Cibercafés

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Teresa Carreón Rodríguez

Hace algunos años, no muchos, nadie imaginaba que algo tan tradicional y aparentemente alejado de la tecnología como las cafeterías pudiera sufrir cambios tan dramáticos. Hoy, algunos de estos establecimientos sirven café y ofrecen, en vez de menú, directorios de lugares de todo el orbe. El platillo principal son las computadoras, mediante las cuales las personas pueden charlar con gente cercana o desconocida de otros países, recorrer la llamada "carretera de la información" o consultar una enciclopedia virtual para realizar sus trabajos escolares. Son los "cibercafés".

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Cuando alguien trabaja en sus casas u oficinas frente a una computadora, es frecuente que en plena concentración acostumbre tomar alguna bebida –café, té, refresco–, pero se dan casos en que la persona no come, no platica y de plano no sale de su habitación o cubículo. Para ellos, precisamente, se inventaron los cibercafés: la gente tiene su bebida a la mano, preparada y servida por los empleados; no estará solo, sino cerca de otras personas que, sin embargo, no lo interrumpirán debido a que también sólo se enfocan en un objetivo: viajar por el "ciberespacio" de Internet.

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En la ciudad de México existen alrededor de 10 cibercafeterías, calcula César Ordax, dueño de Ciberpuerto, especializado en estos menesteres. Las ventajas que ofrecen tales locales son considerables: cada cafetería cuenta con su propio "servidor", que permite "bajar" u obtener la información en tiempo real y hace que la comunicación vía Internet sea mucho más barata y rápida.

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¿Quiénes visitan estos lugares? Aquellos interesados en lo que está sucediendo en materia tecnológica, que quieren conocer sobre novedades de computación y encontrar otras formas de comunicarse con los demás. Yela, una joven panameña que reside en México, asegura que logra comunicase más rápido por el correo electrónico (e-mail) que por el teléfono. "Vengo muy seguido a estos lugares; prefiero pagar una mensualidad aquí y no las cuentas de mi teléfono para comunicarme con mis amigos y mi familia."

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"La gente se acerca a estos lugares porque, o bien no tiene computadora en su casa o bien -porque, si la tiene, de todos modos no puede pagar el servicio y equipo requeridos para tener Internet. Es más conveniente venir a estos lugares, pagar una cuota mensual y utilizar el servicio cuantas veces se quiera", dice Carlos, un estudiante universitario.

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Mauricio, otro usuario frecuente, opina que estos lugares son la salvación para quien no tiene computadora en su casa y sí mucha tarea. "Si me piden trabajos escolares de investigación, es sencillo hacerlos cuando se tiene Internet: se busca la información, se ordena en un programa de texto, imprimo y listo: la presento al otro día. Todo ello sin gastar más que $30 pesos".

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El costo de conexión a Internet es de alrededor de $25 ó $30 pesos por hora; éste se reduce después de la segunda y la tercera horas, cuyo precio disminuye a $15 y $20 pesos. En los cibercafés se manejan membresías desde 10 hasta 60 horas, y cuestan entre $150 y $400 pesos. Desde luego que es posible imprimir los textos, y hay servicio de -e-mail que tiene un costo de $20 ó $30 pesos al mes, más el tiempo de uso de la máquina. En algunos lugares, por supuesto, el café es gratis.

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Para algunos estas "terminales públicas de Internet" –como también se conoce a los -Internet-cafés– jugarán un papel activo en los próximos años, durante el llamado boom global de las redes de comunicación.

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Esta tendencia la encabezarán dos grupos de usuarios o de personas: la gente en viaje de negocios, quienes deberán tener la posibilidad de recibir correo electrónico y tener acceso a servicios de información a través de Internet (revistas, periódicos, bibliotecas), y todos aquellos que no pueden pagar la inversión en un equipo de computación actualizado, pero que no quieren prescindir de las cada día más numerosas ofertas de información.

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Según los expertos, hay sectores que podrían especialmente explotar estas terminales. La inversión puede ser de interés para diversos giros; en hotelería, como un servicio complementario en el vestíbulo o en la habitación del cliente; en los servicios de transporte –estaciones de tren, aeropuertos, en el Metro–, donde gran cantidad de personas agradecerían poder transmitir e-mails o revisarlos ahí mismo.

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El objetivo de los cibercafés es romper la idea de que Internet y sus servicios aíslan a las personas. En estos atípicos lugares es posible combinar lo imposible: la utilidad de los servicios de la red con las relaciones personales que se generan en un lugar de ocio público.

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