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Un investigador estudia los misterios de la lápida de Jorge Luis Borges

En su obra <i>Siete guerreros nortumbrios</i>, un investigador analiza los mensajes inscritos en la lápida del escritor argentino
jue 11 agosto 2011 04:49 PM
Lápida de Borges
Lápida de Borges Lápida de Borges

Jorge Luis Borges era un apasionado de las lenguas, las leyendas y los símbolos antiguos, una afición que el escritor argentino, literalmente, se llevó a la tumba.

El investigador argentino Martín Hadis se dio a la tarea de estudiar los mensajes inscritos en la lápida del autor, ubicada en el cementerio de Plainpalais, en Ginebra, Suiza. Las conclusiones de ese análisis están en su libro Siete guerreros nortumbrios, recién publicado.

“Es un monumento con muchos niveles de significado. La selección de los elementos de la lápida, profundamente ligados a la historia personal de Borges y con un amplio valor referencial hacia sus fuentes y sus obras, cumple con creces el objetivo de recordarlo”, dijo Hadis.

La lápida fue esculpida por el argentino Eduardo Longato a partir de un diseño elaborado por la viuda del escritor, María Kodama. La mujer, a su vez, se inspiró en elementos que fueron significativos para Borges (1899-1986), autor de libros como El Aleph, Ficciones y Siete noches.

En la pieza aparece la imagen de siete guerreros, tomada de una lápida del siglo IX hallada en Inglaterra que conmemora un ataque vikingo a un monasterio en la isla de Lindisfarne —también conocida como Nortumbria— en 793.

Borges menciona a los siete guerreros en su obra Literaturas germánicas medievales (1966) y, casi 50 años después, Hadis decidió adoptarlos para dar nombre a su propia investigación.

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El anverso de la lápida también tiene grabado el nombre del escritor y una frase en inglés antiguo, extraída de un poema sajón sobre la Batalla de Maldon, que sucedió en Essex, Inglaterra, en 991. La traducción de la cita es “…y que no temieran”.

“El combate de Maldon a Borges le recordaba la íntima discordia entre sus dos linajes, el inglés, culto y erudito, por un lado, y el criollo y marcial, por otro. Y encontrar algo bélico y sajón al mismo tiempo fue como cerrar esa discordia”, dijo Hadis.

Borges —autor de ensayos, cuentos y poemas— comenzó a estudiar inglés antiguo después de quedarse ciego, en 1955. Ese año fue nombrado director de la Biblioteca Nacional argentina, donde dirigió a un grupo de alumnos en el análisis de esa lengua.

“Alguna vez pensé que mi destino de mero lector era pobre. Ahora, a los 70 años, he dado en sospechar que haber leído y releído la Balada de Maldon es quizá una experiencia no menos vívida y valiosa que la de haber batallado en Maldon”, dijo alguna vez Borges.

El anverso de la lápida, además, tiene una cruz celta que remite a la cruz de Gosforth, erigida en Inglaterra en el siglo X por descendientes de vikingos, mientras que en el reverso hay dos frases y un barco vikingo.

Una de las frases está escrita en escandinavo antiguo y dice: “Él toma la espada Gram y la coloca entre ellos desenvainada”, tomada de la Volsunga Saga, texto islandés de finales del siglo XIII que relata la historia del héroe germánico Sigurd. La otra frase es la dedicatoria De Ulrica a Javier Otárola, nombres de los personajes del cuento Ulrica y que secretamente utilizaban Borges y Kodama para llamarse entre sí.

“La lápida, desde el punto de vista estético y de significado, por su simpleza aparente y su complejidad secreta, por el vasto poder referencial de los símbolos y alusiones talladas en la roca, es un monumento realmente extraordinario, afín a muchos cuentos de Borges”, dijo Hadis.

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