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Kapuscinski era un romántico, dice su polémico biógrafo Artur Domoslawski

El biógrafo del periodista polaco habla en exclusiva sobre la polémica que ha causado la biografía de Ryszard Kapuscinski
mié 22 junio 2011 11:09 AM
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Artur Domoslawski Libros

Nota del editor: Anotaciones de una charla con el biógrafo de Ryszard Kapuscinski a su paso por Argentina en marzo de 2011. Artur Domoslawski habla en entrevista sobre la polémica biografía de su mentor, responde a las críticas por decir que el periodista polaco intensificaba la realidad y explica el vínculo del cronista con los servicios de inteligencia comunistas.

BUENOS AIRES, Argentina (CNNMéxico)— Artur Domoslawski pasó por Buenos Aires como un torbellino a principios de 2011. Habló con los medios más importantes del país. Y, celoso de sus declaraciones, y cansado de las polémicas que desde haces meses despertó con la publicación de Kapuscinski non fiction (un libro biográfico de su amigo), reclamó que el diario La Nación, le publicara la carta de desmentido que él envió al día siguiente de que apareció una entrevista donde, de acuerdo al autor, se dervituaban sus palabras.

En ese ánimo en Argentina, antes de irse del país y con cierta desconfianza hacia los periodistas, aceptó hablar con CNNMéxico en un restaurant de Palermo, un barrio tan internacional, 'fresa' y reciclado como La Condesa en Ciudad de México.

Habla muy bien castellano, porque —igual que su maestro Kapuscinski— viaja por Latinoamérica buscando otros mundos qué retratar. Latinoamérica, de hecho, fue la excusa que lo acercó al gran cronista polaco, uno de los periodistas más relevantes del siglo xx. Entonces, en 1998, Domoslawski era un incipiente reportero de política y Kapuscinski, autor de Ebano y La guerra del futbol, se sintió cautivado por un texto sobre Colombia que ese joven, hasta entonces con pocos pergaminos, había escrito.

“Vino a la redacción y hablamos, me invitó a su casa y así comenzó la relación entre nosotros, que se convirtió en una especie de amistad”, sentencia Domoslawski con su campera militar y sus gafas rojas.

Durante los siguientes nueve años, hasta la muerte de Kapuscinski en 2007, ambos periodistas se encontraron, compartieron tiempo y hasta publicaron 4 entrevistas juntos. Rápidamente Kapuscinski pasó de ídolo de piedra a un amigo con vocación paternal. Domoslawski registró esas conversaciones, tomó notas, investigó y cuatro años después presentó esta biografía de más de 600 páginas, que no tardó en generar controversias en Europa, América y, sobre todo, en Polonia.

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Son las 8 de la noche y se muere de hambre. Pide disculpas y unos spaghettis alla scarparo. Elige las palabras con minuciosidad para evitar nuevos equívocos y manchar sin querer la figura de su mentor.

En un artículo publicado en la revista en internet El puercoespín, usted sugiere que la verdadera patria de Kapuscinski era de alguna manera América Latina. ¿Por qué?

"(Asiente) Tenía la idea de que en Latinoamérica, Kapuscinski encontraba los personajes, las ideas y el tipo de pensamiento político y social ausentes en Polonia. Él era un hombre con convicciones de izquierda, progresista. Un hombre que quería contar desde la perspectiva de las sociedades, de los que no tenían voz: los pobres, excluidos y marginados.

"Cuando hablaba de grandes lo hacía porque fueron una expresión política de esas masas que antes no tenían voz. Personajes como el Che Guevara, Salvador Allende y Helder Camara eran personajes que lo fascinaban. Con ellos compartía el diagnóstico de la situación y el pensamiento de que había que cambiar la estructura de la sociedad. En la Polonia socialista, que él consideraba su país, su patria —no como otros que hoy son anticomunistas— después de un periodo de entusiasmo inicial en los primeros años, lo revolucionario se evaporó y lo que siguió fue el gobierno de las burocracias.

"Él buscaba este espíritu revolucionario en otros mundos y esos otros mundos eran Latinoamérica. Aquí encontró personajes que lo fascinaban. Sus héroes no eran bien vistos en la Polonia, porque no se llevaban bien con Moscú. Fidel Castro incluso, sobre quien no escribió demasiado aparte de unas pocas líneas".

—Era una visión un poco romántica…

"(Interrumpe) Es muy buena esa definición, porque Kapuscinski en literatura se vincula dentro de la tradición romántica, que era muy fuerte. Los poetas románticos a los que siguió fueron siempre los que organizaron levantamientos y rebeldías. Vio ese romanticismo en levantamientos en América latina. Era romántico. Es una definición para un titular….'Kapuscinski era un romántico'".

