de la casa fue Jenny Phillips, la nieta de Maxwell Perkins, el editor que impulsó por primera vez la publicación de la obra de Hemingway y que trabajó con el escritor durante el resto de su vida.

“Me di cuenta de que podía ayudar debido a mi conexión con Ernest Hwmingway a través de mi abuelo”, dijo Phillips. “Pudimos realizar una colaboración entre Estados Unidos y Cuba, que después de 50 años de embargo han tenido poca colaboración, y sin embargo existe este legado cultural compartido, profundamente apreciado por la gente cubana y por la gente estadounidense”.

Phillips comenzó la Fundación Finca Vigía, sorteando la burocracia de los dos países y las restricciones del embargo estadounidense, para atraer expertos en restauración al proyecto.

Uno de esos expertos era el ícono de la reparación de casas Bob Vila, que es también cubano-americano.

Vila dijo que ayudar a salvar la casa de Hemingway trasciende la política.

“Es el mejor puente cultural que podemos esperar entre la gente estadounidense y la gente cubana. Y enfatizo la gente, no estoy hablando de gobiernos”, dijo Vila a CNN. “La gente cubana y la gente estadounidense tienen una cálida relación que data de hace muchas décadas. Es un proyecto muy importante”.

En la renovación de 1 millón de dólares, el gobierno cubano restauró la casa principal de la propiedad. Los curadores estiman que se necesita otro millón de dólares para salvar la casa de invitados a punto de colapsar, reparar la agrietada alberca de Hemmingway y construir un taller para restaurar miles de documentos originales.

Hasta entonces, los restauradores están empacando cuidadosamente las cartas y escritos de Hemingway para protegerlos de mayores daños.

“Él reunió ideas y escribió acerca de ellas en los márgenes de los libros”, dijo Phillips. “Y la 'marginalia' no ha sido vista nunca por académicos fuera de Cuba”.

Eventualmente esos escritos serán digitalizados y exhibidos en la Biblioteca Presidencial John. F. Kennedy, en Boston Massachusetts.

No obstante, los escritos de Hemingway ya han resulto un misterio para Jenny Phillips.

“Lo que siempre noté es que ellos se llamaban 'Querido Sr. Perkins' y 'Querido Sr. Hemingway'”, dijo. “Luego un día comenzaron a llamarse 'Querido Max' y 'Querido Ernest'. ¿Cómo pasó eso?”.

Una carta desde Cuba, después del suicidio del padre de Hemingway en 1928, dio la respuesta.

Hemingway estaba extremadamente perturbado ”, dijo Philips. “Hay una posdata en esa carta: '¿Por amor de Dios, me dejarías de llamar señor, de todos modos?'

“Perkins era un poco mayor que Hemingway”, dijo su nieta Phillips. “y Hemingway se sentía seguro y alimentado por él, así que esto fue una profundización en su relación”.

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