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David Martínez

Especialista en salvar empresas y gobiernos.

David Martínez Guzmán es un hombre discreto. A pesar de haber invertido miles de millones de dólares en empresas y países latinoamericanos en las últimas dos décadas, para muchos, este regiomontano de casi 56 años sigue siendo un desconocido.

Las inversiones de fondo Fintech Advisory se extienden desde Nueva York hasta la Patagonia. Con frecuencia se reúne con mandatarios, secretarios de Estado, banqueros y empresarios, pero pocos saber cómo es. En internet sólo circula una foto suya. De hecho, contrató a una empresa para ocultar sus registros de dominios.

Compró un dúplex en uno de los edificios más caros de Nueva York y se rumora que adquirió una pintura de Jackson Pollock en 140 millones de dólares (MDD). The New York Times y Bloomberg Markets escribieron sobre él, pero a ninguno le dio entrevista.

Por eso sorprendió cuando a fines de noviembre y en menos de 48 horas, concedió entrevistas a dos diarios de Buenos Aires para defender a Argentina en su batalla legal contra los llamados ‘fondos buitre'. En marzo, continuó su campaña con una columna en la edición del Financial Times en Estados Unidos.

"He participado en casi todas las reestructuras de deuda soberana de los últimos 25 años", escribió.

El negocio de comprar deuda de empresas y países en crisis le permitió a Martínez ganar miles de millones de dólares desde que fundó Fintech Advisory con un préstamo de su abuela en 1987. Siempre lo hizo en un silencio extremo.

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Pero a fines del año pasado, Martínez, el mexicano más misterioso e influyente de Wall Street, decidió alzar la voz.

Lo hace porque tiene que defender su negocio.

Cazador de oportunidades

Martínez se dedica a comprar deuda de empresas o países en suspensión de pagos desde hace por lo menos 26 años, cuando creó su fondo tras pasar por el área de Mercados Emergentes del banco estadounidense Citi.

Por lo general, el mexicano adquiere en el mercado secundario los títulos de deuda que bancos y fondos de ahorro compraron directamente de las empresas o países en problemas. Muchos terminan vendiendo sus bonos (o pagarés) ante la incertidumbre de no saber cuánto y cuándo cobrarán. Los entregan por un monto menor a su valor nominal.

Así, por ejemplo, Martínez termina comprando deuda con un valor nominal de 100 mdd en sólo 50 mdd. Incluso si cobra sólo 60 centavos por cada dólar, aún obtiene una ganancia de 10 mdd.

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"Sabe cuándo comprar deuda barata cuando se la ofrecen por centavos", dice José Gonzales, director de la consultora ECG Asset Management, que en algún momento negoció con el fondo del mexicano. "Sabe ver tendencias antes que nadie".

En la comunidad financiera hay quienes comparan a Martínez con Carlos Slim, por su habilidad para saber cuándo invertir en instituciones en crisis y cuándo vender.

En los últimos 11 años, el regiomontano compró bonos de deuda del conglomerado industrial Cydsa, de Tomás González Sada, y de Vitro, la vidriera de Adrián Sada González, cuando ambas enfrentaban problemas para pagar sus deudas.

En el caso de Vitro, la participación de Martínez aseguró la supervivencia de la empresa.

El inversionista ayudó a que Vitro siguiera operando en Estados Unidos, el segundo mercado más importante para la vidriera.

Durante casi dos años, los abogados de Vitro pelearon -sin éxito- para que la justicia estadounidense reconociera su concurso mercantil voluntario, que especificaba cuánto pagaría la firma y en qué tiempo. Sin la aprobación, habría tenido que pagar de golpe 729 mdd. Ésa era la deuda que reclamaba un grupo de acreedores inconformes liderados por los fondos Elliott Management y Aurelius Capital Management, de los más litigiosos del mundo.

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Cuando los abogados de la vidriera habían agotado casi todas las vías legales para lograr que se aprobara el concurso mercantil, Martínez intervino.