Domoslawski sugiere el título de esta nota, así, como no queriendo. Kapuscinski non fiction despertó pasiones y derramó tintas en las páginas de los diarios más importantes por tres controversias: el de su presunta colaboración con los servicios de inteligencia polacos, su intensificación de la realidad y su vida privada. Empecemos por el principio.

—Empecemos por su trabajo en la agencia de prensa polaca.

Fue el tema más candente en mi país . En aquel entonces Kapuscinksi empezaba a ser escritor, pero era periodista. El periodista en aquel sistema, en la agencia de prensa polaca, era periodista pero también una especie de funcionario. El concepto de periodista era el de un militante en el frente ideológico. Eso mismo no significa que Kapuscinski no haya hecho el trabajo de un periodista.

"Cuando era muy joven sí hacía algo más de propaganda, cosas menores. Luego, ya era obvia su ideología: los enemigos en los Estados Unidos y los movimientos progresistas a su lado. Es el rasgo político de la época. Si miras la prensa de Estados Unidos también se ve una tendencia política, es menor en la retórica, pero la construcción de la noticia es en función de los intereses del país. No es que eso lo distinga a él y al resto de los periodistas de detrás de la Cortina de hierro de los de Occidente".

—¿Cuál era su trabajo no estrictamente periodístico?

"Él escribía un boletín de la agencia de prensa y algunas noticias de análisis no se publicaban en la prensa sino entre funcionarios de diferente nivel. Circulaba en las ciudades pequeñas. Circulaba en las redacciones. Tenía en su momento hasta 5,000 ejemplares. En especial lo recibía la cúpula del partido. No eran textos de espía. A veces eran textos que no pasaban la censura. O información que un corresponsal como Kapuscinski no quiso o no pudo liberar.

"Cuando él estaba en Angola, en el 74, hay tres fuerzas: el partido Popular de Liberación de Angola y otros dos ejércitos guerrilleros, uno cercano a China y otro cercano a Occidente. En cierto momento aparecen los cubanos y Kapuscinski confiesa que tenía esa información que podía tener repercusión internacional. No podía publicarla. Ese tipo de información pasaba a este boletín entonces con una nota que decía 'no autorizado para publicación'".

—¿Siempre aceptaba los trabajos?

"En cierto momento de inteligencia internacional le piden una colaboración, que escribiera análisis. Lo que hay en ese sentido es un archivo con tres o cuatro textos. Tienen un estilo parecido al que usaba en las noticias para el boletín. No son muy distintos. Hay una o dos notas de Kapuscinski sobre dos personajes, pero no los lastimaba. Uno describía a un periodista extranjero que Kapuscinski pensaba que era un espía de la CIA. Otro, sobre una señora en Varsovia que no pensaba regresar y criticaba al régimen.

"Ocasionalmente hacía algo, pero decir que era espía, es una exageración. Yo en el libro me pregunto si Kapuscinski cruzó una frontera que un periodista no debería cruzar. Yo creo que sí la cruzó, pero muchos compatriotas dicen eso con un argumento anticomunista para desprestigiarlo. Lo inadecuado fue que un periodista no debe colaborar con ningún organismo de espionaje, porque si un periodista está bajo sospecha, todos los periodistas están bajo sospecha. Los periodistas son para informar y los espías para ayudar a los que hacen política.

—¿Alguna vez se opuso a colaborar?

"En el archivo de Kapuscinski del régimen se lee una historia en la que alguien de la embajada le pedía que escribiera una nota de análisis. 'Hazlo, lo prometiste', le dictaban. 'Estoy ocupado', respondía él. Era un trabajo decepcionante, son pocas hojas. La tarjeta (el archivo de la inteligencia socialista, que ahora se puede ver en el Archivo Nacional de la Memoria Polaca) de Kapuscinski tiene más o menos 100 hojas, pero más de 80 son producción de la gente de inteligencia: características de Kapuscinski. Lo suyo son 10 hojas, nada más".

—¿Por qué cree que hubo polémica en torno a si Kapuscinski intensificaba la realidad?

"Él tenía una teoría sobre los géneros literarios y algunos están de acuerdo. Él sostenía que era justificable usar ciertos recursos literarios para intensificar la realidad, para que se lea mejor y para que se entienda mejor  una realidad que no se conoce, sobre todo la de un país africano. A veces es algo muy subjetivo, como decir que tenía miedo. Uno no puede decir que advierta el  peligro. Pero hay otras cosas más discutibles. Como el caso de los fusilamientos. Él contaba sobre cuatro casos y finalmente en tres de esos, él estaba solo. Y en la otra ocasión, un periodista checo cuenta la historia de otra manera.

