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La semilla de la discordia

Monsanto se prepara para vender transgénicos en México. Una nueva ley lo favorece, pero hay mucha
mar 20 septiembre 2011 02:55 PM

En la actualidad, una multinacional de Missouri pretende dar el siguiente -salto en la historia en la propia cuna de esa gramínea fundamental. Con más de -50 años de presencia en México, Monsanto se prepara para la que podría ser -aquí su batalla decisiva. “Si en cinco años no se está sembrando maíz -genéticamente modificado, hay que replantear el negocio”, afirma Ernesto -Fajardo, director general de Monsanto LAN (Latinoamérica Norte). “Los -próximos años son importantísimos”, afirma, fundamentalmente porque México -aporta 80% de los $212 millones de dólares que vendió esta filial durante el -año pasado. (El resto fue contribución de los países de América Central, -Colombia y Venezuela.)

- Según estimaciones, en 2005 se consumirán unas 668 millones de toneladas de -maíz en todo el mundo. De ese volumen, gran parte provendrá de las más de 81 -millones de hectáreas sembradas con semillas u organismos genéticamente -modificados (OGM). Así se prevé el futuro para la industria, pero ¿también -en México?

- Después de años de debate legislativo, el 2 de mayo pasado se aprobó la -Ley de Bioseguridad y OGM, con la cual se abre el camino para este tipo de -cultivos, temidos por frentes como diversas organizaciones ecológicas, pues se -trata de cultivos manipulados genéticamente para hacerlos resistentes a la -sequía, a las plagas y a los agroquímicos.

- Para Monsanto LAN, esto implica contar con respaldo legal para potenciar la -venta de los dos productos OGM (algodón y soya), que ya puso a prueba en el -país. Pero el impacto de la legislación será más profundo: es el puntapié -imprescindible para detonar la producción de semillas de maíz BT (biotech).

- “La ley no es el final, pero es un buen comienzo”, afirma Fajardo. Para -este colombiano, el negocio se complicaba cada vez más sin un marco que -regulara y clarificara las condiciones para invertir y proteger la propiedad -intelectual.

- Antes de esta legislación, México era uno de los poquísimos países -resistentes a la biotecnología. Hasta Europa, el más acérrimo enemigo de los -transgénicos, acaba de aprobarle a Monsanto un segundo tipo maíz, aunque sólo -empleado en la industria de alimento para animales.

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- Pero aun con la ley de su lado, la multinacional sabe que, en la cuna del -maíz, eso sólo constituye parte de la solución. México aún forma parte de -la agenda inmediata junto a otros mercados que no poseen autorización, como -Paraguay, Uruguay, India, Sudáfrica, España, Filipinas e Indonesia. De un -negocio valuado, en el ámbito mundial, en $5,000 millones de dólares para este -año, la empresa de Missouri acapara 85% en promedio, según la consultora -británica Wood Mackenzie.

- Incrementar su negocio de biotecnología le permitiría a Monsanto -concentrarse en la producción de OGM que hoy apenas representa cerca de 1.5% de -sus ventas mexicanas. Así complementaría el 60% de los ingresos de su filial -latinoamericana que hoy le dejan las semillas híbridas (aquellas perfeccionadas -por cruzamiento de especies, pero sin modificar su ADN). Esto también le -permitiría separarse del negocio de los herbicidas, un rubro que le aporta 46% -de las ventas de la subsidiaria que dirige Fajardo, pero cerca de la tercera -parte de las transacciones mundiales.

- Con esta migración (de los agroquímicos a las semillas) la compañía -también pretende iniciar una ‘limpieza’ de su imagen en el mundo, todavía -asociada a la producción del Agente Naranja, un potente herbicida usado en los -años 60 por las fuerzas militares de EU para destruir el ecosistema de los -bosques húmedos de Vietnam.