El inversionista -cuya tatarabuela paterna fue hermana del bisabuelo paterno de Adrián Sada- acordó comprar la deuda de Elliott, Aurelius y los demás acreedores. La condición: que cancelaran todas las demandas que tenían contra la vidriera.

A cambio, Martínez alcanzó un acuerdo para obtener un 20% de participación en Vitro y un bono de deuda por 235 MDD. (El acuerdo debe ser aprobado por los accionistas de la empresa y los reguladores.)

"La participación de Fintech fue crucial para que pudiéramos establecer las bases del acuerdo alcanzado", dijo Claudio del Valle, director general de Reestructura de Vitro, en un comunicado.

Cuatro años antes, Martínez jugó un papel clave para que la justicia mexicana aprobara el concurso mercantil de Vitro.

En diciembre de 2009, el regiomontano le compró a Vitro siete terrenos por 75 MDD. Pero -según el juez estadounidense Harlin Hale, que rechazó reconocer el concurso de la vidriera en Estados Unidos-, como en papel las propiedades pertenecían a las subsidiarias de Vitro, la transacción se contabilizó como deuda que la matriz le debía a sus filiales.

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Con esta operación, las subsidiarias se convirtieron en acreedoras de Vitro y, como tales, tenían derecho bajo la ley mexicana a votar a favor del plan de reestructura de la compañía. "A pesar de que los acreedores con 74.67% de los créditos reconocidos de deuda votaron a favor del plan, más del 50% de los votos fueron de subsidiarias de Vitro", escribió Hale en un dictamen legal.

"Es muy fácil crear una carga superior de deuda a través de triangulaciones de deuda", dice un miembro de una de las familias más ricas de Monterrey, quien conoce a Martínez desde hace años.

La segunda impresión

Guillermo Nielsen conoció a Martínez en Dubai en septiembre de 2003. El ex secretario de Finanzas de Argentina participó en la reunión anual de las juntas de gobierno del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Nielsen iba a Medio Oriente a tratar de limpiar la imagen de Argentina frente a la comunidad económica internacional. El país seguía siendo el paria de los mercados internacionales, ya que dos años antes había declarado la suspensión de pagos de deuda soberana más grande de la historia. Por eso, adelantó en Dubai detalles del plan de reestructura que el gobierno de Néstor Kirchner proponía para pagar parte de su deuda de 900,000 mdd.

"Argentina en ese momento pasó a ser el centro del mundo financiero", dice Nielsen. "Nunca había habido un default tan grande".

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Aunque Nielsen nunca había escuchado hablar de Martínez, dos empresarios argentinos le recomendaron reunirse con él. El regiomontano ya tenía fama de experto en reestructuras de deuda soberana.

El encuentro fue en el World Trade Center de Dubai, una torre blanca de 39 pisos que alberga centros de convenciones, departamentos, consulados y oficinas. Nielsen explicó a Martínez lo que el gobierno argentino pensaba hacer con su deuda soberana.

"No me impresionó como un tipo capaz de pensar las cosas en profundidad", recuerda el ex secretario. "No estuvo a la altura de las recomendaciones que me habían hecho".

Aun así, Nielsen volvió a reunirse con Martínez entre seis y 10 ocasiones más. Algunas veces en Nueva York y otras en Londres, donde el mexicano tiene oficinas y vive parte del año. Los encuentros ayudaron al mexicano a entender mejor la situación financiera y económica de Argentina.

Por su parte, el argentino quedó impresionado por el estilo de negociación de Martínez. Finalmente, entendió por qué le habían insistido en que se reuniera con él.

"Es un tipo brillante. Un gran seductor", dice Nielsen. "Su estilo de negociación es el de un tipo racional, con argumentos convincentes y objetivos".

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La relación entre Martínez y el gobierno de Kirchner se fue haciendo más fuerte. En 2006, el mexicano se reunió con el entonces presidente argentino.

El encuentro fue en el consulado argentino en Nueva York, que queda muy cerca de las oficinas de Fintech Advisory en la Quinta Avenida.

