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Retórica y política

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No hay política sin retórica. Lo importante es definir lo que es retórica. Normalmente, se califica de “retórico” al orador o al discurso muy florido, lleno de adjetivos o de citas. Pero la cosa no va por allá. Retórica es el arte del argumento probable. No hay política sin convicciones. Pero, en una sociedad plural, las convicciones son diversas y se expresan a través de los partidos que aglutinan a quienes comparten convicciones.

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Esto hace que la política sea un instrumento para acordar definiciones de rumbo colectivo entre diferentes que, de entrada, habrán de aceptar el argumento ajeno y emitir el propio como probables. La historia de nuestro siglo está llena de barbaries y de sangre porque alguien impuso como científico su argumento, o porque renunció al argumento en beneficio de la fuerza física.

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La política –y sobre todo la política democrática– exige, en consecuencia, la modestia de asumir el propio argumento político como probable. No erigirlo en “racional” o “científico”, porque entonces no habría por qué dialogar ni acordar y hasta existiría una suerte de “obligación moral” de imponerlo por la fuerza. Tampoco renunciar al argumento y buscar imponer la propia opción por la fuerza.

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Me parece que el PAN ha sido, en este sentido, el partido más retórico de México y, desde este punto de vista, el más democrático, pues ha renunciado a la actitud del “todo o nada”. Opino que, contrario sensu, tal vez por sus raíces de dogmatismo marxista o de autoritarismo priísta, el PRD ha venido a ser el menos retórico y, por tanto, el menos democrático de los partidos políticos mexicanos.

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