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Los archivos bancarios que Hacienda ocultó

Los problemas de la privatización bancaria podrían repetirse en la energética: Francisco Ibarra; el experto jurídico encontró en documentos reservados durante años la opacidad de aquel proceso.
Francisco Ibarra Palafox ganó una revisión y el IFAI le entregó más de 12,000 expedientes originales e inéditos del proceso de privatización bancaria. (Foto: iStock by Getty Images)
expedientes (Foto: iStock by Getty Images)

La privatización bancaria de 1990 en México fue un proceso opaco y deja una lección ante la apertura energética: la falta de experiencia del órgano privatizador, dice Francisco Ibarra Palafox, coordinador de doctorado del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

El 13 de agosto de 1990 las playas de Ixtapa, en la costa de Guerrero, fueron el escenario de la 6a Reunión Nacional de la Banca. Ese día los nuevos banqueros mexicanos escucharon las ‘atractivas’ condiciones que el gobierno les ofreció para absorber al  sector bancario y privatizarlo.

La realidad es que pocos ganaron. Gastón Luken Aguilar, quien encabezaba el Grupo OBSA, no olvida el 28 de octubre de 1991 cuando, enterado de que había hecho la oferta más atractiva para adquirir  Bancomer, recibió un revés por parte de las autoridades.

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El gobierno encabezado por Carlos Salinas de Gortari prefirió entregar el banco a VAMSA, de Eugenio Garza Lagüera. Luken después recibiría, de consolación, el muy endeudado Banco Serfin.

Francisco Ibarra Palafox, autor del libro 'La privatización bancaria en México', revisó documentos ocultados por Hacienda durante dos décadas.

Después de años de que la secretaría le dijera que eran inexistentes, ganó una revisión y el IFAI le entregó más de 12,000 expedientes originales e inéditos del proceso de privatización bancaria.

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Éstos, dice, no sólo revelan la opacidad de aquel proceso, sino que dejan lecciones que no se pueden ignorar frente a la privatización del sector energético y las licitaciones de la Ronda Uno.

¿Cuáles fueron los principales hallazgos de la documentación inédita que recibió?

Que se privatizaron bancos en condiciones de profundo endeudamiento a precios que excedían cuatro o cinco veces su valor, que no hubo transparencia en el proceso y que se entregaron los bancos a grupos sin experiencia ni capital para mantener las instituciones.

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A cambio de aceptar estas condiciones que en ningún otro país hubieran sido lícitas, el gobierno ofreció a los nuevos banqueros la desregulación total del sector.

¿Quién permite la venta de los bancos a un sobreprecio y cuál era la ganancia?

En términos internacionales, los bancos valen normalmente 1.0 o 1.5 veces su valor en libros. Esto significa que al venderse en casi cinco veces su valor en libros, los empresarios los compraron carísimos.

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Esto lo propició el gobierno con una clara intención de obtener recursos presupuestales. Por su parte, el sector empresarial aceptó estas condiciones inverosímiles a cambio de la desregulación del sector bancario.

Fue la peor decisión, los bancos no lo valían, pues tenían carteras inservibles. El Banco del Atlántico se vendió a Grupo GBM en 5.3 veces su valor en libros. El Banco del Centro, que obtuvo Multiva, se vendió en 4.65 veces.

Y los mismos Banamex y Bancomer, por su tamaño, fueron carísimos. Se vendieron en 2.6 y 3.0 veces su valor en libros. Además de que encontré que existió un empate entre Grupo OBSA y VAMSA en la licitación de Bancomer, que no reconoció Hacienda por intereses políticos.

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¿Cómo venden los bancos tan caros y con tanto endeudamiento?

Porque no les permitieron ver las carteras. Fue una venta a ciegas. Ésas fueron las reglas. 

¿Y cuando notan la situación de endeudamiento de los bancos no pudieron disolver la operación?

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No exactamente. No se podía disolver. Podían solicitar una devolución de lo que habían pagado. Después de la compra y adjudicación les dieron 60 días para revisar la cartera, y fue cuando notaron que no tenían salud financiera y que eran un problema.

Entonces regresaron con el gobierno y le pidieron la devolución de montos muy elevados.

¿Todos los bancos vendidos hicieron petición de devolución? ¿Ninguno tenía salud financiera?

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Casi todos. Banorte era el único sano. Y te puedo decir que Multibanco Mercantil  de México solicitó que le devolvieran 25%. Cremi solicitó 72%.

Banamex solicitó la devolución de 28.4% de lo que le pagaron. Sólo por el tamaño de Banamex, ese porcentaje equivalía a cinco bancos pequeños de los que había vendido el gobierno.

¿Lograron esta devolución?

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No, no obtuvieron respuesta. El gobierno en promedio devolvió sólo 3%.

Esto nunca lo hicieron público los banqueros. Guardaron silencio a cambio de la desregulación bancaria.

Y la desregulación que obtuvieron fue absoluta. Es decir, no había reglas sobre el tipo de créditos que daban ni a quién los daban. Se quitó el coeficiente de liquidez, que es una especie de reserva. Los bancos no tenían obligación de construir reservas.

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¿No hubo alguna recomendación por alguna instancia internacional?

No. Acababa de salir Basilea I, pero sólo regulaba a bancos europeos. No hubo ninguna observación ni del extranjero ni del órgano regulador mexicano, ni de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. La experiencia de regulación del gobierno mexicano se perdió durante la estatización.

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¿Cuál fue el resultado de la desregulación total?

El resultado fueron créditos cruzados, créditos entre las propias empresas de los grupos ganadores. Primero, créditos a ellos mismos. Después, pudieron comprar bancos con créditos de otros bancos. Luego, lo que vimos fue la quiebra de los bancos y el consecuente rescate con el Fobaproa.

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Las lecciones para la privatización energética

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¿Cuál es la lección que nos deja frente al proceso de privatización del sector energético?

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Hay algo muy importante que me preocupa: la falta de experiencia del órgano privatizador. El Comité de desincorporación Bancaria de los 90 se crea justo unos meses antes de iniciar la privatización, fue un comité que no tenía la experiencia necesaria, no sabía de privatización.

Hoy, el órgano de energía que está vinculado con la Comisión Nacional de Hidrocarburos es también de reciente creación.

Son órganos que tienen apenas unos meses, creo que cualquier órgano que organice licitaciones de esta magnitud cuando no se tiene la experiencia, necesita ir poco a poco.

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Esto lleva años, en especial porque la inversión en materia petrolera no prueba su efectividad sino tres o cinco años después.

¿Cuáles son los problemas que ve con alto riesgo de repetirse?

El más importante es que generemos grupos económicos autónomos en la regulación energética. El principal riesgo que corremos es que los ganadores conformen grupos de interés económico que se manejen con exacerbada independencia y autonomía de la regulación.

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De hecho, en el sector bancario esto pasa de alguna manera por la conformación oligopólica que tenemos y la falta de regulación más estricta en términos de comisiones o definición de tasas de interés.

Algo similar podría pasar en el plan energético, que tuviéramos empresas muy poderosas y órganos reguladores muy débiles. Ése es el primer riesgo. El segundo es que si no tenemos una política fiscal adecuada, no pagarán los impuestos que deben sobre lo que generen y no se logrará el objetivo fiscal.

 

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