"Fue una charla muy formal", recuerda Alberto Fernández, jefe de Gabinete de Kirchner y uno de los cinco asistentes a la reunión. "Hablamos de las posibilidades de inversión en algunos negocios".

Víctor Bugge, fotógrafo de la presidencia argentina, estuvo en la reunión. Tomó la única foto de Martínez que circula en internet.

El inversionista regiomontano -de pelo oscuro y algunas canas, cejas pronunciadas, nariz redondeada y tez morena clara- aparece estrechando la mano de Kirchner. Al fondo de la imagen, los observa Jorge Brito, presidente del banco argentino Macro, quien organizó la reunión.

Bugge, Fernández y Brito confirmaron a Expansión que quien aparece en la fotografía es Martínez. (Expansión buscó en varias ocasiones al financiero para confirmar este y otros datos, pero todas las veces declinó dar declaraciones.)

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"Si no recuerdo mal, fue la primera vez que se juntaron Néstor y David Martínez", dice Fernández.

Cinco días después del encuentro, Martínez compró 40% de las acciones de Cablevisión, el sistema de televisión por cable de Grupo Clarín, la empresa de medios más importante de Argentina. Al año siguiente, invirtió en la empresa energética argentina Genneia. En 2011 asistió a la inauguración de un parque eólico de Genneia en Rawson, en la provincia de Chubut, en la Patagonia.

En un video de la inauguración -grabado por la presidencia argentina-, un hombre de traje gris, camisa azul cielo y corbata azul marino aplaude en la primera fila el discurso de Cristina Fernández de Kirchner, quien sucedió a su esposo como presidente de Argentina en 2007.

Carlos Serrano, gerente de Relaciones Institucionales de Genneia, y Nielsen confirmaron que ese hombre es Martínez, ahora con muchas más canas que cabellos oscuros y una barba y bigote ralos y tirando a grises.

No se conocen imágenes similares de Martínez en México, a pesar de la curiosidad que genera en círculos empresariales y financieros. Tampoco se sabe que haya tenido inversiones en empresas mexicanas de las que no fuera acreedor. Argentina parece ser el país donde diversificó su portafolio de inversiones y explora nuevos sectores de la economía.

Un enigma en wall street

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Martínez es un misterio en Wall Street tanto como lo es en México.

Aunque inversionistas y banqueros en Nueva York han escuchado de él, muy pocos lo conocen en persona. "No es muy sociable y tiene pocos amigos", dice un empresario que lo conoce desde que era un adolescente en Monterrey.

Al inversionista mexicano le gusta vivir en las sombras. Incluso registró todos los dominios en internet relacionados con su nombre a través de una empresa estadounidense que garantiza a sus clientes que sus datos no aparecerán en la red.

"Así le gusta trabajar", dice otro empresario regiomontano que pidió no ser citado. "No deja huella".

Eso hace casi imposible confirmar los rumores que circulan sobre el inversionista mexicano. Hasta la fecha no se sabe si compró la obra de Jackson Pollock -No. 5, 1948- por 140 mdd. El rumor surgió en 2006 y creció en 2012 con artículos periodísticos sobre la supuesta compra.

La pintura abstracta, que perteneció a David Geffen, productor musical y fundador del estudio cinematográfico Dreamworks, muestra manchas en una gama de colores cafés y amarillos que no presentan una figura definida.

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Abogados de Martínez desmintieron la compra en un comunicado, lo que curadores de arte en Nueva York interpretan como una confirmación. "Si alguien anuncia con tanto estruendo que no ha comprado un cuadro como el de Pollock, es porque sí lo compró", dice un experto neoyorquino en arte que vende obras a coleccionistas regiomontanos.

Lo que sí se sabe es que en 2003 el mexicano compró un dúplex en el Time Warner Center, una de las propiedades más exclusivas de Nueva York. El edificio de 55 pisos alberga un centro comercial, un hotel de cinco estrellas, las oficinas de 1,700 empleados de Time Warner, los estudios de televisión de CNN y una sala de concierto de jazz. La propiedad le  costó unos 42 mdd, según The New York Times.