- Recorrer las fronteras
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El desembarco de la biotecnología en México ya se puso en marcha. -Consolidar la plaza es crítico para las multinacionales del sector. ¿Por qué? -Hoy, 53% de las ventas de Monsanto LAN proviene de las semillas híbridas de -maíz y sorgo. “No vienen de Estados Unidos, son semillas convencionales -mejoradas por científicos mexicanos, que están entre los mejores del mundo”, -aclara Fajardo. Con la venta de este producto, que le aporta unos $112 mdd de -ingresos en el país, Monsanto lidera el mercado en la región, superando a las -transnacionales Pioneer Hi-Bred International (filial de DuPont) y Syngenta, y a -la mexicana Berentsen. Aun así, su gran apuesta es otra.

- Necesita mover la frontera del negocio de OGM que hoy apenas aporta 1.5% de -su facturación. “Podemos hacer mejoras en el maíz híbrido, pero no son ni -tan rápidas ni tan buenas (controladas) como las que podemos hacer en el -genéticamente modificado”, señala Fajardo. “Si presento un híbrido a la -gente de Dekalb (la marca que comercializa el producto) que vale $20 -dólares, me van a decir: “Suerte, pero lo voy a traer todo de EU”. El -futuro de la unidad que él controla está atado a la eficiencia que le aporta -la biotecnología, considerada como el rendimiento por hectárea y la -resistencia a aspectos negativos como las plagas. “El mejoramiento -convencional, ¿alcanza cuando ya el mundo se mueve con otros parámetros?”, -pregunta Fajardo.

- Por eso la gran expectativa puesta en la nueva Ley de Bioseguridad. A partir -de ella, los OGM de algodón y soya, que llevan seis años de pruebas -experimentales, entrarán en una etapa de venta más consistente. “Los -agricultores los conocen y han venido presionando al Congreso para adoptar la -tecnología, porque han visto la necesidad”, apunta Fajardo.

- Desde el segundo año de experimentación, productores de algodón, en -particular de Sonora y el sur de Tamaulipas (donde se encuentran los grandes -productores de cultivos), han sembrado semillas modificadas hasta el límite -permitido, 40% del área sembrada. Pero sus vecinos estadounidenses los -sobrepasan con mucho, pues siembran hasta 70%. Para poder competir, el gobierno -federal de México lanzó el programa algodonero de la Alianza para el Campo, -con el que apoyó explícitamente el uso de ese tipo de semilla. “El productor -de algodón es un agricultor empresarial que muy rápidamente está enterado de -las tecnologías rurales”, dice Fajardo. “Eso precipitó la demanda del -productor al gobierno para poder competir con los mercados estadounidense, -brasileño y argentino, que ya tenían esas tecnologías”.

- Monsanto espera ahora una evolución similar con su soya genéticamente -modificada, pues el cultivo de esa semilla aún es incipiente. La llamada soya -RR se convirtió ya en el ‘cultivo estrella’ de Argentina y está ayudando a -que esa economía salga a flote. El gobierno de Brasil, en cambio, acaba de -aprobar su cultivo por un periodo limitado a dos años, pues todavía hay -resistencias internas de los exportadores brasileños que venden en Europa y -Asia. Sin embargo, incluso con el apoyo oficial al algodón, el área total -sembrada en México con OGM fue de apenas 75,000 hectáreas en 2004. “La -diferencia como negocio está en el maíz”, reconoce el director de la -multinacional.

- Tras de sus potenciales ganancias también van sus colegas. Aprobada la ley -mexicana, Dupont, Pioneer, Dow y Syngenta pidieron autorización para iniciar la -fase experimental de maíz genéticamente modificado.

- El proceso, antes de poder llamarse negocio, podría durar unos tres años -más. La tarea es difícil porque, de todos los países donde operan estas -multinacionales, México es el mercado más complejo. El impacto social y -económico –para bien y para mal– que tendría la masificación de la -biotecnología no es menor en el territorio donde el maíz tuvo su origen. Aquí -aún se conservan 46 especies diferentes que, con esta irrupción, algunos creen -que estarían amenazadas; además, la mayoría de los 3.2 millones de -productores lo siembran en parcelas menores de cinco hectáreas.

- ¿Salvación o condena?
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No hay una sola respuesta a este debate en torno a los OGM. Sus promotores -aseguran que sólo con el aumento del rendimiento de las semillas y sus defensas -frente a diversos agentes nocivos, los agricultores podrían lograr -competitividad. En el otro extremo, sus detractores creen que sólo se creará -dependencia hacia el producto y obligará a los minifundistas a pagarles -regalías de por vida a las multinacionales.

