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Futbol, mujeres y TV

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Llegó el mundial señoras. Francia 98 tiene al mundo -enloquecido, todo se viste de fútbol, no se habla de otra cosa. Del 10 de junio -al 12 de julio –todavía falta una tercera parte–, los partidos, que suman -64 y representan 6,720 minutos, a razón de hora y media por encuentro más los -reglamentarios 15 minutos del medio tiempo, equivalen a 4.6 días con sus noches -frente a la televisión. Esas 112 horas, que no incluyen tiempos extra ni tiros -penales, se multiplican al infinito en función de los pronósticos sobre los -campeones, el llenado de quinielas, los programas especiales de televisión, los -suplementos en diarios y revistas, ediciones especializadas –hay hasta -enciclopedias–, apuestas y concursos, además, por supuesto, de los vaticinios -para la selección nacional. Todo esto imbuido, casi como regla, por una suerte -de euforia etílica tanto del cónyuge como de sus cuates, compadres o jefe y -subalternos.

- Después de una agenda tan apretada, el poco tiempo del -que disponga nuestro futbolista doméstico o no, ya que a veces lo pasa en la -cantina de la esquina o en la sala de juntas de la dirección, lo necesitará -para descansar. Según El País (26/5/98), “la energía que se invierte en una -hora de estrés equivale a la de cinco horas de trabajo”, así que después de -un día de oficina y tres horas de alta tensión futbolística ¡a dormir!, que -mañana espera una “dura” jornada. Aunque suene divertido, lo cierto es que -Francia 98 puede tener consecuencias más graves de lo que pensamos.

- Según Juan L. Álvarez Gayou, sexólogo y terapeuta del -Instituto Mexicano de Sexología (Imisex), el deporte televisado puede ser causa -de separación ¡y hasta de divorcio! “En la consulta sale a menudo el tema -del deporte del domingo –explica–. Son muchas las mujeres que se sienten -abandonadas por un partido de fútbol. El problema es, en realidad, que este se -convierte en un obstáculo para la comunicación de la pareja. En ese sentido, -el mundial puede ser un factor determinante que genere problemas y más -problemas. Aunque en el fondo –continúa–, el desinterés que demuestra un -hombre que se instala todo el día a ver la televisión sin hacer caso de su -pareja no es más que el síntoma de un problema mucho mayor.”

- Pero no hay que dramatizar: las mujeres a las que les -gusta el fútbol son más numerosas de lo que se cree. Están aquéllas que se -sientan junto a su marido y se avientan el partido sin ningún problema. Saben -de sobra quién es el portero del equipo contrario y se emocionan ante un gol -como ante su primer bebé. “Me gusta el mundial porque me permite estar más -cerca de mi esposo”, confiesa Cristina R., hincha de la selección mexicana. -Proliferan del mismo modo las que prefieren tomarse un mes de vacaciones para -verle las piernas a Ronaldo o a Maldini.

- Y así como hay fanáticas del fútbol, existen hombres -a los que simplemente no les interesa. Roberto –especie en vías de extinción– -temblaba ante la inminente llegada de Francia 98. “Estoy harto de que me -propongan quinielas mis cuates –afirma–; es como si el fútbol fuera algo -obligatorio para un hombre.”

- Y qué decir de París, la ciudad de los enamorados -relegada al rango de mega estadio. A las francesas no parece hacerles ninguna -gracia. Según un sondeo publicado recientemente, sólo 9% se siente concernida -por el tremendo espectáculo.

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- Lo que ocurre con el mundial es que se convierte en lo -único importante. Gayou lo tiene muy claro: “Se trata de un fenómeno -colectivo que influye hasta en la productividad de un país.” Si investiga -usted un poco, se dará cuenta de la cantidad de televisores que han irrumpido -en estos días en los lugares de trabajo.

- Siguiendo la línea de Gayou, Alain Eraly, sociólogo de -la Universidad Libre de Bruselas, habla de la histeria colectiva, una gran -emoción en la que el individuo tiende a identificarse con el otro. Durante un -partido de fútbol la individualidad cedería su lugar para dar paso a un -fenómeno de enajenación colectiva, una especie de borrachera psicológica que -nos llevaría a tener comportamientos que no se darían en otras circunstancias. -Como en un día de resaca, después de la emoción de un partido de fútbol, el -espectador ya “individuo” intenta recordar lo que sucedió el día anterior -y buscar explicaciones, muchas veces sin respuesta, que justifiquen sus actos.

- Sea como sea, lo menos que se puede decir es que el -fútbol mueve montañas. “Al hombre le diría que debe entender el fútbol -como una diversión, una forma de relax a la que tiene derecho, siempre y cuando -no tire por la borda a su esposa y a sus hijos; a la mujer, que busque -alternativas, espacios y tiempos para compartir con su pareja. De este modo, la -carga del mundial se hará mucho más llevadera para todos”, concluye Gayou.

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