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La calle de Orizaba

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Cuando nacía el siglo pasado, la Colonia Roma era el mejor sitio para vivir: estaba recién urbanizada y tenía las casas más bellas de la entonces pequeña ciudad de México. Cien años más tarde, las calles conservan su esplendor, quizás ahora mucho más entrañable. Por eso no es tanto que resurja como que renace por el amor que le tienen sus habitantes. Un poco París, un poco Buenos Aires, es un lugar para ser caminado.

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El Pasaje Parián, sobre la avenida Álvaro Obregón, se remodeló hace unos años y cambió sus establecimientos casi underground por un day spa, tiendas de ropa de playa, decoración y modernos cafés.

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La Bella Italia, en el número 111 de Orizaba, sirve helados artesanales con las recetas que la familia Chiandoni trajo del norte de  Italia. Cumplió 80 años preparando sus especialidades, como la nieve de coco. Algunos lugareños aprovechan los horarios de la clase de aerobics del gimnasio vecino para tomar su helado.

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La Plaza Luis Cabrera, que originalmente se bautizó Ajusco, tiene una enorme fuente con bancas alrededor, donde se pasan las horas conversando, como si el tiempo se hubiera detenido en la década de los 40.

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