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Reseña: 'Oblivion', una película demasiado ambiciosa que queda corta

El filme, protagonizado por Tom Cruise, muestra a una Tierra destruida y en condiciones hostiles, pero no ofrece sorpresas
vie 19 abril 2013 05:43 PM
oblivion tom cruise morgan freeman
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Nota del editor: Esta reseña puede contener detalles que revelen información sobre la película.

(CNN).- ¿Recuerdas cuando las películas planteaban la extinción inminente de la vida humana en el planeta como el peor de los casos; algo que podría y debería evitarse heroicamente, aunque sea en el último momento? Hoy en día, el fin de los tiempos es solo el principio: un escenario apocalíptico es algo que vamos a ver mucho este año, así que bien podríamos acostumbrarnos.

En la película brillante, derivativa, ambiciosa y fatalmente con poca potencia, Oblivion, Tom Cruise es el último hombre en la Tierra. Es Jack, un técnico (realmente es un mecánico), cuyo trabajo es arreglar drones descompuestos (pega el primero con goma de mascar). En otras palabras, es un poco como Wall-E y Andrea Riseborough es su Eva en los últimos días.

Viven en una casa para pájaros multimillonaria que está arriba de las nubes, y en un ambiente curiosamente chovinista, explora los cielos en un prototipo estelar de caza llamativo, mientras ella se sienta en una central telefónica interestelar y transmite las órdenes de la controladora de misión Sally (una irritablemente gangosa Melissa Leo) desde lo alto.

El resto de la raza humana se ha refugiado en una nave espacial gigante (parece una bocina flotante, algo que no estaría fuera de lugar en la portada de un álbum de rock progresivo de la década de 1980). El plan consiste en ir a Saturno tan pronto como hayan absorbido energía suficiente de los océanos de la Tierra para llenar de combustible la nave para el viaje.

Pero, ¿por qué? Bueno, debido a los invasores alienígenas que destruyeron la luna y destruyeron la biosfera, por eso. Mientras tanto Cruise entona con tristeza en el prólogo lúgubre de la película, ganamos la guerra, pero perdimos el planeta.

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Para eso están los drones: para eliminar a los últimos hostiles restantes, o carroñeros, que se han refugiado en la frontera de los páramos radioactivos que cubren la mayor parte del planeta.

Lo sé, eso es más que suficiente en cuanto a los antecedentes, pero hay mucho más por venir, incluso mientras Jack hace su rutina diaria, rastrea a los drones perdidos, vuelve a visitar lugares destacados en ruinas en Nueva York, Estados Unidos (la parte más alta del Empire State ahora esta en el nivel del suelo en un mar de polvo) y ocasionalmente se ausenta sin permiso para lidiar con los recuerdos fragmentados de una chica hermosa (Olga Kurylenko) y un mundo perdido que no tiene derecho de recordar.

La historia oficialmente se le acredita a un cómic no publicado del director de la película, Joseph Kosinski. Pero si viertes todas las películas memorables de ciencia ficción del siglo pasado en una licuadora, desde 2001: A Space Odyssey y la película original del Planeta de los simios pasando por Prometeo del año pasado, probablemente terminarías con algo muy similar e igualmente sintético, aunque posiblemente más emocionante.

Aunque nos sumerge en un escape en el futuro a menudo deslumbrante, la mayoría del tiempo a Krosinski (Tron Legacy) le falta la imaginación poética para animar este réquiem de un mundo moribundo.

Las comparaciones con Wall-E ciertamente no ponen en ventaja a esta película y no nos convence de que genuinamente le importe el destino de sus personajes y mucho menos del planeta. Las pocas escenas de acción de la película son competentes pero es poco probable que impresionen a cualquier gamer de combates que hay allá afuera.

Kosinski no hace algo sorprendente, una sorpresa real al final del juego que lance a la película en una curva, pero también socave una buena parte de la credibilidad por la que trabajó tan duro para construir la hora y media precedente. Como Prometeo, esta es otra de esas alegorías fervientes y espirituales sobredeterminadas que cae a pedazos en el espejo retrovisor.

Sin embargo, ciertamente es agradable verla.

El director de fotografía Claudio Miranda fue visto por última vez recogiendo un Premio de la Academia por su impresionante trabajo en Life of Pi y sus imágenes de una Tierra convertida a polvo son casi tan seductoras. Son suficientes para dejar a la película con un sentimiento de amplitud e incluso grandeza, pero no pueden reparar los problemas que están en su centro.

Oblivion es demasiado ambiciosa pero se queda corta.

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