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Nuestras Historias

Renave 2.0

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En los próximos meses iniciará un concurso de 350 MDD para integrar en autos mexicanos una etiqueta con un transmisor de radiofrecuencia para identificar a 15 millones de vehículos. Esta iniciativa RFID (la tecnología que sustituiría al código de barras) se maneja como la mejor solución para controlar los datos relativos al parque vehicular mexicano.

Con RFID todo producto se puede rastrear. Estas etiquetas tienen los datos de manufactura, procedencia, precio, caducidad, etc. Esto suena bien pero, ¿qué impacto tiene en los autos de México? Los problemas son varios. El primero, la confidencialidad de la información: cualquier persona con un lector RFID podrá saber el nombre del dueño, su dirección, datos personales o de la empresa que compró el vehículo. Hasta ahora no se sabe con detalle qué información tendrán almacenadas estas etiquetas y, por lo tanto, puede haber un hueco de seguridad.

Por otra parte, toda la información quedará almacenada en algún lado y esto demanda contar con seguridad en las bases de datos que la resguarden, que muchas veces es manipulada sin el debido cuidado. ¿Se imagina lo que el crimen organizado puede llegar a hacer con esta información? Lo peor es que como esto se puede hacer a varios metros de distancia, uno puede estar desprevenido ignorando que, en realidad, está siendo vulnerada su privacidad.

Esperemos que las autoridades tomen en cuenta estos puntos para evitar que el RFID sea sinónimo de peRFIDo.

Comentarios: moises@expansion.com.mx

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