Martínez contrató al famoso y excéntrico arquitecto Peter Marino para que renovara su dúplex, dice un fotógrafo neoyorquino que entró a su propiedad hace unos años.

Tres décadas antes, cuando dejó Monterrey por primera vez, el regiomontano exploraba su lado espiritual. A mediados de los 70, al terminar la preparatoria en el Instituto Irlandés, viajó a Roma. Durante seis meses estudió filosofía antigua, mundo medieval y ciencia moderna en la universidad católica Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, de los hoy controversiales Legionarios de Cristo.

Cuando regresó a Monterrey, Martínez se inscribió en la carrera de Ingeniería Electrónica en el Tecnológico de Monterrey. Poco tiempo después de graduarse, viajó a Boston para estudiar un MBA en Harvard. Al salir, consiguió trabajo en Citi.

En 1987, con 300,000 dólares que le prestó su abuela, fundó Fintech Advisory.

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Más allá de su parentesco lejano con los fundadores de Vitro, Martínez construyó su fortuna y se convirtió en uno de los regiomontanos más influyentes en el mundo sin ser parte de las familias más poderosas de Nuevo León.

Hoy, maneja desde sus oficinas en Londres y Nueva York inversiones por miles de millones de dólares en varios países. Pero todavía viaja todas las Navidades a Monterrey para estar con su madre, Juliana Guzmán Sepúlveda, y su hermana Beatriz Martínez Guzmán. En 1997, según datos del Registro Público de la Propiedad de Monterrey, compró un terreno de 874 metros cuadrados en el municipio de San Pedro Garza García, donde hoy está la casa de su madre.

A ritmo de tango

Martínez identificó a Argentina como un buen lugar para invertir años antes de conocer a Kirchner. En 1994, el mexicano compró directamente del gobierno argentino bonos de deuda con vencimientos a ocho y 37 años con un valor de 834 mdd.

Ese año, la economía argentina creció casi 6%, por encima de la brasileña y la chilena. Pocos imaginaban que siete años más tarde el país se declararía en suspensión de pagos. En 2005 -un año antes de que Martínez se reuniera con Kirchner en Nueva York-, el gobierno argentino presentó su plan de reestructura, cuyos detalles había adelantado Nielsen en Dubai.

Sin reservas internacionales y sin líneas de crédito, el gobierno de Kirchner propuso reanudar los pagos de su deuda. A cambio, sus acreedores -entre ellos, Martínez- acordaron recibir sólo 28 centavos por cada dólar que habían prestado al país.

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El regiomontano fue uno de los primeros en aceptar la propuesta del gobierno argentino. "Fintech fue uno de los grandes participantes del intercambio de 2005", escribió William Dahill, abogado del despacho estadounidense Wollmuth Maher & Deutsch que representa a Martínez, en un memorándum legal presentado en Nueva York. "Se dio cuenta que la única manera en que (Argentina) se recuperaría de su precaria situación económica sería a través de una reducción de sus pasivos, lo que le permitiría a la economía crecer y al país recuperar un nivel mínimo de solvencia crediticia".

Martínez intercambió el resto de sus bonos cinco años más tarde. Al final, la deuda nominal de sus bonos pasó de 834 a 247 mdd. Pero igual había sabido sacar provecho de la situación.

Entre 2004 y 2006, Martínez compró en el mercado secundario bonos argentinos con un valor nominal de 700 MDD, pero pagó 100 mdd, dice Daniel Marx, quien fue secretario de Finanzas de Argentina de 1999 a 2001.

"David Martínez vio la oportunidad de hacer un negocio interesante con los bonos argentinos que estaban ‘defaulteados'", dice Nielsen, el otro ex secretario de Finanzas. "Se dio cuenta que nosotros realmente íbamos a reestructurar la deuda. Que no íbamos a llevar a largas, sino que estábamos determinadas a hacer una quita y a reestructurar".