- Actualmente, el cultivo de maíz ocupa 8.5 millones de hectáreas, la mitad -de la superficie sembrada en México. Para las multinacionales, el potencial de -negocios con OGM está en algo más de un millón de hectáreas. “Son las que -compiten, las tecnificadas, las que tienen la facilidad de riego”, explica -Ernesto Fajardo. La producción se concentra en Sinaloa, Jalisco, Chihuahua y la -región del Bajío, asiento de inmensos latifundios.

- Tanto en la producción a pequeña escala como en la industria existe -urgencia por adoptar la biotecnología. “Los productores quieren estar a la -vanguardia de las innovaciones tecnológicas para ser competitivos”, señaló -a la prensa el presidente de la Asociación de Agricultores de Río Fuerte, -Sinaloa, Ramón Osuna, cuando se sancionó la Ley de Bioseguridad. “Con los -OGM se resolverán muchos problemas del campo, como plagas, enfermedades, baja -productividad y mala calidad de los granos”, agregó. La Cámara Nacional del -Maíz Industrializado (CNMI) también apoyó “la investigación y el -desarrollo tecnológico para la obtención de nuevas variedades de maíz útiles -a México, todo ello por vía de la mejora genética directa y, en su caso, -transgénica”.

- Hasta aquí el planteamiento parecería ser inobjetable, sobre todo si se -tiene en cuenta que México importa anualmente seis millones de toneladas de -maíz, un volumen que podría disminuir si se ampliara su frontera agrícola con -la biotecnología. Sin embargo, hay algo que no se puede soslayar: 70% de los -productores utiliza semilla criolla. La guardan año con año y ello les permite -producir para consumo propio y para vender los excedentes.

- “Son unos tres millones de jefes de familia que garantizan su sustento con -el cultivo”, advierte el doctor Ernesto Moreno Martínez, de la Unidad de -Investigación en Granos y Semillas de la UNAM. Para el científico, la -difusión de los transgénicos “lastimaría a la familia rural” más -todavía que las semillas híbridas. Ello debido a la dependencia que esos -productos generan respecto de sus fabricantes. Los híbridos no se pueden -reutilizar porque cada temporada la semilla pierde su uniformidad genética y su -vigor híbrido, lo que redunda en la disminución de su rendimiento. Si los OGM -modificados contagiaran a las plantaciones vírgenes (como ya ocurrió en Oaxaca -cuando un campesino sembró un grano OGM por equivocación), la biotecnología -no tardaría en masificarse. Ello significa que, tarde o temprano, las -compañías exigirían el pago de patentes a quienes les comprobaran que están -cultivando OGM. Los productores de subsistencia no pueden enfrentar ese costo, -pero ¿lo asumirá el Estado?, ¿vigilará que no ponga en riesgo a estas -economías familiares?

- “Si nos dicen que no podemos sembrar en Chiapas o Oaxaca porque son centros -de origen, está bien… no vamos allí”, asegura el director de Monsanto. “Llevar -biotech a Chiapas no es tan crítico… Ese agricultor produce en -promedio una tonelada por hectárea, entonces no es que la tecnología no le -sirva sino que él no produce para vender”, asegura Fajardo, y pregunta: “¿Pero, -con los señores del Bajío, de Sinaloa, de Occidente, del norte de Tamaulipas, -que tienen infraestructura y quieren competir, qué va a pasar?”. Las -respuestas vuelven a ser complejas.

- Futuro de la industria
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El destino del campo mexicano se definirá en los próximos años. “Hace -quince años, los productores mexicanos lograban un rendimiento de 1,000 kilos -por hectárea. Gracias al mejoramiento de nuestras variedades criollas e -híbridos mexicanos llegamos a un promedio nacional mayor a las dos toneladas”, -explica Martínez, de la UNAM. Aun con la mayor productividad que les puedan -ofrecer los híbridos, los productores mexicanos de maíz comercial están lejos -de las más de 10 toneladas por hectárea que consiguen sus pares -estadounidenses mediante el empleo de biotecnología.