"Si hay un hecho, y nosotros dos estamos, cada uno va a escribir distinto: Pero si estás a punto de ser fusilado, lo recuerdas, porque estas por perder la vida. En el relato del periodista checo dice nada más que los detuvieron en un aeropuerto de lo que hoy es Burundi. Creo que Kapuscinski exageró. Su amigo más íntimo dice que cuando contaba estas historias entre amigos guiñaba el ojo. Eso no significa que no haya estado  en una situación de peligro, como cuando estuvo enfermo de malaria o de tuberculosis".

—Algunos no aceptan que se “intensifique la realidad”.

"Es un escritor y reportero que escribió más de 20 libros. Se sabe mucho qué hacía, dónde estaba. Entonces es una tontería suponer que inventara sus historias. Él hacía experimentos con géneros literarios. Su obra mayor, El emperador, ¿sobre qué es? Cuenta la historia de los cortesanos de Hairi Lasiri, pero para mí es un texto de literatura escrito en un lenguaje barroco y creo que un historiador puede buscar algo inadecuado, pero es un libro sobre mecanismos de poder y creo que no hay que considerarla como una obra de periodismo. Yo lo pongo en el estante de la literatura. No es el único escritor que era periodista y que usaba su experiencia para escribir ficción. Cayó en una trampa por esta idea de intensificar la realidad. En algunos pocos casos, él exageró".

—Su vida privada, sus relaciones extramatrimoniales, también causaron revuelo.

"Sólo en Polonia. Pero todo el mundo en Varsovia conocía su vida. El libro muestra un poco el fondo de esta memoria. Si mostraba la biografía de este reportero que estaba meses y años fuera de casa, debía mostrar el precio que uno paga teniendo una vida así y qué precio pagan a su alrededor. Pero es un libro de 600 páginas. No ponerlo, hubiera sido una pieza faltante del retrato".

—¿Qué situaciones pagó Kapuscinski?

"El precio que pagó fueron relaciones difíciles con sus familiares, con su mujer, con su hija. Es la historia de un corresponsal del siglo xx que está fuera de casa por mucho tiempo. Una amiga suya de su generación le decía que la gente de su edad, que de chicos habían sido niños sufridos por la guerra, tenían un enorme apetito por la vida".

—¿Cómo fueron sus encuentros con él?

"Fueron más o menos 100, durante nueve años. Había un abismo generacional entre nosotros, soy mucho más joven que su hija. Era una relación de cierta amistad, pero no fuimos amigos íntimos. Él era un periodista y escritor de fama internacional y yo era un reportero jovencito. Empezaba mi carrera de reportero internacional. Básicamente él me invitaba a su casa, me llamaba porque yo no quería molestarlo. Charlábamos sobre cómo trabajábamos, sobre libros actuales, textos importantes, rumores políticos, también sobre Latinoamérica. Hicimos cuatro entrevistas que publiqué, todas eran muy largas. Una fue cuando regresó de México. Comparaba América Latina de sus años de corresponsal con la de 2001. Charlábamos sobre la Guerra de Iraq, en la que Polonia participó. Y de cómo compartíamos el pensamiento político.

"Él era un personaje que tenía el talento de hacer que los que hablaban con él se sintieran valorados. Los hacía sentir bien con su compañía y consigo mismos. Era un gran oyente. Escuchaba al otro. Decían que siempre que cualquiera que terminaba una conversación con él se sentía mejor. Hacía que se sintieran bien y que hablaran y se abrieran".

—Hay una faceta poco conocida de Kapuscinski, la de poeta y autor de aforismos.

"Escribía poemas de amor o existenciales y aforismos . Yo no me siento cómodo para juzgar el valor estético, mi opinión no vale tanto. Algunos valoran mucho su creación, pero el sentimiento más común es que no era un gran poeta; no era malo, pero —aseguran— le falta la gota de grandeza que hace a la poesía inolvidable. Él era un gran poeta en su prosa. Sus metáforas son muy buenas.

"Hay una frase que para mí es de las más importantes —no de su obra— sino del mundo. 'Sólo perdurará el que creó su mundo'. Y Kapuscinski creó su mundo, su imaginario literario, sus libros que son un mundo excepcional. Es su mirada su destino, su metáfora política, su manera de guiar sus paisajes políticos".

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