Para 2010, 93% de los acreedores que poseían bonos argentinos habían aceptado el plan de reestructura. Sin embargo, Elliott, Aurelius y otros -que demandaron al gobierno argentino en Estados Unidos para que les pagara el 100% de su deuda, 1,300 MDD- rehusaron intercambiar sus bonos. Elliott incluso convenció a un juez para que en octubre de 2012 las autoridades ghanesas retuvieran una fragata militar argentina por 78 días en el puerto de Tema.

"Argentina es el mejor ejemplo en el mundo de cómo un país no debe tratar a sus acreedores", escribió en marzo Mark Brodsky, presidente de Aurelius, en un artículo de opinión en el FT.

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La batalla legal entre Elliott, Aurelius y el gobierno de Cristina Fernández lleva 11 años, con ambos bandos alegando victorias parciales. "Yo creo que, a la larga, todo va a terminar en un canje", dice Eugenio Bruno, abogado del despacho argentino Estudio Garrido Abogados, que asesora legalmente a varios bancos y fondos de inversión que poseen en conjunto bonos de deuda por 10,000 MDD y que todavía no han aceptado el intercambio. "Pero tienes a dos litigantes muy agresivos que quieren cobrar el 100%".

Bruno prepara una propuesta de intercambio de bonos para los acreedores que asesora, con lo que estima que el porcentaje de aceptación del plan propuesto por el gobierno argentino llegará a 98 o 99%.

El diablo está en los detalles

Desafortunadamente para Argentina, no importa cuántos acreedores acepten su plan de reestructura.

En noviembre, el juez estadounidense Thomas Griesa ordenó al gobierno pagarle a todos sus acreedores, independientemente de si aceptaron o no reestructurar su deuda.

El fallo del juez se basa en una cláusula que Argentina incluyó en sus contratos de emisión de bonos en 1994, que garantiza que todos los acreedores serán tratados como iguales.

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Los bonos emitidos por el gobierno sólo podían reestructurarse si todos los acreedores estaban de acuerdo. "Basta con que uno no esté de acuerdo para que la negociación se caiga", dice el argentino Claudio Loser, quien de 1972 a 2002 representó al FMI en por lo menos 10 reestructuras en América Latina, incluida la argentina.

Los nuevos contratos de deuda soberana, en cambio, permiten que una mayoría calificada modifique las condiciones de la emisión. "Esto significa que ahora si el 73% de los acreedores acepta el plan de reestructura de un país, el 27% restante debe acatarlo", dice Loser.

Por ahora, Argentina está condenada a la vieja cláusula. Al pagarle sólo a los acreedores que aceptaron la reestructura -como Martínez-, el gobierno de Cristina Fernández viola su contrato de emisión de bonos, según interpreta el juez Griesa.

"El juez -dice Bruno, de Estudio Garrido Abogados- dijo (que) cada vez que Argentina le pague al 93%, le tenés que pagar a ese otro 7%".

En un intento por evitar que Argentina siga violando la cláusula, Griesa ordenó congelar los fondos que el gobierno argentino transfiere al Bank of New York Mellon, encargado de pagarle a los acreedores que aceptaron la reestructura. Si el fallo de Griesa se confirma, Argentina puede caer en default técnico, ya que no podría pagarle a sus acreedores a pesar de tener dinero suficiente.

"Es muy inusual esta orden", dice Loser. "Me sorprendió que el juez tomara esa decisión".

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Argentina apeló el fallo de Griesa y la decisión ahora recae en un subcomité de tres jueces de la Cámara de Apelaciones en Nueva York. Todavía no hay fecha para que anuncien su decisión.

"En mi opinión, ellos pueden tomar cualquiera de tres opciones", dice Loser. Una es obligar al gobierno argentino a pagar en una sola exhibición los 1,300 MDD que debe a los acreedores que no aceptaron su plan de reestructura. También podrían aceptar la propuesta de Argentina de pagarles lo mismo que a los demás acreedores: 28 centavos por cada dólar. O pueden buscar un punto medio, donde Argentina tendría que abonar los 1,300 MDD, pero en varios pagos.

