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Los testigos del 11-S relatan sus historias para encontrar alivio

Cuando las personas cuentan cómo vivieron los atentados de 2001, se busca alivio y aceptación de la opinión pública, según los psicólogos
jue 08 septiembre 2011 12:59 PM

Nota del editor: Esta historia comenzó con una convocatoria de CNNiReport para conocer los testimonios de los testigos de los ataques terroristas a EU. 

(CNNMéxico) — La mañana del 11 de septiembre de 2001 , Shelley Ram-Saban, de 25 años, cumplía 10 días trabajando en el centro comercial Westfield, ubicado en la Torre Sur del WTC de Nueva York. Mientras desayunaba, escuchó una explosión, pero no le dio importancia hasta que vio caer papeles, y restos de metal y concreto por la ventana. Antes de que Shelley y sus compañeros pudieran procesar lo que sucedía, su jefe les ordenó evacuar el lugar.

“Mientras bajábamos las escaleras, mucha gente intentaba salir, pero no percibí histeria ni desesperación”, comenta Ram-Saban, quien pensó que en unas horas regresaría a su oficina.

Al salir, la joven sintió que estaban cayendo bombas, así que regresó a la Torre Sur, pero los policías la retiraron del lugar. Con una señora, a la que nunca volvió ver y cuyo nombre tampoco supo, Shelley caminó dos cuadras cuando escuchó el impacto del segundo avión en el edificio donde había estado minutos antes.

“Llegamos hasta la Avenida Central, cuando pudimos ver el hoyo en una de las Torres Gemelas. También vimos a la gente que se lanzaba, porque esa era la mejor opción para ellos. Hasta el día de hoy, no puedo imaginar lo que pudieron sentir”, relata Ram-Saban.

De ese momento existe una foto que dio la vuelta al mundo. Se le conoce como The Falling Man y fue tomada por Richard Drew de la agencia Associated Press.

VIDEO: "Nunca olvidaré el 11 de septiembre", testigo.

La tragedia desde México

A miles de kilómetros, Kleber Soriano en Guayaquil, Ecuador, y Gerardo Montejo en la Ciudad de México, miraban por la televisión cómo las Torres Gemelas caían. “Nos quedamos impávidos viendo todo lo que sucedía”, dijo Soriano. “Aún siento shock al recordar a la gente atrapada lanzándose del edificio”.

“Fue impresionante”, dice Montejo, quien trabajaba para una empresa de asistencia médica y técnica a extranjeros. “Ese día atendimos casos médicos de Chicago y ayudamos a los técnicos en México a enviar grúas hacia Estados Unidos”.

Como Shelley, Kleber y Gerardo, todas las personas que fueron testigos de los atentados ocurridos ese día en Nueva York, Virginia y Pennsylvania, tienen una historia que contar acerca de cómo vivieron aquel momento. 

“La situación impactó, causó miedo y por lo tanto empatía, porque en ese momento sintieron terror”, comenta la psicóloga Maité Sainz.

Cuando las personas se enfrentan a situaciones traumáticas, como la experiencia de ver los atentados del 11 de Septiembre, se genera una necesidad de contarlo, según Sainz. “Es una forma de procesar, reparar y entender lo que vieron. Usar la palabra pura para descargar emociones tiene un fin curativo”.

CNNiReport lanzó la convocatoria para que las personas contaran su versión de los atentados, y la respuesta de los participantes fue positiva. No se recibieron cientos de testimonios, pero las historias que se subieron a esta plataforma fueron profundas y con una gran carga emocional.

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En el caso de las sociedades latinoamericanas influye otro factor. “Les impresionó ver a un país poderoso e idealizado —Estados Unidos—, como centro de un ataque terrorista”, dice Sainz. En México intervino una situación particular. Por la cercanía “lo sentimos propio aunque no nos tocó”, dijo a CNNMéxico el psicólogo social Ricardo Trujillo.

La "fascinación" del espectador

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Pero cuando las personas cuentan qué ocurría a su alrededor mientras las Torres Gemelas se derrumbaban, además de empatía, también se esconde cierta fascinación por la historia.

Sainz dice que la gente busca identificarse con otros que hayan vivido experiencias similares. Cuando se logra esa identificación, se comparten los sentimientos que vivieron aquel día y por lo tanto se genera una satisfacción. “Hay alivio al saber que otras personas estaban en la misma situación. Es sano compartir la angustia y procesarla”, puntualiza.

La mayoría de las historias alrededor de lo que se hacía el 11 de septiembre giran en torno a la televisión. Trujillo considera que las personas que se enteraban de los hechos en Nueva York a través de este medio, incluyendo a los televidentes de Estados Unidos, no sentían verdadera angustia.

“Lo vivimos a través de la televisión, fue como una forma de entretenimiento. Cuando hay una verdadera angustia se reacciona diferente, se cambia de canal y ya. Quien lo sintió, no lo cuenta fácilmente. Los demás buscan representación ante la opinión pública”, concluye.

Shelley tuvo la oportunidad de vivir las dos experiencias. Como sobreviviente de los atentados, caminó varias cuadras hasta llegar a casa de una amiga. Entre lágrimas y como espectadora, vio por la televisión el derrumbe de las Torres Gemelas. Su vida cambió. “Aprendí a disfrutar las cosas grandes de la vida y a no perder mi tiempo en los pequeños detalles”, dice.

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