- “Pero el problema es más estructural”, advierte el investigador. “Hay -una gran brecha en tecnificación; además, ellos tienen grandes superficies -sembradas, nosotros (tenemos) pequeños fraccionamiento de suelos más -erosionados y un régimen de lluvias inestable”. Si a este panorama se suma el -hecho de que en 2008, en virtud de los compromisos asumidos en el TLCAN, el -gobierno de México deberá eliminar los subsidios, la situación de los -productores industriales se complica en la medida en que no incorporen -transgénicos para aumentar el rendimiento y lograr ser más competitivos.

- “Como en Estados Unidos la certidumbre jurídica es mayor, nos convendría -producir allá y exportar a México”, dice Fajardo. “Sin embargo, si -nosotros no somos capaces de mostrar en el país nuestra competitividad, -entonces algunos pocos tendrán la suerte de ir a trabajar a países que ya -adoptaron biotecnología, pero qué van a hacer nuestros agricultores”, -cuestiona.

- La brecha entre el mundo biotech y la agricultura convencional (basada -en técnicas tradicionales y con escaso uso de agroquímicos) crece a pasos -agigantados. Según el Servicio Internacional para la Adquisición de -Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA), 8.25 millones de agricultores en 17 -países ya emplean OGM que obtienen rendimientos superiores por hectárea de -hasta 400% respecto de los agricultores tradicionales, como son la mayoría de -los mexicanos.

- Los opositores a los OGM consideran que la salida es una revisión del TLC -mencionado para levantar barreras a la importación de los esos cultivos. “México -debería hacer como Japón, que en los tratados puso a resguardo el arroz”, -opina Martínez. Desde este enfoque, la defensa del maíz criollo frente a la -biotecnología no es sólo una cuestión de impacto social sino una forma de -proteger la enorme variedad de maíces que tiene México. A las transnacionales -no les interesa producir variedad sino un bien básico que ofrezca escala y -eficiencia.

- Lejos de lo que podría suponerse, la nueva Ley de Bioseguridad no garantiza -que de inmediato se pueda comercializar maíz modificado genéticamente. En -principio, la normativa habilita una etapa experimental en la que las -compañías ofrecerán pruebas para responder a las inquietudes y dudas que -plantee el uso de sus productos. A continuación se abrirá una etapa -semicomercial y, por último, una comercial. “En ese momento no habrá ningún -límite para la producción más allá del que nosotros definamos con el -gobierno, que es el conveniente para proteger la tecnología en términos de -resistencia a insectos”, explica Fajardo. “Si ciento por ciento se hace con -biotecnología, podría generarse una resistencia a las plagas”, agrega.

- Así planteada la agenda, la bisagra de Monsanto en México podría comenzar -a darse, de acuerdo con cálculos de la compañía, en cinco años. “Entonces, -el maíz modificado no va a estar en todo México, pero sí en los estados donde -hay que competir, y eso va a ser un contribuyente importante al negocio”. El -director de la multinacional explica que la decisión estratégica de la -compañía fue “postergar un poco las expectativas”. ¿La razón? “Quitar -la presión de tener que ir detrás de los reguladores para que aprueben las -diferentes etapas”.

- Fajardo confiesa que en el pasado la empresa realizó planes a cinco años -que fallaron, confiando en la introducción de la biotecnología en el país. -“Cuando el tema no se movió, tuvimos que salir a ser más agresivos en otras -líneas de negocios, como la convencional, que no era lo ideal”, dice. “Hoy -sabemos que en cinco años vamos a vender OGM , pero no nos imponemos números”.

- Aun así, el directivo de Monsanto confía en tres factores: “Hay una ley, -entonces algo tiene que pasar; vienen elecciones y el próximo gobierno tendrá -que cumplir con el TLC”, señala. Si México finalmente asume la -biotecnología, la multinacional convertirá a su sede nacional en el principal -centro de investigación para todos los países del trópico.

- En el presente, la empresa produce una derrama económica en el país de $300 -millones de dólares anuales. Si el proceso fracasa, replanteará el negocio; -esto implicaría que países como Argentina, Brasil o Filipinas podrían ganar -las inversiones.

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