La decisión de los jueces puede descarrilar el negocio de Martínez: las reestructuras de deudas soberanas en las que lleva 25 años ganando dinero.

Sin la certeza de un pago regular, los acreedores como Martínez no tendrían incentivos para comprar bonos de países en problemas y lograr un margen de ganancias cuando el deudor reestructura su deuda. Hay miles de millones de dólares en juego.

Por eso, Martínez rompió el silencio.

Con información de Gustavo Stok en Buenos Aires, Norberto Bogard en Nueva York, Lourdes Flores en Monterrey y Marco Núñez en la Ciudad de México.

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LA MANO DETRÁS DE…
A través de su fondo Fintech Advisory, David Martínez participó en las reestructuras de Argentina, de Cydsa y de Vitro.
Tomás González Sada. David Martínez compró 159 mdd de bonos de deuda del conglomerado industrial Cydsa. Adquirió las notas por un valor de entre 18 y 42 centavos de dólar.
Néstor Kirchner. Martínez aceptó intercambiar sus bonos de deuda de Argentina con valor de 834 mdd por unos nuevos de 247 mdd. Pero aprovechó la coyuntura para comprar otros 700 mdd de títulos de deuda en el mercado secundario por sólo 100 mdd.
Adrián Sada. También rescató a Vitro de los fondos estadounidenses Aurelius Capital Management y Elliott Capital. En total, desde diciembre de 2009, el regiomontano invirtió poco más de 1,000 mdd en la vidriera.

EL QUE NO ARRIESGA, NO GANA
Fondos de inversión como el de David Martínez se dedican a comprar bonos de deuda en descuento, que después cobran a mayor precio para obtener una ganancia.
1. Emisión de bonos
Entidades emiten bonos de deuda. Pero aquellas que atraviesan por un mal momento financiero deben pagar más rendimientos. Cemex, por ejemplo, todavía enfrenta una deuda importante tras su reestructura. Por eso sus bonos ofrecen rendimientos mayores a los de América Móvil.
2. Suspensión de pagos
Incluso después de emitir bonos, algunas empresas o países se quedan sin dinero para pagar sus deudas.
3. Venta de bonos
Los tenedores de bonos de estos países o empresas venden sus notas a descuento en el mercado secundario, por la incertidumbre de no saber cuándo y cuánto les pagarán.
4. Compra en ganga
Fondos como Elliott Capital, Aurelius Capital Management y Fintech Advisory, de Martínez, adquieren esos bonos en descuento.
5. Cobro de bonos
A diferencia de los ‘fondos buitre’, que demandan a los deudores para cobrar el 100% de la deuda. Martínez negocia para obtener la mayor ganancia posible sin quebrar a las empresas.
6. Intercambio por acciones
El regiomontano incluso acepta una reducción en el valor de sus bonos a cambio de una participación en las empresas.

FUTURO INCIERTO
El gobierno argentino lleva más de una década enfrascado en una batalla legal con algunos acreedores que se rehusaron a intercambiar sus bonos.
El 21 de noviembre, el juez estadounidense Thomas Griesa ordenó al gobierno argentino pagar 1,300 MDD a los acreedores que no aceptaron reestructurar sus bonos.
Argentina apeló el falló y la decisión ahora recae en un subcomité de tres jueces de la Cámara de Apelaciones de Nueva York. De avalar el fallo de Griesa, existen tres escenarios:
* Permitirle al país pagar lo mismo que acordó con los otros acreedores. Es decir, 28 centavos por dólar.
* Que el subcomité obligue al gobierno argentino a pagar de golpe los 1,300 MDD a los acreedores.
* El subcomité también podría diseñar una tercera vía. Por ejemplo, podría exigirle a Argentina que pague los 1,300 MDD, pero en varios plazos.
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